Caitlin Johnstone: El aterrador aumento del silencio mediático sobre las noticias incómodas

Investig’action · 12 de julio de 2021

Dos organismos de supervisión de los medios de comunicación, Media Lens y Fairness & Accuracy In Reporting (FAIR), han publicado artículos acerca del silencio total en los grandes medios sobre la revelación del periódico islandés Stundin de que una acusación sustitutiva de EE.UU. en el caso contra Julian Assange se basó en el falso testimonio de Sigurdur Thordarson, un sociópata diagnosticado y pederasta convicto.

Alan MacLeod, de FAIR, escribe que “hasta el viernes 2 de julio, no ha habido literalmente ninguna cobertura en los medios corporativos; ni una palabra en el New York Times, Washington Post, CNN, NBC News, Fox News o NPR”.

“Una búsqueda en línea de ‘Assange’ o ‘Thordarson’ no dará lugar a ningún artículo relevante de fuentes del establishment, ya sea en Estados Unidos o en otros lugares de la Anglosfera, incluso en plataformas centradas en la tecnología como The Verge, Wired o Gizmodo”, añade MacLeod.

“No hemos encontrado ni un solo informe de ninguna cadena o periódico ‘serio’ del Reino Unido”, dice el informe de Media Lens. “Pero en un mundo cuerdo, las revelaciones de Stundin sobre un testigo clave de Assange –que Thordarson mintió a cambio de inmunidad judicial– habrían sido noticia en todas partes, con una amplia cobertura mediática en BBC News, ITV News, Channel 4 News, historias de primera plana en el Times, Telegraph, The Guardian y similares.”

“Para aquellos que todavía creen que los medios de comunicación proporcionan noticias, por favor, lean esto”, tuiteó el periodista australiano John Pilger en relación con el informe de Media Lens. “Habiendo liderado la persecución de Julian Assange, la ‘prensa libre’ guarda un silencio uniforme ante la sensacional noticia de que el caso contra Assange se ha derrumbado. Una vergüenza para mis colegas periodistas.”

Como ya comentamos el otro día, este extraño y espeluznante apagón mediático tiene paralelismos con otro apagón total sobre una noticia importante que también implicaba a WikiLeaks. A finales de 2019, el portal fundado por Assange publicaba múltiples documentos de denunciantes de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) que revelaban que la dirección de la organización manipuló activamente la investigación sobre un supuesto ataque con gas cloro en Douma, Siria, en 2018, para apoyar la narrativa del gobierno estadounidense sobre la acusación, y sin embargo los medios de comunicación no quisieron abordarlo. Un reportero de Newsweek renunció a su cargo durante este escandaloso apagón y publicó los correos electrónicos de sus editores que le prohibían cubrir la historia con el argumento de que ningún otro medio importante había informado sobre ella.

No se equivoquen, esto es ciertamente un fenómeno nuevo. Si no me creen, contrasten el bloqueo de estas historias con la cobertura de los medios de comunicación de masas sobre las revelaciones de WikiLeaks unos pocos años antes. La prensa se entusiasmó con las publicaciones de 2016 de los correos electrónicos del Partido Demócrata y colaboró activamente con WikiLeaks en la publicación de las filtraciones de Chelsea Manning en 2010. Incluso las filtraciones más recientes de  Vault 7, publicadas en 2017, recibieron una gran cobertura mediática.

Sin embargo, ahora todas las historias relacionadas con WikiLeaks que resultan incómodas para el imperio centralizado de Estados Unidos se mantienen cuidadosamente fuera de la atención de los medios de comunicación, con una uniformidad y consistencia sorprendentes que nunca antes habíamos experimentado. Si el entorno mediático de hoy hubiera existido diez o quince años antes, es posible que la mayoría de la gente ni siquiera supiera quién es Assange, y mucho menos la importante información sobre los poderosos que WikiLeaks ha sacado a la luz.

También hemos percibido un fuerte olor de esta nueva tendencia en el bloqueo casi total de la sorpresa de octubre pasado de Hunter Biden, que sólo se convirtió en primicia porque beneficiaba a una de las dos facciones políticas principales de Estados Unidos. Después de que el New York Post diera a conocer la historia, vimos a las figuras de los principales medios de comunicación explicarse públicamente entre sí, sobre el por qué estaba bien no cubrirla, con razonamientos muy variados, desde que es una pérdida de tiempo, pasando porque es demasiado complicado y que no es nuestro trabajo investigar estas cosas, hasta el famoso “Debemos tratar las filtraciones de Hunter Biden como si fueran una operación de inteligencia extranjera, aunque probablemente no lo sean” del Washington Post.

Quien se atrevió a publicar las filtraciones en cualquier lugar cerca de una cámara de eco liberal dominante fue golpeado hasta la sumisión por el rebaño, y sin ninguna razón legítima fue tratado como una completa nimiedad, en el mejor de los casos, y como una siniestra operación rusa, en el peor. Y es entonces cuando, en abril de este año, Hunter Biden reconoció que, después de todo, las filtraciones podrían haber salido de su ordenador portátil y no de alguna operación psicológica del GRU [Inteligencia Militar Rusa].

Y creo que todo ese calvario nos da algunas respuestas a esta nueva e inquietante dinámica de supresión total de noticias importantes. El año pasado, Stephen L. Miller, de The Spectator, describió cómo se formó el consenso entre la prensa dominante desde la derrota de Clinton en 2016, de que es su deber moral no criticar al oponente de Trump y suprimir cualquier noticia que pueda beneficiarlo.

“Durante casi cuatro años, los periodistas han avergonzado a sus colegas y a sí mismos por lo que llamaré el dilema de ‘pero sus correos electrónicos’”, escribe Miller. “Aquellos que informaron diligentemente sobre la inoportuna investigación federal acerca del servidor privado de Hillary Clinton y el vertido de información clasificada, han sido expulsados y apartados de la mesa de los chicos simpáticos del periodismo. Centrarse tanto en lo que, en su momento, fue un escándalo considerable, ha sido tachado por muchos medios de comunicación como un error garrafal. Creen que sus amigos y colegas ayudaron a poner a Trump en la Casa Blanca al centrarse en un escándalo de Clinton que no era de gran magnitud, cuando deberían haber destacado las debilidades de Trump. Es un error que ningún periodista quiere repetir”.

Una vez que se ha aceptado que los periodistas tienen no solo el derecho sino el deber de suprimir noticias que son veraces y de interés periodístico, con el fin de proteger una agenda política, se está en aguas abiertas en términos de manipulación propagandística flagrante. Y vimos cómo la prensa dominante fue empujada a alinearse con esta doctrina a raíz de las elecciones de 2016.

