Condena mundial al fallo contra Julian Assange

Página 12 · 11 de diciembre de 2021

La manifestaciones en contra del fallo dieron la vuelta al mundo. (Fuente: AFP)

Repudio de Aministía Internacional, Reporteros sin Fronteras, la Federación Internacional de Periodistas, el gobierno de Rusia y la Internacional Progresista

Organizaciones civiles y gubernamentales, así como personalidades del mundo han rechazado el fallo de la Cámara de apelaciones británica en favor de la extradición a Estados Unidos del periodista Julian Assange.

La ONG Reporteros Sin Fronteras condenó la decisión de la justicia, de acuerdo con su secretario general, Christophe Deloire. “Defendemos este caso debido a sus implicaciones peligrosas para el futuro de la libertad de prensa en todo el mundo. Ha llegado la hora de poner fin a más de una década de persecución, de una vez y para siempre. Es la hora de poner en libertad a Assange”, agregó Deloire, quien señaló que el fundador de Wikileaks está siendo perseguido por su periodismo.

Un tribunal de Londres aceptó este viernes el recurso de Estados Unidos contra la decisión británica de no extraditar a ese país a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks al que Washington quiere juzgar por la difusión de documentos clasificados.

«El tribunal admite el recurso», se limitó a decir el juez Timothy Holroyde ante una sala abarrotada por la fuerte expectación mediática del caso. Una magistrada de primera instancia consideró en enero que Assange corría riesgo de suicidio si era extraditado, pero ahora el caso deberá ser analizado de nuevo.

Aministía

La organización de derechos humanos Amnistía Internacional (AI) tildó de «parodia a la justicia» la decisión de la Alta Corte de Londres de autorizar la extradición a EEUU de Assange. «Es una parodia a la justicia… El tribunal decidió aceptar las garantías incorrectas de Estados Unidos de que Assange no sería sometido a confinamiento solitario en una cárcel con régimen penitenciario duro», declaró el director de AI para Europa, Nils Muiznieks.

La eventual extradición de Julian Assange a Estados Unidos pone en peligro los principios de la libertad de los medios de comunicación, declaró un portavoz de la Federación Internacional de Periodistas. “La extradición de Assange a Estados Unidos pondría en peligro no sólo su vida, sino también los principios fundamentales de la libertad de prensa. La asociación apoyará cualquier esfuerzo del equipo legal de Assange para impugnar este fallo judicial», dijo el vocero.

Zajarova

La vocera de la Cancillería rusa, María Zajárova criticó este viernes la decisión del Tribunal de Apelación de Reino Unido de aprobar la extradición a Estados Unidos del fundador de Wikileaks, Julian Assange. “Este vergonzoso veredicto en el marco de un caso político contra un periodista y activista social es otra manifestación de la mentalidad caníbal del dúo anglosajón”, precisó Zajárova en alusión a EE.UU. y Reino Unido.  “Occidente celebró de forma decente el Día Internacional de los Derechos Humanos y el fin de la Cumbre por la Democracia”, ironizó la funcionaria.

A su turno elexpresidente ecuatoriano Rafael Correa tuiteó: “Feliz día de los Derechos Humanos..! Como decían los jóvenes idealistas en Francia: “Paren el mundo, que yo me bajo. Pd: No olvidar que fue Lenin Moreno el que entregó a Assange.

La Internacional Progresista subió un video reciente en el que el expresidente brasileño Lula da Silva, exige la liberación del fundador de WikiLeaks ylo postulapara el premioNobel de la Paz. “Julian Assange no merece ser castigado, merece ser reconocido por el enorme servicio que le ha prestado ala humanidad al denunciar el genocidio de las guerras. Es un héroe dela democracia!”

Garzón

El abogado y exmagistrado español, Baltasar Garzón, criticó la sentencia del Tribunal de Apelación inglés, que acepta el recurso iniciado por Estados Unidos y da luz verde al proceso de extradición de Julian Assange. «Consuma la persecución política desencadenada por EEUU contra WikiLeaks y Julian Assange por haber denunciado hechos gravísimos que afectaban a la seguridad de todos», denuncia en un comunicado El también coordinador internacional de la defensa del periodista.

Por su parte, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó que EEUU persigue y busca venganza contra Assange, por haber difundido sus «crímenes de guerra y prácticas injerencistas». «Con persecución versus Assange, EEUU busca venganza y castigo por revelaciones de sus crímenes de guerra y prácticas injerencistas», escribió el diplomático en su cuenta de Twitter.

Mientras tanto el excandidato presidencial colombiano Gustavo Petro señaló:  La extradición del peridista Assange hacia EEUU, equivale a la ley mordaza a la prensa colombiana, solo que a escala mundial.

A su vez la exembajadora argentina en Venezuela y Gran Bretaña y amiga personal de Assange,  Alicia Castro, declaró en el podcast «La García»:  «Estoy muy consternada. Nunca hubo un caso de una tortura física y psíquica tan prolongada como la que se ha sometido a Juliana Assange. ¿Cuál es el delito de haber revelado a todos los hombres y personas comunes de este mundo los secretos Estado que pertenecían al complejo industrial militar de los Estados Unidos? Él solo reveló que existe y por eso latinoamérica tiene una deuda con Assange. Los cables diplomáticos revelaron el grado profundo de la injerencia de los Estados Unidos en la región.»

Familia

La abogada Stella Moris, pareja de Assange y madre de dos de su hijos, también criticóduramente el fallo de la justicia británica y prometió continuar la lucha por la liberación del fundador de WikiLeaks. «¡Pelearemos! Todas las generaciones tienen una lucha épica en la que combatir y esta es la nuestra», señaló Moris. «Porque Julian representa los fundamentos de lo que significa vivir en una sociedad libre, de lo que significa tener libertad de expresión, de lo que significa para los periodistas hacer su trabajo sin tener miedo de pasar el resto de sus vidas en prisión». Moris dijo que el equipo de defensa apuntó que el fallo es un gran error. «Apelaremos esta decisión lo antes posible,” cerró.

El periodista australiano está acusado de 17 cargos de espionaje y uno de intrusión informática, que podrían suponer hasta 175 años de cárcel. Entre 2010 y 2011, su plataforma, WikiLeaks, publicó cientos de miles de documentos militares y diplomáticos clasificados sobre, entre otros temas, las guerras de Irak y Afganistán.

Pompeo admitió que la CIA conspiró para secuestrar y matar a Julian Assange

Estrategia.la · 1 de octubre de 2021

Mike Pompeo, exdirector de la CIA y exsecretario de Estado del gobierno de Donald Trump reconoció que cuando la agencia de inteligencia estaba a su cargo, conspiró para secuestrar y matar al fundador de Wikileaks, el australiano Julian Assange, y sin ningún atisbo de vergüenza pidió que las fuentes que revelaron la información fueran enjuiciadas.

Entrevistado en el podcast The Megyn Kelly Show, Pompeo dijo que “las 30 personas que supuestamente hablaron con uno de estos periodistas deberían ser procesados por hablar sobre actividad clasificada dentro de la Agencia Central de Inteligencia”, tras reconocer que “algunas partes son ciertas” sobre lo revelado en el informe, incluida la agresiva campaña que la CIA organizó contra Wikileaks, a raíz de la publicación de los documentos de la “Bóveda 7”

Se trataba de una filtración de datos de la CIA que se produjo durante la gestión de Pompeo y que reveló algunas de las herramientas y métodos de piratería que utilizaba la agencia. “Cuando los malos roban estos secretos, tenemos la responsabilidad de ir tras ellos”, dijo Pompeo, ¿el bueno?

Una investigación de Yahoo! News -para la que se entrevistó a 30 exfuncionarios de la CIA-  reveló que en 2017, al enterarse de la posibilidad de que el servicio secreto ruso intentara trasladar a Assange a Moscú para darle asilo, se comenzaron a bosquejar distintos planes para secuestrar e incluso matar al australiano, que en ese momento estaba refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres.

Según el relato de los informantes, el plan al mejor estilo hollywoodense incluía un enfrentamiento a tiros con los funcionarios del Kremlin por las calles británicas, estrellar un auto contra el vehículo que trasladara a Assange y disparar al avión que lo llevaría a Rusia antes de que pudiera despegar.

Según el informe, Mike Pompeo estaba motivado para vengarse de WikiLeaks, después de que el sitio web publicara herramientas confidenciales de ‘hackeo’ utilizadas por el organismo, lo que las autoridades consideraron como «la mayor pérdida de datos en la historia de la CIA», conocida como ‘Vault 7’ (Bóveda 7).

Además, los proyectos multifacéticos de la CIA habrían incluido un amplio espionaje a los asociados de WikiLeaks, sembrando la discordia entre los miembros del grupo y robando sus dispositivos electrónicos, revela el informe.

El director de la Unión Americana para las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), Ben Wizner, dijo a Yahoo! News que los dichos de Pompeo “verificaron la veracidad” de la investigación periodística, porque “la única razón para procesar a alguien es que reveló información clasificada legítima”.

Por su parte, el relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Nils Melzer, quien el año pasado denunciara que Assange fue “maltratado hasta el punto de que ahora presenta síntomas de tortura psicológica” en la cárcel, dijo en un video que publicó en su cuenta de Twitter que el caso “no se trata de la ley. Se trata de intimidar al periodismo, de suprimir la libertad de prensa, de proteger la inmunidad de los funcionarios estatales”.