Este empujón nunca fue la historia más importante del día, pero fue constante, contundente y extremadamente dominante en las conversaciones que los periodistas de grandes medios tenían entre sí, tanto en público como en privado, a raíz de las elecciones de 2016. Incluso antes de que se emitieran los votos, vimos a gente como Matt Yglesias, de Vox, y Scott Rosenberg, editor de Axios, avergonzar a los periodistas de los medios masivos por centrarse en el escándalo de los correos electrónicos de Hillary Clinton, y después de que se desatara la histeria de Trump, esto se tornó mucho más agresivo.

En 2017 vimos cosas como que Jennifer Palmieri, muy cercana a Clinton, se lamentaba melodramáticamente por la fijación de los medios con las publicaciones de WikiLeaks, a pesar de los intentos desesperados de la campaña de Clinton por advertirles que se trataba de una operación rusa (una afirmación que al día de hoy sigue sin tener ninguna prueba). Expertos liberales como Joy Reid, Eric Boehlert y Peter Daou (antes de su conversión a la izquierda) estaban constantemente intimidando a la prensa en Twitter por cubrir las filtraciones.

Esto se intensificó aún más cuando periodistas de los grandes medios, como Amy Chozick del New York Times, y Jeffrey Toobin de CNN, dieron un paso adelante con degradantes mea culpas sobre lo mucho que lamentan haber permitido que el gobierno ruso los utilizara como peones involuntarios para elegir a Donald Trump con su información sobre hechos de interés noticioso basados en documentos completamente auténticos. Fue como un cruce entre la escena de confesión/ejecución de Rebelión en la Granja y la escena de expiación de Juego de Tronos.

Poco a poco, la creencia de que la prensa tiene la obligación moral de suprimir las historias de interés periodístico si existe la posibilidad de que puedan beneficiar a partes indeseables, tanto extranjeras como nacionales, se convirtió en la ortodoxia predominante en los círculos informativos de la corriente dominante. A mediados de 2018 presenciamos hechos como el de la reportera de la BBC Annita McVeigh regañando a un invitado por expresar su escepticismo sobre la culpabilidad del presidente sirio Bashar al-Assad en el incidente de Douma, con el argumento de que “estamos en una guerra de información con Rusia.” Ahora se da por sentado que la gestión de las narrativas es parte del trabajo.

https://youtube.com/watch?v=foj29LIXpy4%3Ffeature%3Doembed

De nuevo, este es un fenómeno reciente. Los medios de comunicación convencionales siempre han sido empresas de propaganda, pero se han basado en giros, distorsiones, medias verdades, coberturas desiguales y afirmaciones del gobierno repetidas acríticamente; no había estas barreras de información completas en todos los medios. Se veía que daban a las historias importantes una cobertura inadecuada, y algunos medios individuales omitían las historias inconvenientes. Pero siempre ocurría que alguien se lanzaba para aprovechar la oportunidad de ser el primero en informar, aunque sólo fuera por las audiencias y los beneficios.

Ahora las cosas no funcionan así. Una historia importante puede salir a la luz y sólo ser cubierta por medios de los que los partidarios de la corriente dominante se burlarán y descartarán, como RT o Zero Hedge.

La forma en que los medios han comenzado a ignorar las noticias importantes que son incómodas para los poderosos, no sólo en algunos sino en todos los principales medios de comunicación, es extremadamente preocupante. Significa que cada vez que hay una revelación inconveniente, las empresas de noticias dominantes simplemente fingen que no existe.

Pensemos seriamente en lo que esto representa, por un momento. Esto significa que los denunciantes y los periodistas de investigación saben que, independientemente de lo mucho que trabajen o del peligro que corran para hacer pública una información crítica, el público nunca se enterará, porque todos los principales medios de comunicación estarán unidos para bloquearla.

¿Queremos hablar de una amenaza a la prensa? Olvidémonos de encarcelar a los periodistas y a los denunciantes, ¿qué tal si todos los medios de comunicación con alguna influencia real se unen para simplemente negar la cobertura a cualquier información importante que salga a la luz? Esto es una amenaza para lo que la prensa es en esencia. Más que una amenaza. Es el fin. El fin de la posibilidad de que cualquier tipo de periodismo tenga algún impacto significativo.

El periodista que trabajó en el informe Stundin dice que pasó meses trabajando en esta historia, y seguramente habría esperado que sus revelaciones recibieran alguna cobertura en el resto de la prensa occidental. Los denunciantes de la OPAQ seguramente habrían esperado que sus revelaciones recibieran la suficiente atención como para marcar la diferencia, de lo contrario no habrían filtrado esos documentos con gran riesgo para ellos mismos. Lo que se está comunicando a los denunciantes y a los periodistas con estos silencios mediáticos, es que no se molesten. No habrá ninguna diferencia, porque nadie verá nunca lo que revelan.

Y si eso es cierto, bueno. Que Dios nos ayude a todos, supongo.



Ilustración: Eric Drooker

Traducido del inglés por América Rodríguez y Edgar Rodríguez para Investig’Action

Fuente: Blog de Caitlin Johnstone

EE.UU. obtiene un permiso limitado para apelar la decisión de la corte sobre el rechazo de extradición de Assange

RT · 7 de julio de 2021

Image

Washington podría impugnar el fallo judicial del Reino Unido que bloqueó en enero la solicitud de extradición a EE.UU. del cofundador de WikiLeaks, Julian Assange.

Según ha informado WikiLeaks en su cuenta de Twitter, el Gobierno estadounidense ha obtenido un «permiso limitado» para apelar la decisión de la corte.

El tuit también cita a la prometida de Assange, Stella Moris, que ha asegurado que «las nuevas revelaciones sobre el testigo principal del Departamento de Justicia confirman lo que todos sabíamos: que el caso contra Julian se ha basado en mentiras».

Un testigo clave del proceso confiesa que mintió

A finales de junio, un testigo clave en el proceso del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Julian Assange, Sigurdur Ingi Thordarson, confesó en una entrevista concedida al periódico islandés Stundin que mintió en sus declaraciones utilizadas por las autoridades norteamericanas para armar el caso contra el fundador de WikiLeaks.

Sigurdur Ingi Thordarson era un voluntario de WikiLeaks convertido en el primer informante conocido del FBI dentro de la organización a cambio de unos 5.000 dólares e inmunidad de la persecución judicial. Ahora, Thordarson ha admitido que su afirmación previa de que Assange le pidió que ‘hackeara’ los ordenadores de los parlamentarios para acceder a las grabaciones de sus conversaciones telefónicas privadas es falsa y que nunca lo solicitó.

El hombre ha explicado que, en realidad, recibió unos archivos de terceros que le dijeron que habían grabado a los parlamentarios y propuso compartirlos con Assange sin comprobar su contenido.

Craig Murray: El montaje del FBI contra Assange se desmorona

L’hora · 4 de julio de 2021

En el último día de la audiencia de extradición de Assange, la magistrada Vanessa Baraitser se negó a aceptar una declaración jurada del abogado de Assange, Gareth Peirce, alegando que estaba fuera de plazo. La declaración jurada explicaba que la defensa no había podido responder a las nuevas acusaciones contenidas en la segunda acusación sustitutiva del gobierno de Estados Unidos, porque estos asuntos totalmente nuevos se le habían presentado sólo seis semanas antes de que se reanudara la audiencia el 8 de septiembre de 2020.

La defensa no sólo tuvo que reunir pruebas en Islandia, sino que prácticamente no tuvo acceso a Assange para recoger sus pruebas e instrucciones, ya que estaba efectivamente en régimen de aislamiento en Belmarsh. La defensa había solicitado un aplazamiento para tener tiempo de abordar las nuevas acusaciones, pero este aplazamiento fue rechazado por Baraitser.

Ahora se negaba a aceptar la declaración jurada de Gareth Peirce que exponía estos hechos.

Lo que había sucedido era lo siguiente. Las audiencias sobre la extradición de Assange en enero de 2020 no parecían ir bien para el gobierno estadounidense. Los argumentos de que la extradición política está específicamente prohibida por el tratado de extradición entre el Reino Unido y Estados Unidos, y que el editor no era responsable de la denuncia de crímenes de guerra de Chelsea Manning, parecían ser sólidos. El Departamento de Justicia de Estados Unidos había decidido que, por tanto, necesitaba una nueva táctica y descubrir algunos “crímenes” de Assange que parecieran menos nobles que las revelaciones de Manning.

Para conseguirlo, el FBI recurrió a un informante en Islandia, Sigi Thordarson, que estaba dispuesto a testificar que Assange había participado con él, entre otras cosas, en el pirateo de información bancaria privada y en el seguimiento de vehículos de la policía islandesa. Esto era, por supuesto, mucho más fácil de retratar como un crimen, en contraposición al periodismo, por lo que la segunda acusación sustitutiva se produjo sobre la base de la historia de Thordarson, que fue elaborada con Thordarson por un equipo del FBI.

La dificultad era que Thordarson no era un testigo fiable. Ya había sido condenado en Islandia por robar unos 50.000 dólares de Wikileaks y por hacerse pasar por Julian Assange en Internet, por no mencionar el inconveniente de que es un delincuente sexual registrado por actividades en Internet con menores de edad. De hecho, el equipo del FBI fue expulsado de Islandia por el gobierno islandés, que consideraba totalmente ilegítimo lo que el FBI estaba haciendo con Thordarson.

A pesar de todo ello, en junio de 2020 se produjo la extraordinaria situación de que el gobierno de los Estados Unidos, 18 meses después del inicio del procedimiento de extradición y seis meses después de que el tribunal hubiera escuchado los argumentos iniciales, se permitiera cambiar completamente los cargos y los presuntos delitos que motivaron la extradición en la segunda acusación sustitutiva.

El 8 de septiembre de 2020 estuve en el tribunal para informar a Mark Summers QC sobre la cuestión de estos nuevos cargos sustitutivos:

El juicio se reanudó con una nueva solicitud de la defensa, dirigida por Mark Summers QC, sobre los nuevos cargos de la nueva acusación sustitutiva del gobierno estadounidense. Summers recordó al tribunal la historia de esta audiencia de extradición. La primera acusación se había redactado en marzo de 2018. En enero de 2019 se había presentado una solicitud provisional de extradición, que se había ejecutado en abril de 2019 al salir Assange de la embajada. En junio de 2019 se sustituyó por la solicitud completa con una nueva y segunda acusación que ha sido la base de estos procedimientos hasta hoy. Toda una serie de audiencias han tenido lugar sobre la base de esa segunda acusación.

La nueva acusación sustitutiva data del 20 de junio de 2020. En febrero y mayo de 2020, el Gobierno de los Estados Unidos permitió que se celebraran audiencias sobre la base de la segunda acusación, sin avisar, a pesar de que ya debían saber que se iba a presentar la nueva acusación sustitutiva. No dieron ninguna explicación ni disculpa por ello.

La defensa no había sido debidamente informada de la sustitución de la acusación y, de hecho, sólo se enteró de su existencia a través de un comunicado de prensa del gobierno estadounidense el 20 de junio. Finalmente, no se notificó oficialmente en este procedimiento hasta el 29 de julio, hacía apenas seis semanas. Al principio, no estaba claro cómo afectaría la sustitución de la acusación a los cargos, ya que el gobierno de Estados Unidos informó de que no suponía ninguna diferencia, sino que simplemente aportaba detalles adicionales. Pero el 21 de agosto de 2020, y no antes, finalmente quedó claro en las nuevas presentaciones del gobierno de Estados Unidos que los propios cargos habían cambiado.

Ahora había nuevos cargos que eran independientes y no dependían de las acusaciones anteriores. Aunque se rechazaran los 18 cargos relacionados con Manning, estas nuevas acusaciones podrían seguir siendo motivo de extradición. Estas nuevas acusaciones incluían el favorecimiento del robo de datos de un banco y del gobierno de Islandia, el paso de información sobre el seguimiento de vehículos de la policía y el pirateo de ordenadores tanto de particulares como de una empresa de seguridad.

“Nadie sabe hasta qué punto este nuevo material alegado es delictivo”, declaró Summers, explicando a continuación que no estaba nada claro que el hecho de que un australiano asesorara desde fuera de Islandia a alguien en ese país sobre cómo descifrar un código fuera realmente delictivo si se producía en el Reino Unido. Y ello sin tener en cuenta la prueba de la doble incriminación también en los Estados Unidos, que debía superarse antes de que la conducta fuera objeto de extradición.

Era impensable que acusaciones de esta magnitud fueran objeto de una audiencia de extradición de la Parte 2 en un plazo de seis semanas si se presentaban como un caso nuevo. Evidentemente, eso no daba tiempo a la defensa para prepararse, ni para reunir a los testigos de estos nuevos cargos. Entre las cuestiones relativas a estos nuevos cargos que la defensa desearía abordar, estaban el hecho de que algunos no eran delictivos, otros estaban fuera de plazo, otros ya habían sido imputados en otros foros (incluido el Tribunal de la Corona de Southwark y los tribunales de Estados Unidos).

También había preguntas importantes que hacer sobre los orígenes de algunos de estos cargos y la dudosa naturaleza de los testigos. En particular, el testigo identificado como “adolescente” era la misma persona identificada como “Islandia 1” en la acusación anterior. Esa acusación contenía una “advertencia de precaución” sobre este testigo dada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Esta nueva acusación eliminó esa advertencia. Pero el hecho era que este testigo es Sigurdur Thordarson, que había sido condenado en Islandia en relación con estos hechos por fraude, robo, robo de dinero y material de Wikileaks, y suplantación de Julian Assange.