«Como ciudadano estadounidense, me parece absolutamente indignante que nuestro Gobierno contemple secuestrar o asesinar a alguien sin ningún proceso judicial simplemente porque ha publicado información veraz», dijo Barry Pollack, abogado de Assange en Estados Unidos.

Un poco de historia

Finalmente, Assange fue sacado a rastras de la Embajada de Ecuador y actualmente permanece detenido en una prisión británica de alta seguridad.

Apoyar a Assange, luchar por una prensa libre | Ideas | EL PAÍS

Assange está privado de libertad y aislado en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, en Reino Unido, con un cuadro de depresión clínica. Actualmente está esperando que se resuelva el pedido de extradición presentado por Estados Unidos, que fue presentado durante la administración de Trump (con Pompeo ocupando la Secretaría de Estado) y ratificado por el gobierno de Joe Biden.

Assange fue acusado de haber ayudado a Chelsea Manning, exanalista del Ejército, a intervenir una red informática clasificada y a conspirar para obtener y publicar a través de Wikileaks una serie de documentos clasificados sobre las violaciones a los derechos humanos del Ejército estadounidense en Afganistán e Irak. Ahora lo que trata de hacer el gobierno estadounidense no es castigar a torturadores y asesinos, sino eliminar a quienes descubrieron su red de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

De acuerdo a la investigación de Yahoo! News, los proyectos para Assange y WikiLeaks –que habrían comenzado ya durante el mandato de Barack Obama con la definición de algunos periodistas del sitio web, entre ellos Glenn Greenwald y Laura Poitras, como «agentes de información»–  dieron lugar a fuertes debates sobre su legalidad y algunos funcionarios estaban tan preocupados que sintieron la necesidad de informar a los miembros del Congreso sobre las sugerencias del exdirector del servicio.

La extradición de Assange a Estados Unidos fue rechazada en enero último por una jueza, pero Estados Unidos presentó una apelación, que aún no fue resuelta. Esto generó la crítica de varias organizaciones civiles, que reclamaron al hoy presidente Joe Biden que desista de este caso judicial.

La preocupación por poner en peligro el caso de EEUU. contra Assange fue uno de los factores que impidieron que los planes de la CIA siguieran adelante, según Yahoo! News. El equipo de defensa de Assange espera que esto sea cierto. «Mi esperanza y expectativa es que los tribunales del Reino Unido consideren esta información y esto refuerce aún más su decisión de no extraditarlo a Estados Unidos», dijo Pollack.

John Pilger: El secuestro judicial de Julian Assange

L’Hora · 14 de diciembre de 2021

En la sentencia más cruda y política que se recuerda, dos jueces del Tribunal Superior de Londres han ordenado la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, donde le espera un juicio en un tribunal canguro, seguido de una vida perdida en un sistema penitenciario bárbaro.

«Mirémonos a nosotros mismos, si tenemos el valor, para ver lo que nos pasa» – Jean-Paul Sartre

Las palabras de Sartre deberían resonar en todas nuestras mentes tras la grotesca decisión del Alto Tribunal británico de extraditar a Julian Assange a Estados Unidos, donde se enfrenta a «una muerte en vida». Este es su castigo por el delito de periodismo auténtico, preciso, valiente y vital.

Abuso de la justicia es un término inadecuado en estas circunstancias. Los cortesanos con peluca del ancien regime británico tardaron sólo nueve minutos el pasado viernes en estimar una apelación estadounidense contra la aceptación por parte de una jueza del Tribunal de Distrito en enero de una avalancha de pruebas de que a Assange le esperaba el infierno en la tierra al otro lado del Atlántico: un infierno en el que, se predijo con pericia, encontraría la manera de quitarse la vida.

Se ignoraron los numerosos testimonios de personas distinguidas, que examinaron y estudiaron a Julian y diagnosticaron su autismo y su síndrome de Asperger y revelaron que ya había estado a punto de suicidarse en la prisión de Belmarsh, el mismísimo infierno británico.

Se ignoró la reciente confesión de un informante crucial del FBI y títere de la fiscalía, un estafador y mentiroso en serie, de que había fabricado sus pruebas contra Julian. La revelación de que la empresa de seguridad gestionada por España en la embajada de Ecuador en Londres, donde se había concedido refugio político a Julian, era una fachada de la CIA que espiaba a los abogados, médicos y confidentes de Julian (yo incluido), también fue ignorada.

La reciente revelación periodística, repetida gráficamente por el abogado de la defensa ante el Tribunal Superior en octubre, de que la CIA había planeado asesinar a Julian en Londres, incluso eso fue ignorado.

Cada uno de estos «asuntos», como les gusta decir a los abogados, fue suficiente por sí solo para que un juez que defiende la ley desechara el vergonzoso caso montado contra Assange por un corrupto Departamento de Justicia de Estados Unidos y sus pistoleros a sueldo en Gran Bretaña. El estado mental de Julian, bramó James Lewis, QC, el perro de presa de Estados Unidos en el Old Bailey el año pasado, no era más que «malingering», un término victoriano arcaico utilizado para negar la existencia misma de la enfermedad mental.

Para Lewis, casi todos los testigos de la defensa, incluidos los que describieron desde la profundidad de su experiencia y conocimiento el bárbaro sistema penitenciario estadounidense, debían ser interrumpidos, maltratados, desacreditados. Sentado detrás de él, pasándole notas, estaba su director de orquesta estadounidense: joven, de pelo corto, claramente un hombre de la Ivy League en ascenso.

En sus nueve minutos de desestimación del destino del periodista Assange, dos de los más altos jueces de Gran Bretaña, entre ellos el Lord Chief Justice, Lord Burnett (compañero de toda la vida de Sir Alan Duncan, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Boris Johnson que organizó el brutal secuestro policial de Assange en la embajada de Ecuador) no se refirieron a ninguna de las letanías de verdades aireadas en las audiencias anteriores en Old Bailey y el Tribunal de Distrito, verdades que habían pugnado por ser escuchadas en el tribunal inferior presidido por una jueza extrañamente hostil, Vanessa Baraitser. Un episodio de su comportamiento insultante hacia un Assange claramente afectado, luchando a través de la niebla de la medicación suministrada por la prisión para recordar su nombre, es inolvidable.

Lo que fue realmente chocante el viernes pasado fue que los jueces del Tribunal Superior –Lord Burnett y Lord Justice Timothy Holroyde, que leyeron sus palabras– no mostraron ninguna duda en enviar a Julian a la muerte, vivo o no. No ofrecieron ninguna atenuación, ni sugirieron que hubieran considerado la legalidad o incluso la moralidad básica.

Su fallo a favor, por no decir en nombre de Estados Unidos, se basa directamente en «garantías» transparentemente fraudulentas, reunidas por el gobierno de Biden cuando parecía que la justicia podría prevalecer en enero.

Estas «garantías» son que, una vez bajo custodia estadounidense, Assange no será sometido a las orwellianas SAMS –Medidas Administrativas Especiales–, que lo convertirían en una persona sin personalidad; que no será encarcelado en ADX Florence, una prisión de Colorado condenada desde hace tiempo por juristas y grupos de derechos humanos como ilegal: «un pozo de castigo y desaparición»; que puede ser trasladado a una prisión australiana para terminar allí su condena.

Lo absurdo de esto radica en lo que los jueces omitieron decir. Al ofrecer sus «seguridades», Estados Unidos se reserva el derecho de no garantizar ninguna promesa hecha en el tribunal si Assange hace algo que desagrade a sus carceleros. En otras palabras, como ha señalado Amnistía, se reserva el derecho de romper cualquier promesa, o todas ellas.

Hay abundantes ejemplos de que Estados Unidos ha hecho precisamente eso. Como reveló el periodista de investigación Richard Medhurst el mes pasado, David Mendoza Herrarte fue extraditado de España a Estados Unidos con la «promesa» de que cumpliría su condena en España. Los tribunales españoles lo consideraron una condición vinculante.

«Documentos clasificados revelan las garantías diplomáticas dadas por la embajada de Estados Unidos en Madrid y cómo Estados Unidos violó las condiciones de la extradición», escribió Medhurst, «Mendoza pasó seis años en Estados Unidos intentando volver a España. Los documentos judiciales muestran que Estados Unidos denegó su solicitud de traslado en múltiples ocasiones».

Los jueces del Alto Tribunal –que conocían el caso de Mendoza y la duplicidad habitual de Washington– describen las «garantías» como un «compromiso solemne ofrecido por un gobierno a otro». Este artículo se extendería hasta el infinito si enumerara las veces en que los rapaces Estados Unidos han incumplido «compromisos solemnes» con los gobiernos, como los tratados que se rompen sin miramientos y las guerras civiles que se alimentan. Es el modo en que Washington ha gobernado el mundo, y antes de él Gran Bretaña: el modo del poder imperial, como nos enseña la historia.

Es esta mentira y duplicidad institucional la que Julian Assange sacó a la luz y al hacerlo realizó quizás el mayor servicio público de cualquier periodista en los tiempos modernos.

El propio Julian ha sido prisionero de gobiernos mentirosos durante más de una década. Durante estos largos años, me he sentado en muchos tribunales mientras Estados Unidos ha tratado de manipular la ley para silenciarlo a él y a WikiLeaks. La obsesión por «atraparlo» ha sido implacable.

Esto llegó a un momento extraño cuando, en la diminuta embajada ecuatoriana, él y yo nos vimos obligados a comprimirnos contra una pared, cada uno con un cuaderno en el que conversábamos, teniendo cuidado de proteger lo que nos habíamos escrito de las omnipresentes cámaras espía, instaladas, como ahora sabemos, por un apoderado de la CIA, la organización criminal más antigua del mundo.

Esto me lleva a la cita que encabeza este artículo: «Mirémonos a nosotros mismos, si tenemos el valor, para ver lo que está pasando».

Jean-Paul Sartre escribió esto en su prefacio a Los desdichados de la tierra, de Franz Fannon, el estudio clásico de cómo los pueblos colonizados y seducidos y coaccionados y, sí, cobardes, cumplen las órdenes de los poderosos.

¿Quién de nosotros está dispuesto a levantarse en lugar de permanecer como meros espectadores de una parodia épica como el secuestro judicial de Julian Assange? Lo que está en juego es tanto la vida de un hombre valiente como, si permanecemos en silencio, la conquista de nuestros intelectos y del sentido del bien y del mal: de hecho, nuestra propia humanidad.

(La mujer de Julian, Stella Moris, ha revelado que Julian sufrió un derrame cerebral el 27 de octubre, el día de apertura de una vista previa en el Tribunal Superior).

Fuente: John Pilger

Joe Lauria: Assange pierde y el Alto Tribunal admite la apelación de Estados Unidos

L’Hora · 10 de diciembre de 2021

El Alto Tribunal ha admitido el recurso de Estados Unidos para revocar una orden de no extradición de Julian Assange y devolver el caso al tribunal de primera instancia.

El Tribunal Superior de Londres ha fallado este viernes en la apelación de Estados Unidos contra una decisión de un tribunal inferior de no extraditar al editor encarcelado de WikiLeaks, Julian Assange, devolviendo el caso al Tribunal de Magistrados con instrucciones de enviar el caso al secretario de Estado para que decida sobre la extradición de Assange.

El asunto está ahora en manos de Dominic Raab, secretario de Estado de Justicia, a menos que los abogados de Assange recurran esta decisión ante el Tribunal Supremo del Reino Unido.

El juez Timothy Holyrode, que ha leído la decisión del Tribunal Superior en nueve minutos, ha dicho que la orden de excarcelación de Assange quedaba anulada y que debía permanecer en prisión preventiva.  Holyrode ha dicho que el Alto Tribunal había aceptado las garantías de Estados Unidos de que Assange no sería mantenido en duras condiciones carcelarias en ese país. Las ha calificado de «compromisos solemnes de un gobierno a otro».

El Alto Tribunal se ha mostrado satisfecho, ha dicho Holyrode, de que Assange no sería recluido bajo Medidas Administrativas Especiales ni enviado a la prisión de máxima seguridad ADX Florence en Colorado, de que Assange recibiría un tratamiento médico adecuado mientras estuviera encarcelado y de que podría cumplir su sentencia posterior al juicio y a la apelación en su Australia natal.

«El tribunal ha rechazado varias críticas argumentadas en nombre del señor Assange… que las garantías… no eran suficientes», dijo Holyrode.

Ha leído:

«Por las razones expuestas en la sentencia que se ha dictado hoy, el tribunal ha admitido el recurso sobre la base de que… a. El DJ [Juez de Distrito], habiendo decidido que se cumplía el umbral para la exención en virtud del artículo 91 de la Ley de Extradición de 2003, debería haber notificado a Estados Unidos su opinión provisional, para darle la oportunidad de ofrecer garantías al tribunal; y b. Estados Unidos ha proporcionado ahora al Reino Unido un paquete de garantías que responden a las conclusiones específicas del DJ».

Holyrode sólo ha leído el juicio sumario en el tribunal. No ha dicho nada acerca de la conclusión del juez de distrito sobre la constatación de depresión para liberar a Assange, señalando sólo que el Tribunal Superior estaba satisfecho con las garantías de Estados Unidos. Los detalles de los problemas de salud mental están en la sentencia completa de 27 páginas que puede leerse aquí.  Se analiza más adelante en este informe.

Holyrode ha señalado que la jueza de distrito, Vanessa Baraitser, «decidió todas las cuestiones, excepto una, a favor de los Estados Unidos. Decidió que el estado mental del Sr. Assange era tal que sería opresivo extraditarlo debido a las duras condiciones en las que probablemente sería detenido».

Holyrode ha dicho: «El Sr. Assange ha indicado que impugna las decisiones del DJ sobre las cuestiones que se decidieron en su contra, y tratará de plantear esas cuestiones en una etapa posterior». Esto se refiere a un posible recurso de apelación adicional que los abogados de Assange podrían presentar ante el Tribunal Supremo, en función de que éste acepte su apelación.

Motivos de apelación de Estados Unidos

El Alto Tribunal ha rechazado tres de los cinco motivos de apelación de Estados Unidos:

«Estados Unidos apela contra la orden de puesta en libertad del Sr. Assange por cinco motivos:

Motivo 1: La jueza cometió errores de derecho en su aplicación de la prueba del artículo 91. Si hubiera aplicado la prueba correctamente no habría eximido al Sr. Assange [el Tribunal Superior rechazó este motivo].

Motivo 2: Habiendo decidido que se cumplía el umbral para la exoneración en virtud del artículo 91, la jueza debería haber notificado a Estados Unidos su opinión provisional para darle la oportunidad de ofrecer garantías al tribunal.

Motivo 3: Habiendo llegado a la conclusión de que el principal experto psiquiátrico convocado en nombre de la defensa (el profesor Kopelman) la había engañado sobre una cuestión material, la juez debería haber dictaminado que su testimonio no era fiable (o que debía concedérsele poca importancia) o que su falta de independencia hacía que su testimonio fuera inadmisible. La jueza de distrito no interrogó ni evaluó adecuadamente las razones por las que el profesor Kopelman la engañó (aparentemente concluyendo que era suficiente con que la hubiera engañado por razones «humanas») ni evaluó adecuadamente cómo su voluntad de engañarla afectaba a la fiabilidad general de sus pruebas. Si no hubiera admitido esa prueba o no le hubiera atribuido el peso adecuado, la jueza no habría eximido al Sr. Assange de conformidad con el artículo 91 [el Tribunal Superior rechazó este motivo].

Motivo 4: La jueza se equivocó en su valoración global de las pruebas relativas al riesgo de suicidio, en particular en su valoración predictiva de un riesgo futuro y a largo plazo que se basaba en varias contingencias que podían o no llegar a producirse [este motivo ha sido rechazado por el Tribunal Superior].

Motivo 5: Estados Unidos ha proporcionado al Reino Unido un paquete de garantías que responden a las conclusiones específicas de la jueza en este caso. En particular, Estados Unidos ha ofrecido garantías de que el Sr. Assange no será sometido a las SAM ni será encarcelado en el ADX (a menos que haga algo posterior al ofrecimiento de estas garantías que se ajuste a las pruebas para la imposición de las SAM o la designación al ADX). Estados Unidos también ha ofrecido garantías de que consentirán que el Sr. Assange sea trasladado a Australia para cumplir cualquier pena de prisión que se le imponga si es condenado.»

La sentencia del Tribunal Superior dice:

«Estados Unidos sostiene que si la jueza hubiera abordado correctamente las pruebas en torno a la cuestión de la opresión (motivos 1 a 4) habría decidido la cuestión de manera diferente y enviado el caso al Secretario de Estado. En consecuencia, el recurso debe ser admitido. Con carácter subsidiario, la cuestión debería remitirse para su nueva determinación».

En otras palabras, el Alto Tribunal podría haber devuelto el caso al Tribunal de Primera Instancia para que lo volviera a resolver. En lugar de ello, ha decidido devolver el caso al tribunal inferior con instrucciones de revocar su sentencia y enviar el asunto al secretario de Estado para que decida sobre la extradición.

El Tribunal Superior ha explicado específicamente por qué ha admitido el recurso de Estados Unidos y ha rechazado el argumento de Assange. Se reduce al hecho de que el tribunal ha aceptado las garantías de Estados Unidos a pesar de que se produjeron después de la decisión de Baraitser de no extraditarlo. El Alto Tribunal ha creído explícitamente en la sinceridad de esas garantías.

La sentencia dice: «No hay ninguna razón para que este tribunal no acepte que las garantías significan lo que dicen. No hay ninguna base para suponer que Estados Unidos no ha dado las garantías de buena fe».

Ha dicho además:

«No hubo garantías ante el juez (motivo 5). Ahora se ofrecen en respuesta a la conclusión sobre la opresión. El argumento de Estados Unidos es que las garantías plantean una nueva cuestión a los efectos del artículo 105 de la Ley [de Extradición] de 2003 y que si las garantías hubieran estado a disposición de la jueza, ésta habría decidido la cuestión de la opresión de manera diferente».

«Se afirma que, sólo sobre esta base, el recurso debe ser admitido» [énfasis añadido].

El Alto Tribunal ha rechazado los argumentos de los abogados de Assange de que no se podía confiar en las garantías de Estados Unidos, al dictaminar:

«Las declaraciones generales de opinión que ponen en duda la buena fe de Estados Unidos por parte de quienes no establecen ninguna experiencia relevante para dar tal opinión no tienen más valor que una opinión periodística extraída de una búsqueda en Internet. No obstante, hemos considerado todo el material de bene esse«.