En el acta de acusación no se decía que el FBI había sido “expulsado de Islandia por intentar utilizar a Thordarson para inculpar a Assange”, declaró Summers sin rodeos.

Summers dijo que todas estas cuestiones debían dilucidarse en estas audiencias si se iban a escuchar las nuevas acusaciones, pero la defensa simplemente no tenía tiempo para preparar sus respuestas o sus testigos en las breves seis semanas que tenía desde que las recibió, incluso dejando de lado los problemas extremos de contacto con Assange en las condiciones en las que estaba recluido en la prisión de Belmarsh.

La defensa necesitaría claramente tiempo para preparar las respuestas a estos nuevos cargos, pero sería claramente injusto mantener a Assange en la cárcel durante los meses que eso llevaría. Por lo tanto, la defensa sugirió que estos nuevos cargos deberían ser excluidos de la conducta a considerar por el tribunal, y que deberían seguir adelante con las pruebas sobre la actuación delictiva limitadas a la conducta que se había alegado anteriormente.

Summers argumentó que era “totalmente injusto” añadir lo que en derecho eran acusaciones penales nuevas y separadas, con poca antelación y “totalmente sin avisar y sin dar tiempo a la defensa a responder a ello. Lo que está ocurriendo aquí es anormal, injusto y puede crear una verdadera injusticia si se permite que continúe”.

Los argumentos presentados por la fiscalía se basan ahora en estas nuevas acusaciones. Por ejemplo, la fiscalía rebatió ahora los argumentos sobre los derechos de los denunciantes y la necesidad de revelar crímenes de guerra afirmando que no puede haber existido tal necesidad de hackear un banco en Islandia.

Summers concluyó que el “caso debía limitarse a la conducta que el gobierno estadounidense había considerado oportuno alegar en los dieciocho meses que duró el caso” antes de su segunda nueva acusación.

Baraitser se negó a descartar las nuevas acusaciones, y luego descartó la petición inmediata de la defensa de un aplazamiento para darles tiempo a responder a las nuevas acusaciones. Al final de las audiencias se negó a aceptar la declaración jurada de Peirce en la que explicaba por qué la defensa no podía responder. Para entonces, el tribunal había pasado casi un mes escuchando a los testigos que refutaban la primera acusación sustitutiva, preparada por la defensa, pero nada sobre la segunda acusación sustitutiva.

Summers se puso absolutamente furioso cuando Baraitser se negó a aceptar la declaración jurada de Peirce sobre el tema, hasta el punto de que seguía protestando en la calle cuando las audiencias habían concluido.

Mientras que la decisión final de Baraitser prohibió la extradición por motivos de salud de Assange y por las condiciones inhumanas de las prisiones estadounidenses, la segunda acusación sustitutiva y las acusaciones de Thordarson fueron aceptadas como base válida para la extradición.

Thordarson ha declarado ahora a la revista islandesa Stundin que sus acusaciones contra Assange contenidas en la acusación son falsas, y que Assange no había solicitado el hackeo de datos bancarios o policiales. Esto no es una sorpresa, aunque los motivos de Thordarson para confesar ahora son oscuros; es claramente un individuo profundamente perturbado y a menudo malicioso.

Thordarson siempre ha sido un testigo muy poco fiable, y me resulta imposible creer que la cooperación del FBI con él haya sido algo más que una fabricación deliberada de pruebas por parte del FBI.

Edward Snowden ha tuiteado que la retractación de Thordarson pondrá fin al caso contra Julian Assange. Ciertamente, debería acabar con él, pero me temo que no lo hará.

Muchas cosas deberían haber acabado con el caso contra Assange. La Primera Enmienda, la prohibición de la extradición política en el Tratado de Extradición de Estados Unidos y el Reino Unido, el espionaje de la CIA en los preparativos del abogado defensor de Assange, todo esto debería haber detenido el caso en seco.

Ya han pasado cinco meses desde que se denegó la extradición, el Tribunal Superior aún no ha aceptado ningún recurso del gobierno estadounidense contra esa decisión y, sin embargo, Julian sigue confinado en la prisión de mayor seguridad del Reino Unido. La revelación de que las acusaciones de Thordarson son inventadas -lo que todo el mundo sabía ya, sólo Baraitser fingió que no lo sabía– es sólo una ilegalidad más que el establishment va a sortear en su continua persecución de Assange.

Assange democratizó la información y dio poder real al pueblo durante un tiempo, en todo el mundo. Reveló los crímenes de guerra de Estados Unidos. Por eso su vida está destruida. Ni la ley ni la verdad tienen nada que ver con esto.

Fuente: Craig Murray

Slavoj Žižek: «Julian Assange expuso la paradoja de la no libertad experimentada como libertad en los países occidentales»

RT · 4 de julio de 2021

Julian Assange's The World Tomorrow: Slavoj Zizek & David ...
Julian Assange y Slavoj Žižek en 2012

Julian Assange expuso la paradoja de «la no libertad experimentada como libertad» en los países occidentales y se convirtió en un «símbolo de la lucha contra las nuevas formas digitales de control» de la vida de las personas, señaló este sábado el filósofo cultural Slavoj Žižek en un artículo de opinión para RT, que fue publicado el día del 50.º cumpleaños del fundador de WikiLeaks.

El filósofo esloveno tachó de «ironía retorcida» el hecho de que Assange cumpla años un día antes del Día de la Independencia de EE.UU. Según Žižek, esto «nos recuerda los aspectos oscuros de la ‘Tierra de los Libres’ y la mayoría de las democracias occidentales».

«En contra de su voluntad, Assange se convirtió en un símbolo de este lado oscuro de las democracias occidentales, un símbolo de nuestra lucha contra las nuevas formas digitales de control y regulación de nuestras vidas, que son mucho más eficientes que las viejas formas ‘totalitarias'», sostuvo el filósofo. 

«Lo que estamos recibiendo ahora en el Occidente liberal es una opresión que en gran medida deja intacto nuestro sentido de libertad. Assange sacó a relucir esta paradoja de la no libertad experimentada como libertad«, opina Žižek.

Žižek asimismo recordó que las naciones occidentales «descendieron al nivel de mentiras y rumores personales» sobre Assange, «asesinando por completo» su carácter para el público al describirlo como personalmente intolerable hasta acusaciones falsas sobre su supuesta actividad sexual ilegal. 