El tribunal ha rechazado el argumento de Assange de que las declaraciones no debían ser admitidas porque se produjeron después de que Baraitser hubiera dictado sentencia. «En nuestra opinión, un tribunal que conoce de un caso de extradición, ya sea en primera instancia o en apelación, está facultado para recibir y considerar las garantías siempre que sean ofrecidas por un Estado solicitante», ha dicho la sentencia del Tribunal Superior.

Y añade:

«Una oferta de garantías en un caso de extradición es un asunto solemne, que requiere una cuidadosa consideración por parte del Estado solicitante de su voluntad de dar compromisos específicos a otro Estado. No sería apropiado exigir que se hiciera sobre una base contingente o hipotética; y dudamos de la viabilidad de tal enfoque. No aceptamos que Estados Unidos se haya abstenido por razones tácticas de ofrecer garantías en una fase anterior, o que haya actuado de mala fe al optar por ofrecerlas sólo en la fase de apelación.»

El Alto Tribunal también ha tratado de justificar por qué Estados Unidos esperó hasta después de la audiencia de extradición en septiembre de 2020 para ofrecer sus garantías. «Observamos que la decisión de que todos los alegatos finales debían hacerse por escrito, en un caso en el que los argumentos se habían extendido a lo largo de muchos días de audiencia, bien puede haber contribuido a la dificultad a la que se enfrentó Estados Unidos para ofrecer garantías adecuadas antes de lo que lo hizo», ha dicho el tribunal.

Las garantías de Estados Unidos parecen contener un error. Prometen que Assange no será retenido antes del juicio en la prisión ADX de Florencia, cuando Assange sería retenido antes del juicio en el Centro de Detención de Alejandría.

Cuestión de salud mental

El Alto Tribunal rechazó el motivo 3 de la apelación de Estados Unidos, según el cual el testimonio del testigo de la defensa, el profesor Michael Kopelman, no debería tener ningún peso porque en su primer informe ante el tribunal inferior ocultó la relación que Assange tenía con Stella Moris y sus dos hijos. Baraitser había dictaminado que, aunque engañó al tribunal, era humanamente comprensible dados los riesgos para Moris y los niños.

Esos riesgos provenían del contratista de la C.I.A., UC Global, que estaba espiando a Assange y a todos sus visitantes en la embajada de Ecuador en Londres, incluida Moris, y a los abogados y médicos de Assange. El Tribunal Superior no ha mencionado esto, pero ha concluido:

«Se afirma que la jueza –que, por supuesto, había visto y oído todas las pruebas, y era muy consciente de las críticas formuladas en el contrainterrogatorio del profesor Kopelman– aceptó que había hecho dos declaraciones engañosas en su primer informe, pero concluyó, no obstante, que su dictamen pericial era imparcial y fiable. Tenía derecho a llegar a esa conclusión y no hay ninguna base para que este tribunal lo rechace».

Sin embargo, el Alto Tribunal ha criticado duramente a Kopelman por violar su juramento de decir la verdad ante el tribunal. «Con todos los respetos a la jueza, no podemos estar de acuerdo con su conclusión implícita de que las faltas del profesor Kopelman podrían excusarse o pasarse por alto simplemente porque su conducta podría considerarse como ‘una respuesta humana comprensible’».

Asegurado por las garantías

A pesar de este fallo, el Alto Tribunal ha dejado claro que ha basado toda su decisión de anular la liberación de Assange en la aceptación de las garantías de Estados Unidos. Ha aceptado el argumento de Estados Unidos de que «el riesgo de que el Sr. Assange fuera sometido a las SAMs y/o fuera detenido en el ADX estaba ‘al frente y en el centro’ de las opiniones de ambos [testigos de la defensa], el profesor [Michael] Kopelman y el Dr. [Quinton] Deeley, y fue la base de la decisión de la jueza de que la extradición sería perjudicial. Una vez eliminado ese riesgo por las garantías, el juez habría llegado a una decisión diferente». El tribunal ha añadido:

«Dado el énfasis que la jueza puso en el ‘régimen más duro de las SAMs’, y dado que las pruebas del profesor Kopelman y del Dr. Deeley sobre el riesgo de suicidio se basaban en que el Sr. Assange estuviera detenido en duras condiciones de aislamiento, no podemos aceptar la afirmación de que la conclusión de la jueza habría sido la misma si no hubiera encontrado un riesgo real de detención en esas condiciones.»

En otras palabras, el Alto Tribunal ha aceptado que las condiciones de reclusión de Assange eran el factor clave para su riesgo de suicidio, y que una vez que la seguridad de Estados Unidos eliminara ese factor, Assange debería ser extraditado.

La C.I.A.

Ni las palabras «C.I.A.» ni «Agencia Central de Inteligencia» aparecen en ninguna parte de la decisión del Alto Tribunal, pese a que la seguridad de Moris estaba en riesgo por culpa de la C.I.A. y, lo que es más significativo, porque la C.I.A. había considerado seriamente secuestrar o matar a Assange mientras estaba en la embajada.

Este complot se presentó como prueba en la audiencia de extradición de Assange en septiembre de 2020 y con mucho más detalle en la audiencia del Tribunal Superior a finales de octubre, cuando el abogado de Assange, Mark Summers QC, se refirió al informe de Yahoo! News sobre el complot de la C.I.A.

Argumentó que Assange no podía ser extraditado a un Estado cuyos servicios de inteligencia habían estudiado un plan para matarlo. ¡En su conclusión, Summers recomendó que los dos jueces del alto tribunal leyeran el informe de Yahoo! Si lo han hecho, claramente lo han ignorado.

De hecho, ha rechazado un nuevo alegato de Assange en el que se afirmaba que Estados Unidos había cometido «un abuso del proceso, ya que se vio impulsado por motivos ulteriores». El Alto Tribunal dijo: «La DJ [Baraitser] se mostró satisfecha de que los fiscales federales que presentaron los cargos contra el Sr. Assange actuaron de buena fe».

Reacciones

No ha habido ninguna reacción inmediata del gobierno de Estados Unidos a la decisión del Alto Tribunal.

El editor jefe de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, ha dicho: «La vida de Julian vuelve a estar gravemente amenazada, al igual que el derecho de los periodistas a publicar material que los gobiernos y las corporaciones consideran inconveniente».

Moris, la prometida de Assange, ha emitido un comunicado tras la sentencia.

Joe Lauria es redactor jefe de Consortium News y antiguo corresponsal en la ONU de The Wall Street Journal, Boston Globe y otros numerosos periódicos. Fue reportero de investigación para el Sunday Times de Londres y comenzó su labor profesional con 19 años como colaborador para The New York Times.  Se le puede localizar en joelauria@consortiumnews.com y seguir en Twitter @unjoe.

Fuente: Consortium News

Julian Assange sufre un derrame cerebral en la prisión de Belmarsh

L‘Hora · 12 de diciembre de 2021

Julian Assange sufre un derrame cerebral en la prisión de Belmarsh: su mujer culpa al estrés extremo causado por la batalla de extradición de Estados Unidos [Sarah Oliver – Mail on Sunday, 12.12.2021]

– Julian Assange sufrió un derrame cerebral en la prisión de Belmarsh, según ha revelado su mujer Stella Moris.

– El editor de WikiLeaks, de 50 años, se encuentra en prisión preventiva en la cárcel de máxima seguridad.

– Se cree que el mini-accidente cerebrovascular fue provocado por el estrés de la acción judicial de Estados Unidos.

– El ictus se produjo en el momento de la comparecencia ante el Alto Tribunal por videoconferencia en octubre.

Julian Assange sufrió un derrame cerebral en la prisión de Belmarsh, según reveló anoche su mujer Stella Moris.

El editor de WikiLeaks, de 50 años, que se encuentra en prisión preventiva en la cárcel de máxima seguridad mientras lucha por su extradición a Estados Unidos, quedó con el párpado derecho caído, problemas de memoria y signos de daño neurológico.

Cree que el miniaccidente cerebrovascular fue provocado por el estrés de la acción judicial en curso en Estados Unidos contra él, y un deterioro general de su salud, ya que se enfrenta a su tercera Navidad entre rejas.

Ocurrió durante una comparecencia ante el Tribunal Superior por videoconferencia desde Belmarsh en octubre.

Un «ataque isquémico transitorio» –la interrupción del suministro de sangre al cerebro– puede ser una señal de advertencia de un derrame cerebral completo. Assange se ha sometido a una resonancia magnética y está tomando medicamentos contra el ictus.

La abogada Moris, de 38 años, dijo: «Julian está luchando y me temo que este mini-accidente cerebrovascular podría ser el precursor de un ataque más importante. Esto agrava nuestros temores sobre su capacidad de supervivencia cuanto más dure esta larga batalla legal.

Es urgente que se resuelva. Mira a los animales atrapados en jaulas en un zoológico. Les acortan la vida. Eso es lo que le pasa a Julian. Los interminables casos judiciales son extremadamente estresantes mentalmente.»

Dijo que se le mantenía en su celda durante largos períodos y que «le faltaba aire fresco y luz solar, una dieta adecuada y los estímulos que necesita».

Assange se enfrentó a un importante revés legal el viernes, cuando el Tribunal Superior anuló una sentencia dictada este año que impedía su extradición a Estados Unidos para enfrentarse a cargos en virtud de la Ley de Espionaje estadounidense.

Sus abogados argumentaron con éxito que se le mantendría en condiciones en Estados Unidos que podrían conducir a un grave riesgo de suicidio. El Tribunal Superior revocó la sentencia anterior después de que el gobierno estadounidense ofreciera garantías sobre su posible encarcelamiento.

Pero la Sra. Moris dijo: «Creo que este juego de ajedrez constante, batalla tras batalla, el estrés extremo, es lo que causó el derrame cerebral de Julian el 27 de octubre.

Se sentía muy mal, demasiado enfermo para seguir la vista, y el juez le excusó pero no pudo salir de la sala de vídeo de la prisión.

Debe haber sido horrible escuchar una apelación ante el Tribunal Superior en la que no puedes participar, en la que se discute tu salud mental y tu riesgo de suicidio y en la que Estados Unidos argumenta que te lo estás inventando todo.

Tuvo que asistir a todo esto cuando debería haber sido excusado. Estaba en un estado realmente terrible. Sus ojos no estaban sincronizados, su párpado derecho no se cerraba, su memoria era borrosa.»

Assange fue examinado por un médico, que detectó un retraso en la respuesta de la pupila cuando se le iluminó un ojo, un signo de posible daño nervioso.

La Sra. Moris y Assange tienen dos hijos, Gabriel, de cuatro años, y Max, de dos, y son pareja desde hace cinco años. Ella dijo que él se había recuperado «más o menos», pero teme que el ataque demuestre que su salud está fallando.

Ayer le visitó durante una hora aproximadamente, llevando a los niños a verle en una sala de la prisión que comparten decenas de reclusos y sus seres queridos.

Dijo que Assange estaba angustiado por estar alejado de su familia, y añadió: «Le resulta difícil la perspectiva de una tercera Navidad en prisión».

Estados Unidos quiere que Assange se enfrente a las acusaciones de conspiración para obtener y divulgar información de defensa nacional después de que Wikileaks publicara cientos de miles de documentos filtrados relacionados con las guerras de Afganistán e Irak.

Se refugió en la embajada de Ecuador en Londres en 2012 porque temía ser extraditado, permaneciendo durante siete años hasta que fue sacado a la fuerza y enviado a Belmarsh en 2019.

Tiene hasta el 23 de diciembre para apelar la sentencia de la semana pasada, y podría enfrentarse a muchos meses –potencialmente años– en prisión preventiva en el Reino Unido.

La Sra. Moris dijo: «Sigue siendo un escándalo que alguien que no está cumpliendo una pena de prisión sea retenido en la cárcel durante años.

Julian no es una amenaza para nadie y es un completo desprecio a su libertad individual y a nuestro derecho a una vida familiar.

Los Estados Unidos juegan sucio en todo momento, es una guerra de desgaste. Podemos ver, por el hecho de que ha sufrido una mini-apoplejía, que esto está teniendo un impacto peligroso en él.»

Un portavoz del Ministerio de Justicia dijo anoche que no haría comentarios sobre un preso en particular.

Fuente: The Mail on Sunday

Julian Assange: indignante y doloroso

Santiago O’Donnell · Página 12 · 11 de diciembre de 2021

 (Fuente: AFP)
Imagen: AFP

El fallo de la Cámara de Apelaciones británica que ordena la extradición de Assange a Estados Unidos es indignante y doloroso. Más allá de sus argumentos, que poco importan a esta altura del partido.

Indignante porque va en contra de pronunciamientos de prácticamente todos los organismos de derechos humanos del mundo, incluyendo los de Naciones Unidas, en contra de las demandas de sindicatos y asociaciones de periodistas en cinco continentes, de defensores de la libertad de expresión, de políticos e intelectuales democráticos de todo el arco político.

Assange está privado de su libertad desde hace casi una década por haber publicado en su sitio de filtraciones, WikiLeaks, información secreta y comprometedora de las fuerzas armadas y del Departamento de Estado estadounidense, incluyendo evidencias de crímenes de guerra y mentiras diplomáticas de la superpotencia de Occidente.

El fallo a favor de su extradición, que revierte la orden de no extraditar dictada en primera instancia, prolonga su calvario. No significa que sea enviado a Estados Unidos en lo inmediato y cuesta creer que ése sea el deseo de la administración demócrata de Joe Biden. En Estados Unidos Assange enfrentaría un juicio en el que la fiscalía debería demostrar que, no solo robó información en vez de recibirla y publicarla, sino que lo hizo sin la complicidad de los grandes medios que lo acompañaron en la publicación simultánea de sus revelaciones, como el mismísimo y venerado New York Times. O sea, un papelón público para un país que se vanagloria de su Primera Enmienda constitucional que en teoría garantiza la libertad de expresión.

Pero a Assange tampoco le conviene someterse a semejante circo en el norte de Virginia, cuna de la CIA y el FBI, en un país donde legisladores y funcionarios han declarado públicamente que merece la pena de muerte o directamente ser asesinado por lo que publicó. El fallo de la cámara británica será apelado e irá a la Corte Suprema y de ahí muy probablemente a la Corte Europea de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo. Pasarán los meses y tal vez los años, cambiarán los gobernantes y las circunstancias políticas y Assange seguirá pudriéndose en su calabozo de máxima seguridad, sometido a los juegos psicológicos del Pentágono con la aparente colaboración del sistema judicial británico, que te extradito, no te extradito, sí te extradito, hasta morir o volverse loco. Ese parece ser el futuro que le espera, a menos que el mundo reaccione y obligue a sus carceleros a hacer lo correcto.

Además de indignante el fallo es doloroso porque detrás de esta historia está la persona. Un ser humano con aciertos y errores, que tiene una linda familia y un grupo de amigos incondicionales. Un hombre curioso e interesado en lo que pasa en el mundo, que siguió con interés y solidaridad el proceso latinoamericano antineoliberal de principios de siglo y que fue generoso con su tiempo y disposición con muchos políticos, intelectuales, activistas y periodistas, incluyendo a quien esto escribe. Doloroso para millones de personas en todo el mundo que admiran su trabajo y temen que su suerte está atada al futuro de la democracia y la verdadera libertad de expresión, esa que permite revelar verdades incómodas. Un fallo doloroso porque en su valentía para enfrentar las peores adversidades sin claudicar un centímetro en sus valores e ideales, Julian Assange supo hacerse querer.

Julian Assange ha sufrido un derrame cerebral

Ha sucedido durante la última audiencia judicial. Sigue encarcelado en condiciones de tortura, según Naciones Unidas.

Aitor Martínez: ¿De verdad pensamos que el ‘establishment’ de Inteligencia no le someterá a un trato inhumano al llegar a EEUU?

Público · 11 de diciembre de 2021

10/12/2021 Simpatizantes de Julian Assange protestan en Londres por la decisión de la Justicia británica de extraditar a EEUU a Assange
Simpatizantes de Julian Assange protestan en Londres por la decisión de la Justicia británica de extraditar a EEUU a Assange. — Andy Rain / EFE / EPA

El letrado de Wikileaks considera que la decisión de la Justicia británica de dar vía libre a la extradición a Estados Unidos es un tremendo error y recuerda que «estamos hablando de la persona a la que la CIA planeó asesinar, de acuerdo con revelaciones recientes en la prensa norteamericana».

Minar la credibilidad de Estados Unidos en materia legal, de compromisos internacionales, de protección de los derechos humanos y la libertad de prensa serán los argumentos más relevantes de la apelación que, en los próximos días, los abogados de Julian Assange expondrán ante la Corte Suprema de Londres, para intentar revertir la resolución que da vía libre a su extradición.

La sentencia del alto tribunal británico trae a un primer plano algo más que la incomodidad que para las grandes potencias y sus Gobiernos supone el ejercicio libre del periodismo como herramienta social fiscalizadora de la acción de sus gobernantes. Y, más en concreto, sienta un peligroso precedente que permitiría que cualquier periodista, en cualquier lugar del mundo y de cualquier nacionalidad, pudiera ser considerado un objetivo a capturar por la inteligencia norteamericana o de otro Estado, por el simple hecho de desvelar acciones secretas o incómodas, como los crímenes de guerra o la corrupción de las élites.

Exactamente lo mismo por lo que se persigue actualmente a Julian Assange y que se teme, a corto plazo, pudiera alcanzar a la red de colaboradores de WikiLeaks.

El fallo de Londres

La Corte de Londres tenía dos opciones para posicionarse respecto a Julian Assange, basadas en dar respuesta a cinco puntos que eran objeto de valoración legal. Tres de ellos argumentados por la defensa ponían sobre la mesa el pésimo estado de salud del periodista, quien desde 2012 no había podido tener una vida normal. Los informes médicos aportados al tribunal, supervisados por relatores de Naciones Unidas, ponían de manifiesto el alto deterioro de su salud física y mental por tantos años de cautiverio, que podrían derivar en suicidio en caso de extradición.

Y, por otro lado, la opción que finalmente fue asumida por la Corte de Londres para permitir la extradición del fundador de WikiLeaks. Consideraban y daban por creíble que Estados Unidos «habría proporcionado un paquete de garantías de que Assange no estará sujeto a SAMS (Special Administrative Measures, en inglés) ni será encarcelado en ADX (alta seguridad con 23 horas diarias en celda de aislamiento) a menos que el reo hiciera algo posterior al ofrecimiento de estas garantías que justifiquen la aplicación SAMS o la designación a ADX». Igualmente, «Estados Unidos también ha asegurado que dará su consentimiento para que el señor Assange sea trasladado a Australia para cumplir cualquier sentencia de prisión que se le imponga».