El horror de tal procedimiento no es solo que indica una degradación del debate político, sino que también apunta a Assange como individuo. Assange no es solo un símbolo, es una persona viva que ha sufrido bastante en la última década

Al mismo tiempo, Žižek mencionó el reciente incidente con un avión de Ryanair —obligado a aterrizar en Minsk, tras lo cual fue detenido el bloguero bielorruso Román Protasévich que viajaba en él— lo que provocó fuertes críticas por parte de EE.UU. y varios líderes europeos. En este sentido, el filósofo recordó que las potencias occidentales «hicieron exactamente lo mismo en 2013», cuando el avión del entonces presidente boliviano, Evo Morales, se vio obligado a aterrizar en Austria por orden de EE.UU., que creía, erróneamente, que a bordo se encontraba el denunciante de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), Edward Snowden. 

Žižek concluye su artículo destacando que es necesario «poner toda nuestra energía en lograr» que Julian Assange pueda volver a caminar libremente por las calles de Nueva York, «celebrado como un héroe de nuestro tiempo».

Simpatizantes de Assange piden su liberación en su 50 cumpleaños

EFE · 3 de julio de 2021

Julian Assange supporters celebrate Assange's 50th birhtday at Parliament Square in London

Una multitud de simpatizantes de Julian Assange pidió este sábado su liberación al celebrar con un pícnic en el centro de Londres su 50 cumpleaños, que el fundador del portal WikiLeaks vive en la cárcel, a la espera de que se resuelva su proceso de extradición a Estados Unidos.

Encabezados por la pareja del activista y madre de sus dos hijos pequeños, Stella Moris, los manifestantes se congregaron en la plaza del Parlamento, donde tendieron una manta gigante en la que se reclamaba su puesta en libertad.

La diseñadora británica Vivienne Westwood estuvo entre los famosos que asistieron al acto, donde los participantes comieron el pastel que cortaron Moris, de 38 años, y sus dos niños, Gabriel, de 4, y Max, 2, nacidos cuando el informático estaba refugiado en la embajada de Ecuador en Londres.

«Esto ha durado demasiado y debe parar», afirmó Moris, que durante las últimas semanas ha liderado una campaña para concienciar sobre la situación de su novio y recaudar fondos a fin de seguir con la lucha legal.

Entre otras cosas, la abogada, apoyada por políticos británicos y australianos, ha pedido al presidente estadounidense, Joe Biden, que retire los cargos contra el antiguo hacker, que, según sus abogados, podrían acarrear hasta 175 años de cárcel en Estados Unidos.

Julian Assange supporters celebrate Assange's 50th birhtday at Parliament Square in London

El pasado 11 de abril, Assange, al que EEUU reclama por presuntos delitos de espionaje e intrusión informática por las revelaciones de su portal, cumplió dos años de prisión preventiva en la cárcel de alta seguridad londinense de Belmarsh, a la espera de que se resuelva su proceso.

Una jueza de primera instancia de la Corte de Magistrados de Westminster rechazó en enero su extradición por motivos de salud al considerar que presenta riesgo de suicidio, pero Washington recurrió esa decisión y será el Tribunal Superior el que decida su futuro, en una fecha aún por precisar.

Assange, que no ha sido condenado por ningún delito, fue detenido en 2019 después de ser sacado por la fuerza de la misión ecuatoriana en Londres, donde se había refugiado en 2012 tratando de evitar precisamente su entrega a Estados Unidos, que finalmente, hace dos años, pidió su extradición.

Previamente, el australiano estuvo bajo arresto domiciliario en Inglaterra, hasta un total de casi 11 años de encierro desde que en diciembre de 2010 fue detenido en Londres por la Policía a petición de Suecia, que quería interrogarle por un caso de presuntos delitos sexuales de los que no fue imputado y que eventualmente se archivó.

¿Qué pasará con Assange tras una década de persecución y con pruebas que se caen?

Ricardo Carnevali · Rebelion.org · 2 de julio de 2021

La veracidad de la información en la que se basa la acusación formal estadounidense contra Assange ha sido desmentida por el testigo principal.

Sigurdur Ingi Thordarson, testigo clave en el proceso del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Julian Assange, confesó en una entrevista concedida al periódico islandés Stumdin que mintió en sus declaraciones utilizadas por las autoridades de Washington para armar el caso contra el fundador de WikiLeaks. 

«Esto es el fin del caso contra Julian Assange», escribió el excontratista de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU. (NSA) Edward Snowden en referencia a estas revelaciones.

Sigurdur Ingi Thordarson era un voluntario de WikiLeaks convertido en el primer informante conocido del FBI dentro de la organización a cambio de un puñado de cinco mil dólares e inmunidad de la persecución judicial. 

Ahora, ha admitido que su afirmación previa de que Assange le pidió que ‘hackeara’ los ordenadores de los parlamentarios para acceder a las grabaciones de sus conversaciones telefónicas privadas es falsa y que nunca lo solicitó. Y que, en realidad, recibió unos archivos de terceros que le dijeron que habían grabado a los parlamentarios y propuso compartirlos con Assange sin comprobar su contenido.

La Justicia del Reino Unido decidió no extraditar a Assange a EE.UU. por temor a que se suicide. En ese país afronta hasta 175 años de prisión por 18 cargos en su contra, a raíz de la publicación de documentos secretos en su portal WikiLeaks. Lo acusan de violar la Ley de Espionaje y conspirar para cometer una intromisión informática y acceder a ordenadores gubernamentales con información clasificada.

El gobierno estadounidense insiste en la muletilla de que Assange ha “conspirado” con su fuente, Chelsea Manning, para obtener y publicar millones de documentos secretos, entre los que se destacan archivos sobre las guerras de Irak y Afganistán, de la cárcel de Guantánamo, y las comunicaciones diplomáticas entre embajadas estadounidenses y los organismos de inteligencia de Washington.

La argumentación del equipo legal de EEUU incluyó la afirmación de que el acusado y su informador, Thordarson, trataron de descifrar juntos un archivo encriptado, supuestamente robado de un bancoislandés, que descubriría los motivos de la crisis financiera en ese país. Pero nada confirma que el archivo fuera robado y se presume que los propios empleados del banco lo hicieron público.

El entonces ministro del Interior de Islandia, Ogmundur Jonasson, opina que los estadounidenses trataban de utilizar las cosas en su país y sus ciudadanos «para tejer una red, una telaraña que atrapara a Julian Assange» y recordó el momento exacto cuando el FBI contactó con las autoridades islandesas por primera vez el 20 de junio de 2011 para advertirles de una inminente intrusión en las computadoras gubernamentales, ofreciendo su ayuda que fue aceptada.