«La CIA planeó asesinar a Assange»

Para Aitor Martínez, abogado del fundador de WikiLeaks, la decisión de la Corte de Londres es un tremendo error porque el compromiso aportado por los representantes de Estados Unidos no es creíble. «¿Alguien piensa que Julian Assange no sería encerrado en una prisión de máxima seguridad o se le aplicaría un tratamiento penitenciario durísimo?», señala Aitor Martínez. «Estamos hablando de la persona a la que la CIA planeó asesinar, de acuerdo con revelaciones recientes en la prensa norteamericana», añade.

El abogado del equipo legal de Assange insiste en que «hablamos de la persona que publicó los documentos de Vault 7 , un paquete de información sensible de la CIA sobre intromisiones sistemáticas en los dispositivos tecnológicos de los ciudadanos, causando un gran impacto en la agencia. ¿De verdad pensamos que el establishment de inteligencia no someterá a Assange a un trato inhumano al llegar allí?».

El letrado hace referencia a la investigación periodística de Yahoo News en Nueva York, en la que una treintena de testimonios de exmiembros de la Inteligencia y del servicio secreto de Estados Unidos dan cuenta de los planes diseñados por la CIA en 2017, con Donald Trump en la presidencia, cuyo propósito era capturar a Julian Assange, vivo o muerto, dentro de la Embajada de Ecuador en Londres.

Los Ina Papers para presionar a Lenin Moreno

La operación fue diseñada al mismo tiempo que se investigaban otras vías y medidas de presión que sirvieran para sacar a Assange de dicha embajada. Planes que incluían también al presidente electo de Ecuador, Lenin Moreno, y su familia, en busca de debilidades que utilizar para forzar al mandatario a expulsar al «huésped», como se identificaba al fundador de WikiLeaks refugiado en la embajada desde 2012, además de convencionales contactos diplomáticos entre ambos países.

En febrero de 2019 se difundían casualmente los llamados Ina Papers, documentos que acreditaban la existencia de empresas offshore y cuentas millonarias en paraísos fiscales, como Panamá y Belice, y propiedades en España a nombre de la familia del presidente de Ecuador. Dos meses después, el 11 abril, tras la difusión de vídeos y fotos de Julian Assange en la prensa y canales de televisión de todo el mundo, a través de una organización criminal asentada en España, el periodista y activista era finalmente expulsado de la embajada por orden de Moreno y detenido.

Los casos Mendoza y Biondo

El letrado del equipo legal de Julian Assange señala también que «Estados Unidos ha violado repetida y sistemáticamente las garantías diplomáticas en el marco de extradiciones con múltiples países europeos, y por tanto sus garantías no son creíbles».

Según el abogado español, «se han recopilado multitud de casos con diferentes países europeos en los que Estados Unidos se obligó mediante garantías diplomáticas a cumplir lo acordado con ciudadanos extraditados, pero, una vez entregada esa persona, Estados Unidos incumplió esas garantías». Recuerda Martínez un ejemplo de ello, entre tantos otros, como «es lo sucedido con la jurisdicción española y el caso Mendoza, quien fuera entregado a Estados Unidos con la condición de cumplir la eventual condena que se le impusiera en España. Tras ser sentenciado en Estados Unidos, se negaron a su traslado a España. El escándalo fue tan mayúsculo que el Tribunal Supremo condenó al Gobierno español por no haber podido conseguir que Estados Unidos cumpliera con la garantía diplomática otorgada a su ciudadano».

Este caso del que habla el jurista se refiere al caso de David Mendoza. Este hijo de españoles era residente en Estados Unidos cuando se cometieron los delitos relacionados con el tráfico de drogas y el blanqueo de capitales los que se le acusaba. En 2007 renunció a la nacionalidad estadounidense y adquirió la española.

Estados Unidos reclamó entonces su extradición por estos delitos y la Audiencia Nacional puso como condición para su extradición, aprobada por el Consejo de Ministros, que pudiera cumplir su condena en España si, en caso de ser condenado, así lo solicitaba. David Mendoza fue entregado a las autoridades estadounidenses el 30 de abril de 2009 en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Tras ser juzgado, fue condenado a 14 años de prisión y encarcelado en una prisión de New Jersey. En febrero de 2010, el reo solicitó cumplir la pena en España, pero Estados Unidos rechazó su petición de traslado a nuestro país. Ni la Justicia española ni el Gobierno de Rajoy entonces lograron la repatriación.

Pero, como recuerda el abogado de Assange, este no es el único caso en España. Destaca el del ciudadano italiano residente en España Gabriele Biondo, acusado de delitos de narcotráfico en Estados Unidos, que solicitó su extradición y fue entregado a pesar de los recursos y la intervención del Tribunal de Estrasburgo.

«Y son sólo ejemplos de múltiples casos de violaciones a garantías diplomáticas», señala Aitor Martínez. «Básicamente, violaciones que, además, pivotan sobre una misma realidad. Y es que las garantías que pueda dar el Departamento de Justicia de Estados Unidos son papel mojado, ya que posteriormente la persona será sometida a un órgano judicial que no está obligado por esas garantías dadas por otro órgano ante el que no están vinculados. De ahí que esas garantías se violen repetidamente en Estados Unidos».

El recorrido del caso Assange aún podrá prolongarse durante algunos meses y con la mirada puesta en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos como último recurso, si llegado el momento Reino Unido accede a la extradición de Assange a Estados Unidos para ser juzgado y, previsiblemente, condenado de facto a una cadena perpetua.

Assange está reclamado por la Justicia de Virginia, sede de la CIA

El abogado del despacho de Baltasar Garzón apunta que «la alegación de Estados Unidas de que Assange tendría un juicio justo e, incluso, podría ser declarado inocente, choca con la realidad judicial que este se encontraría allí».

Aitor Martínez señala que el fundador de WikiLeaks «está reclamado por el Distrito Este de Virginia, un órgano judicial que reside en la misma localización que las grandes agencias de inteligencia del país». Señala que «de hecho, los jurados están compuestos, mayoritariamente, por personas vinculadas al establishment de la Inteligencia del país».

En este sentido, añade que «las estadísticas en ese distrito hablan por sí solas. Es prácticamente imposible salir inocente de aquella jurisdicción, toda vez que las personas que componen esos jurados son normalmente trabajadores de las agencias, familiares de esos trabajadores o personas vinculadas».

Assange se aferra a una última vía legal para frenar ‘in extremis’ su extradición a EEUU

Público · 10 de diciembre de 2021

10/12/2021 Stella Moris, socia del fundador de Wikileaks, Julian Assange, pronuncia un comunicado ante el Tribunal Superior de Londres
Stella Moris, pareja del fundador de Wikileaks, Julian Assange, pronuncia un comunicado ante el Tribunal Superior de Londres, tras conocerse el fallo que da vía libre a la extradición — Andy Rain / EFE

Tras el fallo del Tribunal de Apelación de Londres, este viernes, que da luz verde a la extradición de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, para ser juzgado en Estados Unidos, aún cabe una mínima esperanza de que finalmente no se lleve a cabo su entrega a las autoridades estadounidenses, que le acusan de 17 delitos relacionados con la Ley de Espionaje y uno de piratería informática, por ayudar supuestamente a la militar Chelsea Manning; unos cargos que podrían suponerle a Assange hasta 175 años de condena

La defensa de Julian Assange, que tiene ahora 50 años, dispone de 14 días para presentar su apelación en la Corte Suprema, aunque, según ha informado su equipo jurídico a Público, el recurso estará listo en menos tiempo. 

Si la Corte Suprema admitiera el recurso, se prevé otra batalla judicial con Estados Unidos; si lo rechazara –lo más previsible–, el último paso en el recorrido del caso es el Tribunal de Magistrados de Westminster, competente en las solicitudes de extradición, donde un juez de distrito trasladará el expediente al secretario de Estado de Interior para decidir si se procede finalmente a la extradición.

La defensa del fundador de WikiLeaks no tira la toalla, cree que aún hay margen para impedir la entrega a Estados Unidos y está dispuesta a agotar todas las posibilidades, por lo que el proceso podría durar algunos meses más. En todo caso, la última palabra no la tendrá la Justicia británica sino el Gobierno de Boris Johnson, como indican a este medio fuentes jurídicas.En caso de ser extraditado finalmente, Assange será entregado a la Corte del Distrito Este de Virginia (Estados Unidos), un órgano judicial que reside en la misma localización que las grandes agencias de inteligencia norteamericanas.

La principal baza en la defensa de Julian Assange es el peligro para su salud psicológica, e incluso para su vida, que entrañaría la decisión de extraditarle a Estados Unidos. El periodista australiano lleva encarcelado en Reino Unido desde abril de 2019, cuando fue detenido a raíz del asalto a la embajada de Ecuador en Londres, donde llevaba refugiado siete años. Un informe forense del psiquiatra Michael Kopelman acredita el alto riesgo de suicidio que existe en el caso de que Assange sea finalmente extraditado.

Descartada la motivación política

Pese a que la jueza Vanessa Braitser se basó en ese informe pericial para denegar la petición de extradición el pasado 4 de enero, no tuvo en consideración el argumento principal para oponerse a la entrega a Estados Unidos esgrimido por la defensa de Assange, coordinada por el abogado y exjuez español Baltasar Garzón: la motivación política que denuncia el fundador de Wikileaks respecto a su persecución como periodista por el Gobierno de EEUU.

En 2010, el portal de Julian Assange publicó cientos de cables del Departamento de Estado estadounidense en los que se demostraba la vulneración de los derechos humanos en Guantánamo y durante las invasiones norteamericanas de Irak y Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre. En los documentos secretos desvelados por Wikileaks quedaba en evidencia el abuso del ejército estadounidense en cuanto a las muertes de civiles.

El antecedente más directo del caso Assange es el que frenó la extradición del dictador chileno Augusto Pinochet en el año 2000, cuando el entonces ministro del Interior inglés Jack Straw decidió liberarlo por razones humanitarias, pese a que la Justicia británica había acordado su extradición a España para ser juzgado por una treintena de delitos de torturas. Precisamente este caso, impulsado desde la Audiencia Nacional en España por el entonces juez Baltasar Garzón, será tenido en cuenta en el recurso de apelación de los abogados de WikiLeaks, coordinados por el propio despacho de Garzón, según ha podido saber Público.

El caso Pinochet

En octubre de 1999 el juez británico Roland Bartle aceptó la extradición del exdictador chileno a España, después de su detención en Londres hacía casi un año en virtud de la orden de detención internacional impulsada por el entonces juez Garzón desde la Audiencia Nacional. Se daba así el primer paso para que Pinochet fuera finalmente juzgado por genocidio en España, en aras a la entonces vigente jurisdicción universal.

Sin embargo, tres meses después, el ministro del Interior británico, Jack Straw, cambió el signo de los acontecimientos, al admitir una serie de informes periciales sobre la salud del dictador. «No está en estos momentos en condiciones de someterse a juicio y no es de esperar que se produzca un cambio en su situación actual», dijo Straw para rechazar la extradición. Finalmente el 2 de marzo de 2000, el ministro decidió liberar a Pinochet, que ese mismo día regresó a Chile. Pinochet falleció en diciembre de 2006 sin ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura chilena (1973-1990). 

El caso de Assange sólo se parece al de Pinochet en el deterioro de la salud como exigencia para pedir la liberación; en el caso del periodista, su salud mental, después de llevar privado de libertad desde 2012, cuando se refugió en la embajada de Ecuador en Londres. El Gobierno británico está obviando conscientemente, según opinan fuentes jurídicas, que Assange y su medio ejercieron su libertad de prensa en aras del derecho a la información, que nada tiene que ver con la protección a un dictador como Pinochet. 

En el caso Assange, ha sido el juez Timothy Holroyde el que, ante una sala abarrotada, ha pronunciado este viernes la fatal frase: «El tribunal admite el recurso [de Estados Unidos]». El juez ha indicado que el Gobierno estadounidense «ha ofrecido suficientes garantías de que Assange recibirá el trato adecuado para proteger su salud mental». En la balanza, han primado esas supuestas garantías ofrecidas por Estados Unidos de un juicio justo y una estancia en prisión provisional garantista sobre el riesgo real de suicidio y de problemas psicológicos acreditados por informes periciales. 

Derecho a la información

El portal WikiLeaks ha anunciado que recurrirá la decisión del Tribunal de Apelación británico. El visto bueno a la extradición afecta en primer lugar a  Assange, pero también al resto de componentes de WikiLeaks y de otros medios y plataformas que informan sobre asuntos sensibles de Estados Unidos y desvelan información secreta. Está en juego la integridad de cientos de periodistas; en definitiva, la libertad de información. Por eso, cada paso judicial es fundamental. 

Así lo ha manifestado este viernes la abogada Stella Moris, pareja de Assange, con el que tiene dos hijos. Moris ha descrito el fallo judicial como «peligroso y equivocado» y un «grave error judicial». «¿Cómo puede ser justo, cómo puede ser correcto, cómo puede ser posible extraditar a Julian al mismo país que conspiró para matarlo?». 

Como ya informó Público, en 2017, tras la llegada al poder de Donald Trump y con Mike Pompeo como director de la CIA, se planeó secuestrar o asesinar a Julian Assange. A esos planes se ha referido este viernes Stella Moris frente al tribunal de Londres, donde se han congregado decenas de defensores de WikiLeaks. 

Las organizaciones de derechos humanos claman contra la extradición de Julian Assange. Amnistía Internacional incide en que las llamadas «garantías» en las que se basa el Gobierno de Estados Unidos «dejan a Assange en riesgo de malos tratos», son «intrínsecamente poco fiables» y «deben rechazarse». Amnistía alega que los cargos contra Assange tienen «motivos políticos». 

La aportación de WikiLeaks en España

WikiLeaks ha desvelado a lo largo de los años numerosas informaciones cruciales que afectan a los secretos de Estado de varios países. En España, entre marzo de 2012 y diciembre de 2015, Público dio a conocer cerca de cuarenta informaciones exclusivas gracias a los archivos de la plataforma dirigida por Julian Assange. Una de ellas, difundida el 23 de marzo de 2012, revelaba que la compañía privada de espionaje Stratfor, conocida como la CIA en la sombra, había dirigido su mirada hacia el movimiento español 15-M. 

Los cables de Wikileaks que Público difundió en exclusiva en España también aportaron datos sobre el ahora rey emérito y sus relaciones con las estructuras de poder de Estados Unidos. Este periódico dio a conocer, entre otras cosas, que la diplomacia estadounidense apostaba por Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco pese a que la monarquía no contaba con apoyo popular en España. Así constaba en un documento secreto del Departamento de Estado fechado el 23 de octubre de 1975, con Francisco Franco al borde de la muerte.

John Pilger: Un día en la moribunda justicia británica

Rebelion.org · 18 de agosto de 2021

El jueves 12 de agosto estuve sentado en los Reales Tribunales de Justicia de Londres junto a Stella Moris, la compañera de Julian Assange. Conozco a Stella desde que conozco a Julian. Ella también es una voz que clama por la justicia, procedente de una familia que luchó contra el fascismo del apartheid. Hoy su nombre fue pronunciado en el tribunal por una abogada y un juez, personas nada memorables si no fuera por el poder que les otorga su cargo.

La abogada, Clair Dobbin, está a sueldo del régimen de Washington, antes del de Trump y ahora del de Biden.  Es la sicaria de Estados Unidos, o la “conseguidora”, como ella preferiría que la llamaran. Su objetivo es Julian Assange, alguien que no ha cometido ningún crimen y ha desempeñado un servicio público de carácter histórico al revelar los actos criminales y los secretos en los que los gobiernos, especialmente los que se consideran democráticos, basan su autoridad.

Para aquellos que puedan haberlo olvidado, Wikileaks, organización de la que Assange es fundador y editor, desveló los secretos y mentiras que condujeron a la invasión de Irak, Siria y Yemen, el papel criminal del Pentágono en docenas de países, el plan de acción para la catástrofe de veinte años que ha sido Afganistán, los intentos de Washington por derribar gobiernos electos, como el de Venezuela, la connivencia entre supuestos adversarios políticos (Bush y Obama) para suprimir la investigación sobre la tortura y los planes de la CIA (desvelados en los documentos denominados Vault 7) para convertir su teléfono móvil e incluso su aparato de televisión en espías.

Wikileaks publicó casi un millón de documentos de Rusia que permitieron a sus ciudadanos alzarse por sus derechos. Reveló que el gobierno australiano había conspirado con el de EE.UU. contra uno de sus ciudadanos, Julian Assange. Puso nombre a los políticos australianos que habían pasado “información” a EE.UU. Realizó la conexión entre la Fundación Clinton y el ascenso del yihadismo en los Estados del Golfo armados por Estados Unidos.

Todavía hay más: Wikileaks reveló la campaña de EE.UU. destinada a moderar los salarios en  “países maquila” como Haití, la campaña de tortura de la India en Cachemira, el acuerdo secreto del gobierno británico para proteger los “intereses estadounidenses” en su investigación oficial sobre Irak y el plan del Foreign Office británico para crear una falsa “zona de protección marítima” en el Océano índico, con el fin de negar a los habitantes del archipiélago de Chagos el derecho a regresar a sus hogares.

En otras palabras, Wikileaks nos ha informado verazmente de quienes nos gobiernan y nos llevan a la guerra, permitiéndonos ser críticos con la propaganda precocinada y repetitiva que llena los periódicos y las pantallas de los televisores. Eso es el verdadero periodismo. Y por el crimen de hacer verdadero periodismo, Assange ha pasado la mayor parte de la última década encarcelado, de una forma o de otra, incluyendo la prisión de Belmarsh, un lugar terrible.

Diagnosticado con el síndrome de Asperger, Julian es un intelectual visionario motivado por su convicción de que la democracia no es democracia si no es transparente y rinde cuentas ante sus ciudadanos.

La semana pasada Estados Unidos buscaba la aprobación del tribunal supremo británico para ampliar los términos de su apelación contra la decisión tomada en enero por la juez de distrito, Vanessa Baraitser, de denegar la extradición de Assange. Baraitser aceptó la profundamente perturbadora evidencia presentada por una serie de expertos según la cual la vida de Assange correría peligro si entrara dentro del infame sistema carcelario de EE.UU.