En opinión de Jonasson, el objetivo que EE.UU. perseguía de verdad era atrapar a Assange y no ayudar a Islandia, y en aquel entonces sus agentes ya estaban sentando las bases para conseguir su propósito final. islandés sigue preguntándose desde aquel entonces es si todo empezó con la aceptación de la ayuda estadounidense y el establecimiento de cooperación «que podrían haber utilizado como pretexto para visitas posteriores«.

Diez años

Ya se cumplieron diez añosdesde que Julian Assange entró el 19 de junio de 2012 a la embajada de Ecuador en Londres pidiendo asilo político. Hoy permanece detenido en la prisión de Belmarsh, conocida como la Guantánamo del Reino Unido. Y casi ocho años después el fundador de Wikileaks fue arrestado en la misma Londres por dos razones muy diferentes, luego de que el gobierno ecuatoriano de Lenin Moreno le retirara el asilo que le concedió dos meses después de haber cruzado las puertas de su sede diplomática.

«Julian Assange (…) fue arrestado por agentes del servicio de Policía Metropolitana (…) bajo una orden emitida por la Corte de Magistrados de Westminster el 29 de junio de 2012, por no ponerse a disposición de la corte», fue lo primero que dijo Scotland Yard del arresto. El tribunal declaró al australiano culpable de haber violado los términos de la fianza que le había sido concedida mientras combatía una posible extradición a Suecia. Pero esa no era la verdadera  razón.

En un segundo comunicado publicado dos horas después, Scotland Yard aclaró que «Julian Assange también fue arrestado por solicitud de la autoridades de Estados Unidos». Y la existencia de una solicitud de extradición por parte de EEUU. por «delitos informáticos» fue confirmada luego por un vocero del ministerio del Interior británico (Home Office) y por el propio departamento de Justicia de EE.UU.

La exanalista de la inteligencia del Ejército estadounidense, Chelsea Manning –quien nació como hombre y en 2015 fue diagnosticada con disforia de género- utilizó a WikiLeaks para publicar más de 700.000 documentos secretos, en una de los mayores filtraciones de información clasificada en la historia de Estados Unidos, lo que le valió una condena de 35 años de prisión, dictada en 2013. Fue perdonada en 2017 por Barack Obama justo antes de abandonar la Casa Blanca.

Assange siempre sostuvo que las acusaciones no eran sino parte de un plan para luego extraditarlo a EE.UU. por haberse atrevido a publicar documentos secretos estadounidenses. Según el Departamento de Justicia, Assange ayudó a Manning a descifrar la contraseña necesaria para entrar en computadoras del departamento de Defensa conectadas a SIPRNet, una red del gobierno utilizada para documentos y comunicaciones clasificadas. 

Las autoridades estadounidenses han dicho en numerosas ocasiones que las acciones de Assange y Manning comprometieron la seguridad de EE.UU. y pusieron en peligro la vida de sus soldados, agentes y colaboradores, pero en realidad dejaron al descubierto una serie de acciones ilegales, asesinatos y torturas –crímenes de guerra- practicadas por las fuerzas estadounidenses en sus intervenciones armadas en terceros países.

Joseph Farrell, investigador británico, amigo y colega de Assange, señaló a Página/12 de Argentina: “Lo que están haciendo con Julian es sentar un precedente para los gobiernos de todo el mundo, de que está bien perseguir a periodistas y editores”. “La única forma de que este caso termine, es que EE.UU. retire todos los cargos”, dijo. 

Ahora la veracidad de la información en la que se basa la acusación formal estadounidense ha sido desmentida por el testigo principal, cuyo testimonio había sido clave para montar la persecución de Assange. 

*Doctorando en Comunicación Estratégica, Investigador del Observatorio en Comunicación y Democracia, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Inna Afinogenova sobre el caso Assange

RT · 29 de junio de 2021

Chris Hedges: Julian Assange y el colapso del Estado de derecho

Rebelion.org · 16 de junio de 2021

Ilustración: Mr. Fish

Este artículo reproduce la intervención de Chris Hedges en un acto celebrado el pasado jueves en Nueva York en apoyo de Julian Assange. Dicho acto forma parte de una gira por Estados Unidos que durará un mes y en la que intervienen entre otros el padre y el hermano de Julian y Roger Waters (Pink Floyd).


Una sociedad que prohíbe la posibilidad de decir la verdad anula la posibilidad de vivir en la justicia.

Esa es la razón por la que esta noche estamos aquí. Todos los que conocemos y admiramos a Julian condenamos su prolongado sufrimiento y el de su familia. Exigimos que se ponga fin a los muchos errores e injusticias que se han cometido con su persona. Le respetamos por su valor y su integridad. Pero la batalla por la libertad de Julian nunca ha sido solo por la persecución a la que se sometía a un editor. Es la batalla por la libertad de prensa más importante de nuestra era. Y si perdemos esa batalla las consecuencias serán devastadoras, no solo para Julian y su familia sino para todos nosotros.

Las tiranías invierten el Estado de derecho. Convierten la ley en un instrumento de injusticia. Esconden sus crímenes mediante una falsa legalidad. Utilizan la dignidad de tribunales y juicios para ocultar su criminalidad. Aquellos que, como Julian, exponen ante el público esa criminalidad son personas peligrosas, porque sin el pretexto de la legitimidad la tiranía pierde credibilidad y lo único que le queda es el miedo, la coacción y la violencia.

La prolongada campaña contra Julian y Wikileaks es una ventana hacia la demolición del Estado de derecho, un paso más hacia lo que el filósofo político Sheldon Wolin llama nuestro sistema de totalitarismo invertido, una forma de totalitarismo que mantiene la ficción de la antigua democracia capitalista, incluyendo sus instituciones, iconografía, símbolos patrióticos y retórica, pero que internamente ha entregado todo el control a los dictados de las corporaciones globales.

Yo estaba en la sala del tribunal cuando Julian Assange fue juzgado por la juez Vanessa Baraitser, una versión moderna de la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas, que exigía la sentencia antes de declarar el veredicto. Fue una farsa judicial. No existía base legal alguna para mantenerle en prisión. No había base legal alguna para juzgarle, siendo un ciudadano australiano, según la Ley de Espionaje de EE.UU. La CIA le estuvo espiando en la embajada ecuatoriana a través de una compañía española, UC Global, contratada para proporcionar la seguridad a la embajada. Este espionaje incluyó las conversaciones confidenciales entre Assange y sus abogados cuando discutían los términos de su defensa. Este mero hecho debería haber invalidado el juicio. Julian está prisionero en una cárcel de alta seguridad para que el Estado pueda continuar los abusos degradantes y la tortura que espera provoquen su desintegración psicológica o incluso física, tal y como ha testificado el relator Especial de la ONU para la Tortura, Nils Melzer.

El gobierno de Estados Unidos ha dado instrucciones al fiscal londinense James Lewis, tal y como ha documentado con elocuencia [el exdiplomático, periodista y defensor de derechos humanos británico] Craig Murray. Lewis presentó dichas directrices a la juez Baraitser, que las adoptó como su decisión legal. Todo el show fue una pantomima judicial. Lewis y la juez insistieron en que no estaban intentando criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa, al mismo tiempo que se afanaban en establecer un marco legal para criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa. Y esa es la razón por la que el tribunal se esforzó tanto por ocultar el proceso judicial a la opinión pública, limitando el acceso a la sala del tribunal a un puñado de observadores y poniendo todas las dificultades posibles para imposibilitar su visionado en línea. Fue un oscuro juicio amañado, más típico de la Lubianka que de la jurisprudencia británica.

Yo sé que muchos de los que estamos hoy aquí nos consideramos radicales, puede que hasta revolucionarios. Pero lo que estamos exigiendo tiene de hecho un tinte conservador, dentro del espectro político. Exigimos la restauración del Estado de derecho. Algo tan sencillo y básico que no debería resultar incendiario en una democracia en funcionamiento. Pero vivir en la verdad en un sistema despótico es un acto supremo de desafío. Esa verdad aterroriza a quienes detentan el poder.

Los arquitectos del imperialismo, los señores de la guerra, las ramas legislativa, judicial y ejecutiva del gobierno, controladas por las grandes empresas, y sus serviles cortesanos de los medios de comunicación son ilegítimos. Si pronuncias esta sencilla verdad quedas desterrado, como hemos estado muchos de nosotros, a los márgenes del panorama mediático. Si demuestras esa verdad, como han hecho Julian Assange, Chelsea Manning, Jeremy Hammond y Edward Snowden al permitirnos fisgar en las interioridades del poder, serás perseguido y procesado.

Poco después de que Wikileaks publicara los archivos de la Guerra de Irak en octubre de 2010, que documentaban numerosos crímenes de guerra de Estados Unidos –incluyendo imágenes del ametrallamiento de dos periodistas de Reuters y otros 10 civiles desarmados en el video Asesinato Colateral, la tortura sistemática de prisioneros iraquíes, el ocultamiento de miles de muertes de civiles y el asesinato de cerca de 700 civiles que se habían acercado demasiado a los puestos de control estadounidenses–, los destacados abogados de derechos civiles Len Weinglass y mi buen amigo Michael Ratner (a quien acompañaría posteriormente para reunirse con Julian en la embajada ecuatoriana) se reunieron con Julian en un apartamento de Londres Central. Las tarjetas bancarias personales de Assange habían sido bloqueadas. Tres ordenadores encriptados habían desaparecido de su equipaje durante su viaje a Londres. La policía sueca estaba fabricando un caso en su contra con la intención, le advirtió Ratner, de extraditarle a Estados Unidos.

“Wikileaks y tú personalmente os enfrentáis a una batalla que es tanto legal como política”, le dijo Weinglass a Assange. “Como aprendimos en el caso de los Papeles del Pentágono, al gobierno de Estados Unidos no le gusta que se haga pública la verdad. Y no le gusta que le humillen. No importa que sea Nixon, Bush u Obama, un Republicano o un Demócrata, quien ocupe la Casa Blanca. El gobierno de EE.UU. intentará evitar que publiques sus repugnantes secretos. Y si tienen que destruirte a ti, y destruir al mismo tiempo la Primera Enmienda y los derechos de los editores, están dispuestos a hacerlo. Creemos que van a perseguir a Wikileaks y a ti, Julian, por publicarlos”.

“Que van a perseguirme, ¿por qué razón?”, preguntó Julian.

“Por espionaje”, continuó Weinglass. “Van a acusar a Bradley Manning por traición, acogiéndose a la Ley de Espionaje de 1917. No creemos que se le pueda aplicar porque es un denunciante de conciencia, no un espía. Pero van a intentar obligar a Manning a que te implique a ti como colaborador”.

“Que van a perseguirme, ¿por qué razón?”

Esa es la cuestión.

Han perseguido a Julian por sus virtudes, no por sus defectos.

Han perseguido a Julian porque sacó a la luz más de 15.000 muertes no denunciadas de civiles iraquíes; porque hizo públicas la tortura y los malos tratos a unos 800 hombres y muchachos de entre 14 y 89 años en Guantánamo; porque publicó que Hillary Clinton ordenó en 2009 a los diplomáticos estadounidenses que espiaran al Secretario General de la ONU Ban Ki Moon y a otros representantes de China, Francia, Rusia y Reino Unido, un espionaje que incluía obtener su ADN, el escaneo de su iris, sus huellas dactilares y sus contraseñas personales, continuando métodos habituales de vigilancia ilegal como las escuchas ilegales al Secretario General de la ONU Kofi Annan las semanas previas a la invasión de Irak de 2003 dirigida por Estados Unidos; le han perseguido porque divulgó que Barack Obama, Hillary Clinton y la CIA orquestaron el golpe militar de 2009 en Honduras que derrocó al presidente elegido democráticamente, Manuel Zelaya, y lo reemplazó con un régimen militar corrupto y asesino; porque reveló que George Bush hijo, Barack Obama y el general Davis Petrous llevaron a cabo una guerra en Iraq que, según las leyes posteriores al proceso de Núremberg, se considera una guerra criminal de agresión, un crimen de guerra y porque autorizaron cientos de asesinatos selectivos, incluyendo los de ciudadanos estadounidenses en Yemen, donde también lanzaron secretamente misiles, bombas y ataques con drones que acabaron con la vida de decenas de civiles; porque reveló que Goldman Sachs pagó a Hillary Clinton 657.000 dólares por dar conferencias, una suma tan enorme que solo puede considerarse un soborno, y que Clinton aseguró en privado a los líderes empresariales que cumpliría sus ordenes, mientras prometía a la opinión pública una regulación y una reforma financiera; porque sacó a la luz la campaña interna para desacreditar y destruir a Jeremy Corbyn por parte de miembros de su propio Partido Laborista; porque mostró cómo la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad utilizan herramientas de hackeo que permiten al gobierno la vigilancia al por mayor a través de nuestros televisores, ordenadores, smartphones y programas antivirus, lo que permite al gobierno registrar y almacenar nuestras conversaciones, imágenes y mensajes de texto privados, incluso si están encriptados.

Julian sacó a la luz la verdad. La desveló una y otra y otra vez, hasta que no quedó la menor duda de la ilegalidad, corrupción y mendacidad endémicas que definen a la élite gobernante global. Y por descubrir esas verdades es por lo que han perseguido a Assange, como han perseguido a todos aquellos que se atrevieron a rasgar el velo que cubre al poder. “La Rosa Roja ahora también ha desaparecido…”, escribió Bertolt Bretch cuando la socialista alemana Rosa Luxemburgo fue asesinada. “Porque ella a los pobres la verdad ha dicho, los ricos del mundo la han extinguido”.

Hemos experimentado un golpe de Estado empresarial, mediante el cual los pobres y los hombres y mujeres trabajadores se ven reducidos al desempleo y el hambre; la guerra, la especulación financiera y la vigilancia interna son las únicas ocupaciones del Estado; por el cual ya ni siquiera existe el habeas corpus; por el que los ciudadanos no somos más que mercancías que se usan, se despluman y se descartan para los sistemas corporativos del poder. Negarse a contraatacar, a tender lazos y ayudar al débil, al oprimido y al que sufre, a salvar el planeta del ecocidio, a denunciar los crímenes internos e internacionales de la clase dominante, ea xigir justicia, a vivir en la verdad es llevar la marca de Caín. Quienes detentan el poder deben sentir nuestra ira, y eso significa realizar actos constantes de desobediencia civil, significa acciones constantes de protesta social y política, porque este poder organizado desde abajo es el único que nos salvará y el único poder que liberará a Julian. La política es un juego de temor. Es nuestro deber moral y cívico hacer sentir miedo a los que están en el poder, mucho miedo.

La clase dominante criminal nos tiene a todos sujetos por el miedo. No puede reformarse. Ha abolido el Estado de derecho. Oscurece y falsea la verdad. Busca la consolidación de su obsceno poder y su obscena riqueza. Por tanto, citando a la Reina de Corazones, metafóricamente, claro, yo digo: “¡Que les corten la cabeza!”.

Chris Hedges es un periodista ganador del Premio Pulitzer. Fue durante 15 años corresponsal en el extranjero para The New York Times, ejerciendo como jefe para la oficina de Oriente Próximo y la  de los Balcanes. Anteriormente trabajó para los diarios The Dallas Morning News, The Christian Science Monitor y NPR. Presenta el programa “On Contact”, nominado para un Premio Emmy, de la cadena internacional de televisión rusa RT.


El video completo del acto puede verse aquí.  La intervención de Chris Hedges comienza en el minuto 45:50.


Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://scheerpost.com/2021/06/11/chris-hedges-julian-assange-and-the-collapse-of-the-rule-of-law/

Abogada dice que la causa contra Julian Assange en EE.UU. se desmorona ante la retractación de un testigo clave que mintió para obtener inmunidad

Democracy Now · 28 de junio de 2021

Uno de los principales testigos en el juicio de extradición de Julian Assange admitió haber hecho afirmaciones falsas respecto de Assange a cambio de inmunidad judicial. Esta revelación explosiva podría tener un gran impacto en el destino del fundador de WikiLeaks. De ser extraditado, Assange enfrenta hasta 175 años de cárcel en EE.UU., donde se lo acusa de haber violado la Ley de Espionaje al publicar documentos clasificados que daban a conocer crímenes de guerra estadounidenses. Según un nuevo artículo publicado en el periódico islandés Stundin, el pirata informático condenado Sigurdur “Siggi” Thordarson adujo ser un destacado representante de WikiLeaks a quien Assange le había asignado tareas de piratería, pero en realidad solo participaba tangencialmente en la organización. El artículo sugiere que el Departamento de Justicia de EE.UU. trabajó con Thordarson para desarrollar la acusación contra Assange presentada ante los tribunales británicos. “Esta última revelación se suma a los argumentos por los que la causa en EE.UU. debe desestimarse”, dice Jennifer Robinson, abogada de derechos humanos que asesora a Assange y WikiLeaks desde 2010. “La base fáctica de la acusación se ha desmoronado por completo”.

Para ampliar esta información, vea (en inglés) la conversación que mantuvimos con Jennifer Robinson.

Snowden anuncia el «fin del caso contra Assange» tras la confesión de un testigo clave de que mintió

RT · 27 de junio de 2021

Sigurdur Ingi Thordarson hizo creer a las autoridades de EE.UU. que Assange le pidió que ‘hackeara’ ordenadores para acceder a las grabaciones de las conversaciones privadas de parlamentarios.



Un testigo clave en el proceso del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Julian Assange, Sigurdur Ingi Thordarson, ha confesado en una entrevista concedida al periódico islandés Stundin que mintió en sus declaraciones utilizadas por las autoridades norteamericanas para armar el caso contra el fundador de WikiLeaks. «Esto es el fin del caso contra Julian Assange», escribió el excontratista de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA) Edward Snowden en referencia a estas revelaciones.

Sigurdur Ingi Thordarson era un voluntario de WikiLeaks convertido en el primer informante conocido del FBI dentro de la organización a cambio de unos 5.000 dólares e inmunidad de la persecución judicial. Ahora, Thordarson ha admitido que su afirmación previa de que Assange le pidió que ‘hackeara’ los ordenadores de los parlamentarios para acceder a las grabaciones de sus conversaciones telefónicas privadas es falsa y que nunca lo solicitó.

El hombre ha explicado que, en realidad, recibió unos archivos de terceros que le dijeron que habían grabado a los parlamentarios y propuso compartirlos con Assange sin comprobar su contenido.

La Justicia británica decidió no extraditar a Assange a EE.UU. por temor a que se suicide, un país donde afronta hasta 175 años de prisión por 18 cargos en su contra, a raíz de la publicación de documentos secretos en su portal WikiLeaks. Lo acusan de violar la Ley de Espionaje y conspirar para cometer una intromisión informática y acceder a ordenadores gubernamentales con información clasificada.

Sin embargo, ahora la veracidad de la información en la que se basa la acusación formal estadounidense ha sido desmentida por el testigo principal, cuyo testimonio ha sido clave. Si bien la corte británica se guió por motivos humanitarios al fallar en contra de la extradición de Assange, la argumentación del equipo legal de EE.UU. incluyó la afirmación de que el acusado y su informador, Thordarson, trataron de descifrar juntos un archivo robado de un banco islandés.

Thordarson ha aclarado a Stundin que el incidente descrito fue bien conocido y el archivo encriptado fue filtrado del banco y compartido en Internet entre los entusiastas que trataron de descifrarlo por motivos de interés público en un intento de descubrir los motivos de la crisis financiera en Islandia, y que nada confirma que el archivo fuera «robado» en algún momento, ya que se presume que lo divulgaron los propios empleados del banco.

Otro punto expuesto en el mencionado proceso judicial fue que Assange «utilizó acceso no autorizado» otorgado por Thordarson «para acceder a un sitio web gubernamental» destinado a rastrear vehículos policiales. Entrevistado por Stundin, el informante ha precisado que los datos del ‘login’ eran sus propias identificaciones y no fueron obtenidos por medios ilícitos.