El profesor Michael Kopelman, una autoridad mundial en neuropsiquiatría, había declarado que Assange encontraría el modo de acabar con su vida como resultado directo de lo que Nils Melzer, el Relator de Naciones Unidas sobre la Tortura, describió como el “cobarde acoso” a Assange por parte de los gobiernos y de sus lacayos mediáticos.

Quienes estuvimos en la sala de Old Bailey el pasado septiembre y escuchamos el testimonio de Kopelman quedamos conmocionados y conmovidos. Yo estaba sentado junto al padre de Julian, John Shipton, que se cubría la cabeza con las manos. El tribunal pudo escuchar también el descubrimiento de una cuchilla de afeitar en la celda de Julian en Belmarsh, que había hecho llamadas desesperadas a [la ONG de prevención del suicidio] los Samaritanos, escrito notas y muchas otras cosas que nos dejaron a todos consternados.

Tras escuchar al abogado principal a sueldo de Washington, John Lewis (un antiguo militar que utiliza la fórmula servilmente teatrera “ajá”  con los testigos de la defensa) reducir estos hechos a “fingimiento” y al “falso testimonio” de los expertos, nuestro espíritu se animo con la respuesta de Kopelman, cuando explicó que el propio Lewis le había buscado en otra ocasión para que diera su opinión experta en otro caso.

La compinche de Lewis es Clair Dobbin, que tuvo su gran día en la audiencia del jueves pasado. Ella se encargó de redondear las calumnias a Kopelman. Un estadounidense con cierta autoridad se sentaba tras ella en la sala. Dobbin afirmó que Kopelman había “engañado” a la juez Baraitser en septiembre porque no había divulgado que Julian Assange y Stella Moris eran pareja y que sus dos hijos, Gabriel y Max, fueron concebidos durante el periodo en que Julian había buscado refugio en la embajada ecuatoriana en Londres.

Aparentemente este hecho restaba importancia al diagnóstico médico de Kopelman: que Julian, encerrado en aislamiento en la prisión de Belmarsh y enfrentado a su extradición a EE.UU. sobre la base de falsos cargos de “espionaje”, había sufrido una grave depresión psicótica y había planeado, o incluso había intentado, acabar con su propia vida.

Por su parte, la juez Baraitser no observaba ninguna contradicción. Desde marzo de 2020 conocía la naturaleza de la relación entre Stella y Julian, y el profesor Kopelman había hecho referencia a ella en su informe de agosto de 2020. Así pues, tanto la juez como el tribunal tenían pleno conocimiento de la misma antes de que se celebrara la principal audiencia sobre la extradición en septiembre. En su veredicto de enero Baraitser afirmó:

“[El profesor Kopelman] evaluó al Sr. Assange en el periodo entre mayo y diciembre de 2019 y estaba en inmejorable disposición para considerar sus síntomas de primera mano. Ha sido sumamente cuidadoso en proporcionar un relato documentado sobre los antecedentes del Sr. Assange y su historial psiquiátrico. Ha prestado la máxima atención a las notas médicas de la prisión y ha proporcionado un detallado resumen anexo a su informe de diciembre. Es un médico forense experimentado y era plenamente consciente de la posibilidad de exageración o fingimiento de enfermedad. No hay razones para dudar de su opinión clínica”.

Añadió, además, que “no había sido engañada” por la exclusión de la relación entre Stella y Julian en el primer informe de Kopelman y que entendía que Kopelman estaba protegiendo la intimidad de Stella y de sus dos hijos pequeños.

En realidad, como bien sé, la seguridad de la familia siempre ha estado amenazada. Como muestra les contaré que un guardia de seguridad de la embajada confesó que le habían pedido que robara uno de los pañales del bebé para que una empresa contratada por la CIA pudiera analizar su ADN. Ha habido una sarta de amenazas que no se han hecho públicas contra Stella y sus hijos.

Para EE.UU. y sus mercenarios legales en Londres, dañar la credibilidad de un renombrado experto al sugerir que retenía esta información era una forma, con la que sin duda contaban, de dar nuevo impulso a su debilitado caso contra Assange. En junio el periódico islandés Stundin informó de que un testigo clave de la acusación contra Assange admitió haber fabricado la evidencia. La acusación de “pirateo” que EE.UU. tenía la esperanza de usar contra Assange si podían echarle las manos encima dependía de esta fuente y este testigo, Sigurdur Thordarson, un informante del FBI.

Thordarson había trabajado como voluntario para Wikileaks en Islandia en 2010 y 2011. En 2011, cuando se levantaron cargos penales contra él, contactó con el FBI y se ofreció como informante a cambio de lograr inmunidad ante cualquier acusación. Resulto que era un estafador convicto que malversó 55.000 dólares de Wikileaks y había cumplido dos años de prisión. En 2015 fue sentenciado a tres años más por delitos sexuales contra muchachos adolescentes. El Washington Post considera que la credibilidad de Thordarson es el “núcleo” del caso contra Assange.

En la audiencia de la semana pasada, el presidente del Tribunal Supremo Holroyde no hizo mención alguna a este testigo. Su motivo de preocupación era que la juez Baraitser hubiera dado demasiado peso al testimonio del profesor Kopelman, un hombre venerado en su campo. Afirmó que era “muy poco habitual” que un tribunal de apelación tuviera que reconsiderar las evidencias aportadas por un experto y aceptadas por un tribunal inferior, pero estuvo de acuerdo con la Sra. Dobbin en que eran “engañosas”, aunque aceptó la “respuesta comprensiblemente humana” de Kopelman con el fin de proteger la privacidad de Stella y de los niños.

Si usted es capaz de descifrar la lógica arcana de todo esto, posee una capacidad de comprensión mayor que la mía, que he seguido este caso desde el principio. Es obvio que Kopelman no engañó a nadie. La juez Baraitser –cuya hostilidad personal hacia Assange fue evidente durante el juicio– declaró no haber sido engañada, ese tema no era una cuestión; no tenía importancia alguna. Entonces ¿por qué el presidente del Tribunal Supremo Lord Holroyde dio un giro al lenguaje con sus legalismos equívocos y envió a Julian de vuelta a su celda y a sus pesadillas? En ese lugar tendrá que esperar hasta la decisión final que se tome en octubre y que, para Julian, es una decisión de vida o muerte.

¿Y por qué Holroyde dejó que Stella saliera de la sala del tribunal temblando de angustia? ¿Por qué es “poco habitual” este caso? ¿Por qué arrojó una balsa salvavidas a la banda de matones del fiscal del Departamento de Justicia de Washington –que tuvo su gran oportunidad bajo la presidencia de Trump y que había sido rechazada por Obama– cuando su caso podrido y corrupto contra un periodista ejemplar se hunde como se hundió el Titanic?

Eso no significa necesariamente que en octubre toda la bancada del Tribunal Supremo vaya a ordenar la extradición de Assange. Supongo que en las capas superiores de la estructura que constituye el sistema judicial británico existen personas que creen en la verdadera ley y la verdadera justicia, de las que el término “justicia británica” toma su consagrada reputación en la tierra de la Carta Magna. Ahora recae sobre sus hombros armiñados la responsabilidad de que esa historia viva o muera.

Me senté con Stella en la columnata del tribunal mientras ella bosquejaba unas palabras para la multitud de medios de comunicación y simpatizantes que esperaban afuera al sol. Un taconeo precedió a la peripuesta Clair Dobbin, con su ondeante cola de caballo, que caminaba con su carpeta de archivos y su apariencia de seguridad: alguien capaz de afirmar que Julian “no está tan enfermo” como para considerar el suicidio. ¿Cómo puede ella saberlo?

¿Acaso ha atravesado la Sra. Dobbin el laberinto medieval de Belmarsh para sentarse con Julian, como han hecho los profesores Kopelman y Melzer, como ha hecho Stella, o como he hecho yo mismo? No importa. Estados Unidos ha prometido ahora no encerrarle en un infierno, al igual que “prometió” no torturar a Chelsea Manning, la misma promesa.

¿Acaso ha leído ella la filtración de Wikileaks de un documento del Pentágono fechado el 15 de marzo de 2009? En él se vaticinaba la guerra actual contra el periodismo. Los servicios de inteligencia de EE.UU., afirmaba, tenían la intención de destruir el “centro de gravedad” de Wikileaks y de Julian Assange mediante amenazas y “procesamiento penal”. La lectura de sus 32 páginas no deja lugar a dudas de que su objetivo era silenciar y criminalizar al periodismo independiente y la difamación el método elegido.

Intenté cruzar la mirada con la Sra. Dobbins pero siguió su camino con decisión: misión cumplida.

En el exterior Stella se esforzaba por contener la emoción. Es una mujer valiente, al igual que su compañero es un hombre de coraje. “De lo que no se ha hablado hoy –dijo Stella– es de por qué yo temo por mi seguridad, por la de mis hijos y por la vida de Julian. Ni de las amenazas y la intimidación constantes que hemos soportado durante años, que nos han aterrorizado y han aterrorizado a Julian durante 10 años. Tenemos derecho a vivir, tenemos derecho a existir y tenemos derecho a que esta pesadilla se acabe de una vez por todas”.

John Pilger es un periodista, escritor y documentalista antiimperialista australiano. Merecedor de múltiples premios y muy crítico con los grandes medios. Ha apoyado a Assange a lo largo de su reclusión. Se le puede seguir en su web www.johnpilger.com

Fuente: https://www.counterpunch.org/2021/08/13/a-day-in-the-death-of-british-justice/

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo