El juez Garzón cuestiona las garantías de EEUU a Reino Unido para la entrega de Assange

Sputnik · 23 de julio de 2021

Las garantías que el departamento de Justicia de EEUU dio al Reino Unido a cambio de la entrega del cofundador de Wikileaks, Julian Assange, no son fiables, declaró el abogado Baltasar Garzón, en una entrevista por correo electrónico con Sputnik.

«EEUU ha vulnerado sistemáticamente las garantías ofrecidas en otros procesos de extradición con países europeos. De hecho, es una tónica habitual que en el marco de una extradición se ofrezcan unas garantías que posteriormente no se atienden. En el caso de la jurisdicción española ha ocurrido anteriormente», constata Garzón.

La causa ha pasado al tribunal de Apelación de Inglaterra, que autorizó el recurso, a principios de mes, bajo tres de los cinco puntos legales planteados por EEUU. Estos incluyen «garantías» de que Assange no será encarcelado en condiciones de extrema seguridad si Londres consiente la extradición.Además, el periodista australiano, que se enfrenta a 175 años entre rejas por 18 cargos de espionaje e intrusión informática, tendría la oportunidad de cumplir la condena en su país natal, si los jueces de apelación aceptan la propuesta de Washington.

«Esas obligaciones internacionales que pretende suscribir Estados Unidos no deben ser tenidas en cuenta por el tribunal británico», subraya el exmagistrado.

Trama de espionaje contra Assange

La trama de escuchas ilegales que se descubrió en la sede diplomática de Ecuador constituye unos «hechos gravísimos», aseguró el abogado español.

«Se trata de hechos gravísimos. La presunta implicación de los servicios de inteligencia de EEUU, a través de UC GLOBAL, para espiar a Julian Assange, sus visitas y específicamente a mí dentro de la Embajada de Ecuador es de una gravedad inusitada», enfatizó.

Garzón subrayó que «evidentemente se han vulnerado todos los derechos posibles y cualquier atisbo de un debido proceso está anulado en este caso«.

A la vez, indicó que el equipo de abogados de Assange confía en una segunda victoria en el Alto Tribunal, con un veredicto que garantice su libertad y ampare la investigación y difusión informativas.

«No sólo está en juego una persona, Julian Assange, ni una organización, WikiLeaks, sino que está en juego la libertad de prensa en el mundo. Este es un elemento que estoy seguro la justicia británica va a tener en cuenta, el peligrosísimo precedente que se podría asentar», observa el exmagistrado español.

La causa abierta en la Audiencia Nacional de España –iniciada por una denuncia de Assange– apunta a que existen indicios de que la empresa sometió al periodista y sus visitantes a una vigilancia durante las 24 horas del día a través de cámaras y micrófonos ocultos entre 2015 y 2018.

De acuerdo con el sumario, con la información que se recababa a diario en la Embajada esta empresa realizaba una serie de informes que posteriormente eran «entregados a terceras personas o instituciones», entre las que «se mencionan autoridades de la República de Ecuador y agentes de los Estados Unidos».

La defensa de Assange mantiene que este sistema de espionaje, entre otras cosas, violó la confidencialidad de las reuniones con su cliente, lo que a su modo de ver invalida el proceso de extradición a EEUU que actualmente está activo en el Reino Unido.

Además, Garzón insistió en que su cliente, el cofundador de Wikileaks, debería afrontar el proceso sobre la petición de su extradición por EEUU en libertad provisional.

«Es evidente que una persona que ha sufrido casi siete años de encierro en un minúsculo piso londinense, sin acceso a la luz solar o al aire fresco, debía haber afrontado este juicio de extradición en libertad provisional», afirmó.

Subrayó que esta «era la forma óptima de garantizar su derecho a la defensa y su delicado estado de salud».

«Sin embargo, se ha optado por mantenerlo en una cárcel de máxima seguridad [Belmarsh, al sureste de Londres], en medio de una pandemia, prácticamente aislado y con difícil acceso a sus abogados por las políticas contra el COVID-19», denunció.

A la vez indicó que «la decisión ya fue tomada y ahora simplemente procede confirmar la sentencia de primera instancia y acabar con este caso”.

Libertad de prensa

La desestimación de los aspectos políticos, en particular la libertad de prensa, para denegar la extradición de Assange

En enero de 2021 la magistrada de Westminster, Vanessa Baraitser, falló en contra de la entrega de Assange a EEUU por motivos humanitarios, incluido el riesgo de suicidio en el sistema penitenciario estadounidense, pero desestimó los argumentos «políticos» de la defensa de Assange.

Según Garzón, estos argumentos deberían de «formar parte de un pronunciamiento jurisprudencial contundente que erradique la posibilidad de procesar a periodistas por publicar información veraz sobre crímenes de guerra».

«Esa es la obligación de la prensa libre y el derecho de todo periodista. Todo lo que no sea proteger esas prerrogativas, acerca la prensa a un peligroso abismo. Y si la prensa cae por ese abismo, de alguna forma cae tras ella la democracia, ya que los ciudadanos dejaríamos de tener acceso a la información y el poder actuaría sin control», alerta Garzón.

Washington reclama a Londres la entrega del nacional australiano para juzgarle por un cargo de conspiración para infiltrar sistemas informáticos gubernamentales y otros diecisiete por supuestos delitos de obtención y difusión de información confidencial en violación de la ley de Espionaje.

Las 18 imputaciones, que se penalizan con hasta 175 años en prisión de máxima seguridad, están relacionadas con la publicación en WikiLeaks de unos 90.000 partes de la guerra de Afganistán, 400.000 de Irak, 250.000 cables del Departamento de Estado y más de 800 informes sobre Guantánamo.

Las informaciones desvelan aparentes abusos de derechos humanos y presión política por los que nadie ha sido condenado.

Las turbias promesas de Biden a Julian Assange

Sputnik · 9 de julio de 2021

El retrato de Julian Assange - Sputnik Mundo, 1920, 09.07.2021

El entorno de Julian Assange reniega de la última oferta de la Administración de Joe Biden y pide al presidente estadounidense que retire los cargos y facilite la liberación inmediata del cofundador de WikiLeaks.

El «paquete de garantías» ofrecido por Estados Unidos se hizo público esta semana al mismo tiempo que el Alto Tribunal de Inglaterra y Gales Estados concedía a Washington un «permiso limitado» para recurrir el fallo contra su petición de extradición de Assange.

«Lo que EEUU está proponiendo es una fórmula para mantener a Julian en prisión para el resto de su vida. No debería estar en la cárcel un día más, ni en el Reino Unido ni en Estados Unidos ni en Australia, porque el periodismo no es un crimen», protestó su prometida y madre de sus dos hijos pequeños, la abogada Stella Moris, a través de su cuenta de Twitter.

Apelación limitada

El servicio fiscal británico (CPS, en sus siglas en inglés), que representa a Estados Unidos en el proceso, confirmó que el tribunal de apelación ha autorizado el recurso en tres de los cinco puntos planteados contra la sentencia de la magistrada de Westminster, Vanessa Baraitser, dictada en enero de 2021.

Por una parte, los jueces han negado la venia para recurrir contra los informes y el testimonio de un testigo crucial de la defensa, el siquiatra y académico Michael Kopelman, quien concluyó que Assange correría un «alto riesgo» de quitarse la vida si la «extradición se tornara inminente o ya hubiera acontecido».

EEUU tendrá la oportunidad, sin embargo, de argumentar que la magistrada «se equivocó» en su interpretación práctica del artículo de la ley de extradición sobre salud mental y física. Baraitser concluyó que sería «opresivo» entregar al exeditor de WikiLeaks quien, según diversos testigos, sufre un «desorden depresivo recurrente… con alucinaciones sicóticas» y secuelas del síndrome de Asperger.

Oferta carcelaria

Por ahora las autoridades estadounidenses han contratacado el uno de los pilares sobre los que se sustenta el fallo de la corte de primera instancia, que relacionó el riesgo de suicidio con la reclusión del periodista y programador australiano en centros de máxima seguridad, bajo el régimen de aislamiento. En el juicio, que tuvo lugar en 2020, se dio por descontado que Assange pasaría de la celda de Belmarsh, en Londres, al «inhumano» sistema penitenciario federal antes y después de ser juzgado por supuestos crímenes que se castigan con hasta 175 años entre rejas.

En concreto, EEUU ha asegurado que el imputado bajo la ley de Espionaje y por un cargo de pirateo informático no sería encarcelado en las llamadas cárceles ADX de máxima seguridad, ni sometido a regímenes especiales de confinamiento, «salvo que hiciera algo después» que conlleve tal tratamiento. El documento difundido por el CPS indica además que la Administración de Biden «autorizará la transferencia del señor Assange a Australia» a fin de que cumpla la condena en su país natal.

Engañosas y absurdas

Moris ha denunciado la farsa de ambas ofertas. «El Gobierno estadounidense dice que puede cambiar de opinión si el director de la CIA así lo aconseja cuando Julian Assange se encuentre detenido en EEUU», declaró a los medios. En un posterior debate online, la abogada alegó que la «CIA está detrás» de la masiva trama de espionaje en la Embajada de Ecuador en Londres— ella misma y su primer bebé fueron víctimas directas, además de Assange— que la Audiencia Nacional de España sigue investigando. «Las garantías son absurdas», dijo.

Moris desmontó también la oferta de traslado a una prisión australiana. La abogada puntualizó que «no es una concesión, sino un derecho» de los reclusos extranjeros, que se activa una vez agotadas las vías de apelación. «Hasta que el caso llegue al Supremo puede pasar fácilmente una década e incluso dos», denunció.El director de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, coincidió en que se trata de «una persecución política» sostenida en un «caso hueco» y testimonios falsos. «No solo está en juego la vida de Assange, sino también la libertad de prensa y el futuro de nuestros hijos», subrayó el periodista islandés.

Condena a Assange e indulto para Bannon

Víctor Sampedro · Público · 22 de enero de 2021

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En resumen y que lo entiendan bien los periodistas de investigación y filtradores: «os pudriréis en la cárcel y desearéis suicidaros». Días después y antes de abandonar el poder, Trump indultó a varios criminales de guerra. Y, entre ellos, a quien dirigió la ofensiva contra los periodistas – considerados por el ex-presidente «el enemigo número uno del pueblo norteamericano» – que le llevó a la Casa Blanca.

Steven Bannon ha sido premiado con un indulto, tras embolsarse un millón de dólares que decía recabar para construir el muro con México «sin percibir un centavo». ¿Cuánto valían en el mercado negro los cables de las guerras de Irak y Afganistán o los del Departamento de Estado que Wikileaks entregó gratis a unos medios que tanto los rentabilizaron? ¿Y qué han hecho por Assange? El periodismo corporativo vende a los ciudadanos digitales que se reclaman sujetos comunicativos de pleno derecho y se vende al mejor postor.

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Puedes leer el artículo completo aquí.

Jonathan Cook: Aunque el objetivo de EEUU y el Reino Unido no sea la muerte de Assange, todo cuanto hacen conduce a ese fin

Rebelión · 11 de enero de 2021

Timothy Krause

Algunos sectores sintieron alguna esperanza el pasado lunes tras el fallo de la jueza Vanessa Baraitser en contra de la solicitud de extraditar a Julian Assange a EE. UU., donde se arriesgaba a que le encerraran por el resto de su vida, de que finalmente pudiera estar cambiando de rumbo.

Washington quería que se silenciara permanentemente a Assange y que se convirtiera en ejemplo, para demostrar así a otros periodistas su aterrador alcance y su poder de represalia desde que el fundador de Wikileaks expuso los crímenes de guerra estadounidenses en Iraq y Afganistán hace una década.

Sin embargo, había razones para sospechar de lo que realmente estaba haciendo Baraitser, incluso cuando dictaminó a favor de Assange. Esta juez de distrito tiene todo un historial de asentir en casos de extradición, incluidos varios que recientemente han sido anulados en apelación por un tribunal superior.

Durante las audiencias en septiembre, Baraitser se mostró sin cesar complaciente con los abogados que representaban a EE. UU., a la vez que mostraba un desdén absoluto por el equipo legal de Assange, obstruyéndolo en todo momento. Su desprecio por Assange y su cosmovisión política y moral fue quedando patente durante todo el proceso. A menudo llegaba al tribunal con un guion preparado que se ponía a leer, fingiendo apenas haber escuchado los argumentos legales presentados ante ella.

Su guion favoreció siempre la línea de Washington, salvo en las ocasiones en las que adoptó una posición aún más hostil hacia Assange que la requerida por EE. UU. Esa posición incluyó aislarlo del resto del tribunal en una caja de metacrilato inexpugnable, tratándolo más como a Hannibal Lecter que como a un editor y periodista que lucha por la libertad de prensa.

La mayor parte del tiempo, Baraitser parecía, de forma desconcertante, más una fiscal que una jueza.

Primero, una sentencia peligrosa

Así pues, apenas resultó sorprendente, como expliqué en mi anterior escrito, que, aunque negó la reclamación de extradición, apoyara todos los argumentos presentados por EE. UU. atribuyéndose el derecho a procesar a Assange -y a cualquier otro periodista- por el crimen de hacer periodismo. Ignoró los hechos, el testimonio experto presentado en el tribunal y las alegaciones jurídicas -todos los cuales favorecían a Assange-, y en cambio apoyó lo que equivalía a un caso puramente político postulado por EE. UU.

Hizo caso omiso de las advertencias del equipo legal de Assange de que aceptar la lógica política para la extradición equivalía a un ataque total a las libertades periodísticas fundamentales. Estableció un precedente legal aterrador para que EE. UU. pueda apresar a periodistas extranjeros y procesarlos por “espionaje” si exponen los crímenes de Washington. Su decisión tendrá de forma inevitable un efecto profundamente paralizador en cualquier publicación que intente desenterrar la verdad sobre el estado de seguridad nacional de EE. UU., con terribles consecuencias para todos nosotros.

Baraitser, aunque respaldaba de buena gana el caso político para la extradición y juicio de Assange, sacó al mismo tiempo del aprieto al fundador de Wikileaks al aceptar las preocupaciones humanitarias planteadas por los expertos médicos y penitenciarios. Todos habían defendido que lo que cabía esperar era que la extradición a EE. UU. hiciera que Assange tuviera que pasar el resto de su vida en una bárbara prisión de máxima seguridad estadounidense, algo que podría agravar los problemas de salud mental y el riesgo de suicidio.

A continuación, una sentencia perversa

Su fallo, aunque profundamente perturbador en sus implicaciones políticas y legales, al menos sugería que Baraitser estaba dispuesta a adoptar un enfoque compasivo con respecto a la salud de Assange, aunque no reconociera su denuncia periodística de los crímenes de guerra occidentales. Debería haber salido libre en ese mismo momento si EE. UU. no hubiera declarado de inmediato que iba a apelar su decisión.

Teniendo en cuenta el descargo de Assange por parte de Baraitser, su equipo esperaba que la fianza -su liberación de una prisión de alta seguridad mientras se desarrolla el largo proceso de apelaciones- resultara una formalidad. Se apresuraron a hacer tal solicitud tras la sentencia de extradición del lunes, asumiendo que la lógica legal de su decisión dictaba su liberación. Baraitser puso reparos y sugirió que prepararan su caso y se lo presentaran con más detalle el miércoles.

Ahora parece claro que la jueza manipuló al equipo de defensa de Assange. Al parecer, al igual que a los abogados de Assange, el exembajador británico Craig Murray, que asistió e informó sobre las audiencias en detalle, asumió que Baraitser quería un caso irrebatible por parte de la defensa para justificar la decisión de liberar a Assange bajo fianza.

Había buenas razones para sentir confianza. Cualquier movimiento para evitar su liberación parecería perverso dado que ella había decidido que Assange no debería ser extraditado ni juzgado en EE. UU.

Peligro de suicidio

Los engañó a todos. Baraitser negó la libertad bajo fianza, lo que indica efectivamente que cree que su sentencia podría ser errónea y quedar anulada en un tribunal superior. Eso es algo insólito. Sugiere que no tiene confianza en su propio juicio sobre los hechos del caso. Como ha señalado Murray: “Ha habido pocos o ningún precedente de que el Tribunal Superior revocara cualquier fallo en contra de una extradición por motivos de salud de la Sección 91”.

Cualquier apelación de EE. UU. contra la decisión de Baraitser de descargar a Assange será difícil de ganar. Sus abogados tendrán que demostrar que se equivocó no en su interpretación de la ley, sino al evaluar hechos verificables. Tendrán que demostrar que la engañaron los expertos en prisiones que advirtieron -en base a las consideraciones presentadas por EE. UU.- que Assange iba a ser sometido a un confinamiento solitario permanente e inhumano en una cárcel estadounidense de máxima seguridad, o que también la engañaron los expertos médicos que la avisaron de que en esas condiciones Assange correría un riesgo significativo de suicidio.

Pero la perversidad de la decisión de Baraitser es aún más profunda. Su fallo mantiene a Assange encerrado en Belmarsh, una prisión de alta seguridad en Londres que es la versión británica de una cárcel de máxima seguridad estadounidense. Su negativa a liberarlo, o ponerlo en arresto domiciliario con un dispositivo de monitoreo GPS, contradice flagrantemente las evaluaciones de los expertos con las que estuvo de acuerdo durante la decisión de extradición del lunes: que Assange corre un alto riesgo de suicidio. Esas evaluaciones de expertos se basan en su estado actual, causado por su encarcelamiento en Belmarsh.

A diferencia de Assange, la mayoría de los reclusos de Belmarsh han sido condenados o acusados ​​de delitos graves. Aunque Assange cumplió hace mucho tiempo su única transgresión, una violación menor de las regulaciones de fianza del Reino Unido, se le ha retenido de forma sistemática en condiciones aún peores que a los otros prisioneros.

Si la salud mental de Assange está en tan mal estado y corre tanto riesgo de suicidarse, es por el horrible régimen de abusos que tenido que soportar ya en Belmarsh durante los últimos dos años, un régimen clasificado como tortura por el experto de la ONU en el tema, Nils Melzer. Elevar las esperanzas de liberación de Assange y luego encerrarlo de nuevo en su celda, negándole la oportunidad de ver a su pareja y a sus dos hijos pequeños por primera vez desde marzo, corre el riesgo de llevarlo hasta el límite, un extremo del que Baraitser es muy consciente y en el que basó su decisión de denegar la extradición.

Sin “riesgo de fuga”

En realidad, la jueza estaba tramando algo completamente distinto al retrasar la audiencia para la fianza hasta el miércoles, dos días después. Pretendía -al igual que presumiblemente quienes han estado supervisándola entre bastidores- remodelar la imagen de su tribunal, que durante meses ha dado la apariencia de estar totalmente comprometida con la administración estadounidense.

Cuando los medios corporativos levantaron brevemente la cabeza de su letargo para reconocer de forma significativa por vez primera las audiencias de Assange, Baraitser quiso asegurarse de que esos informes señalaran cuán independiente era su tribunal. Durante dos días, los comentaristas pudieron jactarse de la soberanía legal británica y los valores humanitarios, aun cuando la mayoría aceptaba tácitamente su peligrosa premisa de que la demanda de EE. UU. para pedir la extradición de Assange está justificada.

Cuando Baraitser cerró de golpe la puerta de la celda una vez más ante las narices de Assange, dejándolo exactamente donde estaba antes de que ella lo descargara, se presentó su decisión como poco más que un fallo técnico basado en una evaluación razonable del “riesgo de fuga” de Assange.

En realidad, no hay riesgo alguno de que Assange se fugue, y nunca lo hubo. No “huyó tras pagar la fianza” en 2012 al dirigirse a la embajada de Ecuador. Buscó asilo político allí para escapar de la amenaza real de que le extraditaran a EE. UU. por su labor periodística. Las autoridades ecuatorianas le aceptaron porque creían que sus temores eran auténticos.

En aquel entonces, una fiscal sueca había reactivado las demandas de que Assange regresara a Suecia para ser interrogado sobre endebles acusaciones de agresión sexual, acusaciones que habían sido rechazadas por una fiscal anterior. Ahora sabemos que esa investigación se mantuvo viva ante la insistencia británica. No obstante, Suecia se negó a dar garantías de que no extraditaría a Assange a EE. UU., donde un gran jurado estaba preparando los cargos en su contra.

Colusión ilícita

La decisión de Assange de buscar asilo en la embajada estuvo, por supuesto, completamente justificada por el hecho de que EE. UU. sí buscaba su extradición tan pronto como pudieran ponerle las manos encima.

Baraitser dejó incluso que se le viera el plumero en la audiencia de fianza, interrumpiendo su propia narrativa de que se había “fugado” en 2012 cuando declaró, ¡como evidencia contra Assange!, que había entrado en la embajada para evadir la amenaza de extradición a EE. UU.

Al hacer esa declaración socavaba la narrativa promovida durante años por todos los medios corporativos en el Reino Unido de que Assange se había “escondido en la embajada de Ecuador para huir de la investigación sueca”. (De hecho, esa declaración fue típicamente corrompida aún más por los medios de comunicación, incluido en particular The Guardian, que se refirió repetidamente no a una investigación, algo que no iba a ninguna parte, sino a “cargos de violación” completamente imaginarios).

Baraitser explotó y acentuó el sufrimiento de Assange para dejar bien a su tribunal, agregar un barniz de credibilidad a una sentencia política profundamente defectuosa y crear la impresión de que estaba emitiendo su juicio basándose en los hechos en lugar de en una connivencia ilícita con las autoridades estadounidenses que negaban a Assange sus derechos.

¿Qué viene ahora?

¿Adónde se encamina ahora el caso?

La única esperanza inmediata de Assange es que su equipo legal pueda apelar la decisión de la fianza y ganar, o que EE. UU. tire la toalla y decida no presentar su propia apelación sobre el fallo de extradición en las próximas dos semanas.

 Si Washington presiona para que se presente una apelación, algo que todavía parece probable, Assange va a tener que soportar muchos meses más en la cárcel de alta seguridad de Belmarsh, con un deterioro de salud en unas circunstancias infectadas de covid, es posible que no sobreviva si contrae la enfermedad. Como advirtieron los expertos, el coste de haber pasado casi dos años sin prácticamente ningún contacto con otros seres humanos, sin estimulación mental, sin perspectivas de liberación -con su caso ignorado por la mayoría de sus compañeros y el público-, intensificará su desesperación, su profunda depresión y el peligro de que intente quitarse la vida.

Su muerte parece ser cada vez más el resultado que Gran Bretaña y Estados Unidos desean, posiblemente el único por el que se han estado esforzando. Esa es sin duda la conclusión de Yanis Varoufakis, el intelectual público y exministro de Finanzas griego, que ha visto muy de cerca cuán dispuestas están las élites europeas y estadounidenses a aplastar despiadadamente la disidencia.

Incluso aunque la muerte de Assange no fuera el objetivo de las autoridades estadounidenses y británicas, se han asegurado temerariamente de que tal posibilidad sea cada vez más probable, y así van a seguir hasta que pongan fin de una vez a su encarcelamiento y tortura.

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El compañero periodista Assange aún puede ser extraditado a la dictadura estadounidense

Ramón Pedregal Casanova · Rebelión · 9 de enero de 2021

Solo en las dictaduras puede alguien ser encarcelado por denunciar los crímenes del régimen.

La llamada Justicia británica, esos que con el mandato estadounidense persiguieron a Assange y le acosaron durante más de 7 años en la embajada de Ecuador, y lo cercaron sin dejarle salir, espiándolo con micrófonos y cámaras que los mercenarios españoles de la CIA instalaron en los espacios en que podía estar, esos que intentaron secuestrarle entrando por ventanas y tejados, esos que ordenaron a una gavilla de bandidos entrar por la puerta que abría el mercenario embajador de L. Moreno, y lo arrastrasen y lo cargasen en un furgón aludiendo descaradamente a un mandato ilegal, esos de la Justicia británica, sucesores de aquellos cuya imagen se recuerda por el parche en un ojo y un garfio en una muñeca, que asaltaban barcos, mataban tripulaciones, robaban lo que llevase el otro y comerciaban con esclavos, los descendientes de esos son los que metieron a Julián Assange la prisión de alta seguridad y lo han tenido aislado otro año y medio, esos son los que lo enfermaron y lo han juzgado, y para ocultar tanta justicia, como conclusión nos dicen que Julián Assange se encuentra enfermo, queriendo decir que él sólo se lo ha hecho.

Justicia británica del gran capital, piense usted en el sentido político de la palabra justicia. Así lo hizo en su tiempo el régimen monárquico inglés cuando vendió Palestina al sionismo: sólo intereses, el término justicia capitalista tiene un sentido político concreto.

El régimen imperial se encuentra ahora afincado en la otra orilla del Atlántico y es el que protege la Corte de justicia británica. Depende de la solidaridad que manifestemos con Assange, el compañero periodista, que pueda o no ser extraditado a la tierra de sus máximos perseguidores. ¿Qué pasa en esa tierra? ¿que ocurre a aquella gente? El pueblo de EEUU era dibujado por el gran escritor Mark Twain (1835-1910) a los lectores de la manera siguiente en el texto titulado Cómo se llegó a la dictadura (en más de una ocasión, Twain escribió sobre la instauración en su país de una dictadura), se encuentra en el libro Mark Twain cronista de su época, y lo hace de la siguiente manera: … Pero fue imposible salvar a la Gran República. Estaba podrida hasta la médula. Hacía tiempo que la lujuria de las conquistas había hecho su obra: el aplastamiento de los inermes fuera de sus fronteras la había enseñado a soportar con apatía esas mismas cosas en su propio suelo; multitudes que habían aplaudido la supresión de las libertades de otros pueblos, vivieron para sufrir en sus propias carnes el error. El gobierno estaba, de manera irrevocable, en manos de los prodigiosamente ricos y de sus parásitos; el sufragio se había convertido en máquina que ellos empleaban a su antojo. No existían más principios que el comercialismo, no existía otro patriotismo que el de bolsillo.

Con la declaración de la Justicia británica quieren cambiarnos el oro de la libertad de Assange por cristales rotos que brillan al sol, tal y como hicieron los mercenarios españoles a los autóctonos del continente aquél en su día, y los mercenarios ingleses pretendieron con los autóctonos de la parte norte, después españoles y británicos los eliminaron en un gran genocidio. Comenzaron por la mentira de los cristales rotos porque la mentira es la puerta primera del crimen imperial. La herencia que tienen en un lado y otro del atlántico es sólida y continúan oscureciendonos la guía de la Historia, que con larga experiencia por anchas geografías se pone en nuestra mano para conocerla si tenemos conciencia y mantenemos a raya el patriotismo de bolsillo.

Los últimos jefes bandidos en sentar cátedra los conoce bien nuestro héroe Julián Assange: Bush, Blair, Aznar, Obama, Trump, y ahora Biden, como regidores de los grandes intereses del capital llevan a la Justicia británica de la mano, pero esos representados callan ladinamente. Ni los nombrados ni sus representados, ninguno pasa la inspección, todos huelen a azufre, son calificados sucesores de los españoles que llegaron con Colón. Dice un periódico de provincia haciendo mención de otros señores y a ellos aquí aplicable: Los vemos en las catas que organizan, en las reuniones de sus peñas, pues son hermandades de mesa y mantel, y tienen hasta comidas íntimas en inconfundibles adentros tradicionales y señoriales, para salir y abrazar la gloria y hacerse fotos como celebridades en los balcones o umbrales a saludar desde lejos a los parroquianos buscando ser admirados por la plebe que les derrocha calidez.

Me voy a referir a nuestro héroe Julián Assange en el castigo al que le han sometido los poderes inglés y estadounidense, por no rendírsele, con una línea escrita por el gran poeta Roque Dalton en su libro Un libro rojo para Lenin: Los dominadores romanos acusaron a Cristo de agitador extranjero contra el imperio. Y lo crucificaron.

Del mismo libro unas líneas del prologuista Juanjo Barral referidas a la capacidad de Roque Dalton para emplear la palabra, y aquí lo aplico a las imágenes y las palabras de Assange: Pocos, además, como él la esgrimieron con tanta valentía. Pocos la blandieron con su firmeza. Pocos de forma tan apasionada. “Corazón de pensamiento y pensamiento del corazón”.

Y para señalar con el dedo a la sentencia que la autoproclamada Justicia británica, capaz de aprobar el robo de los miles de millones invertidos por el pueblo de Venezuela en el banco central británico, capaz de negar la devolución de las antigüedades robadas al pueblo griego, a los pueblos árabes o a los más distantes de su isla, capaz de sentar su vano orgullo imperial sobre tantas tropelías que cometieron sus antepasados en los 5 Continentes, como asesinos de parche y garfio, como generales de ejército colonial o como dueños de la Commonwealth, me voy a referir a la sentencia que la autoproclamada Justicia británica contra Julián Assange mediante unas palabras del gran escritor estadounidense Howard Zinn contenidas en su libro Nadie es neutral en un tren en marcha, editado por Hiru, pertenecientes al capítulo En la sala de Justicia: “El meollo de la cuestión”: He estado en múltiples ocasiones en salas de justicia, a veces como acusado pero, en la mayoría de los casos, como testigo en los juicios de otras personas. He aprendido muchísimo. Las salas de justicia ilustran el hecho de que, pese a que nuestra sociedad sea, en un sentido general y un tanto vago, liberal y democrática, las piezas de su mecanismo, sus capillitas -las clases, los lugares de trabajo, las juntas de las corporaciones, las cárceles, los cuarteles- son flagrantemente antidemocráticas y suelen estar dominadas por un jefe o una elite muy reducida pero con mucho poder.Quienes tienen el poder absoluto sobre los procedimientos empleados en las salas de justicia son los jueces. Son ellos los que deciden qué pruebas pueden aducirse. Qué testigos pueden declarar, qué preguntas pueden hacerse. Por otra parte, lo más probable es que el cargo de juez sea político o que lo ejerza una persona elegida por un partido político.

No hay duda de que la jueza para el caso, los fiscales, los abogados, todos los perseguidores de Assange por mostrar la verdad del imperio, quieren verle muerto. Le han enfermado y no quieren que pueda recuperarse, aunque las acusaciones sean falsas la jueza no acepta ni siquiera su libertad provisional, Assange lleva 15 meses en aislamiento, sin luz, con temperaturas que bajan hasta los 0 grados, en la cárcel que llaman la Guantánamo inglesa,

En una carta dirigida a Boris Johson, a su ministro de justicia, Robert Buckland, y a Priti Patel, ministra del interior, juristas de todo el mundo les comunican, como si no lo supiesen, las irregularidades con que se ha desarrollado el caso y ahora el mismo juicio de Julian Assange. En el Diario Público, con un artículo de Carlos Enrique Bayo, la encontramos sintetizada:

«Les solicitamos, como representantes del Gobierno Británico, que actúen en conformidad con el derecho nacional e internacional, con los derechos humanos y con el estado de derecho, poniendo fin a los procedimientos de extradición en curso y otorgándole al Sr. Assange su derecho a estar libre de tortura, de detención arbitraria y persecución política».

1. La solicitud de extradición cursada por EEUU es ilegal por:

a) Existe riesgo de sea sometido a juicio injusto en Estados Unidos

La extradición sería ilegal por falta de garantía de que los derechos procesales del juicio de Assange estarían protegidos en los Estados Unidos. Assange será juzgado en el infame ‘tribunal de espionaje’ en procedimientos secretos ante un jurado elegido por una población en la que la mayoría de las personas elegibles para la selección del jurado trabajan para la CIA (Agencia Central de Inteligencia), NSA (Agencia Nacional de Seguridad), Department of Defence (Ministerio de Defensa) o Department of State (Ministerio de Relaciones Exteriores).

El privilegio legal del Sr. Assange, un derecho consagrado en el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH), del cual el Reino Unido es signatario y además reconocido por el derecho consuetudinario inglés, fue gravemente violado a través de la vigilancia constante y criminal de video y audio en la embajada ecuatoriana realizada por la firma de seguridad española, UC Global. Esta vigilancia ha desencadenado una investigación sobre el propietario de UC Global, David Morales, por el Tribunal Superior de España, la Audiencia Nacional. La vigilancia resultó en la grabación de todas las reuniones y conversaciones del Sr. Assange, incluidas aquellas con sus abogados.El Consejo de los Colegios de Abogados de la Unión Europea (CCBE, por su sigla en inglés) que representa a más de 1 millón de abogados en Europa, expresó su seria preocupación de que estas grabaciones ilegales puedan ser utilizadas, abierta o secretamente, en casos penales contra Assange en caso de extradición a los Estados Unidos. El Consejo declara que si los fiscales simplemente supieran la información, esto presentaría una violación irremediable de los derechos fundamentales del Sr. Assange a un juicio justo en virtud del art. 6 del CEDH y el debido proceso conforme a la Constitución de los Estados Unidos.

El Tratado Modelo de Extradición de las Naciones Unidas prohíbe la extradición cuando la persona no ha recibido o no recibe las garantías mínimas en los procesos penales, como lo consagra el art. 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP).

b) La naturaleza política de los presuntos delitos prohíbe la extradición

La acusación de reemplazo de Estados Unidos emitida contra Assange el 24 de Junio de 2020 lo acusa de 18 cargos, todos relacionados únicamente con las publicaciones de 2010 de documentos del gobierno de EE. UU. Las publicaciones, que comprenden información sobre las guerras en Irak y Afganistán, los cables diplomáticos de EE. UU. y la Bahía de Guantánamo, revelaron evidencia de crímenes de guerra, corrupción y malversación gubernamental. Diecisiete de los dieciocho cargos contra Assange se basan en la Ley de Espionaje de 1917, promulgada específicamente para la persecución política de disidentes y activistas antiguerra en su momento, y cuyo propio nombre patenta su naturaleza intrínsecamente política. La esencia de los 18 cargos de la denuncia también confirma la naturaleza de los delitos puramente políticos. Todos ellos se refieren a la supuesta intención de obtener o revelar los «secretos» de los Estados Unidos de una manera que perjudicaría los intereses estratégicos y de seguridad nacional, la capacidad de sus fuerzas armadas, el trabajo de los servicios de seguridad e inteligencia e intereses estadounidenses en el extranjero, así como la invasión informática. Por lo tanto, la conducta, así como la motivación y el propósito atribuidos al Sr. Assange, se basan en delitos políticos presentados en virtud de la Ley de Espionaje (delitos «puramente políticos») y del cargo de piratería (un delito «relativo político»).

El Tratado de Extradición entre el Reino Unido y los Estados Unidos, que proporciona base de la solicitud de extradición, prohíbe específicamente la extradición por delitos políticos en el art. 4 (1). Sin embargo, la jueza presidente y la fiscalía americana ignoran este artículo haciendo referencia apenas a la Ley de Extradición de 2003 (Extradition Act 2003), que no incluye la excepción de delito político. Esto ignora flagrantemente el hecho de que la Ley de Extradición es simplemente una ley de transposición que crea las garantías legales mínimas, pero no excluye protecciones más estrictas contra la extradición, como se estipula expresamente en tratados ratificados posteriormente, como el Tratado de Extradición entre el Reino Unido y los Estados Unidos.

La extradición política está prohibida por los principios reconocidos en la ley de extradición, como en el art. 3 del Convenio Europeo de Extradición de 1957, art. 3 CEDH yart. 3 del Tratado Modelo de Extradición de la ONU, la Constitución Interpol, y en todos los tratados bilaterales ratificados por Estados Unidos hace más de un siglo.

1. Temor justificado de tortura u otro trato o castigo cruel, inhumano o degradante en EEUU

El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes («Relator Especial de la ONU sobre la Tortura»), Niels Melzer, declaró que, si se extraditara a los Estados Unidos, existe un recelo justificado de que el Sr. Assange pueda estar expuesto a la tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. El Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria (ACNHDH) también ha planteado preocupaciones similares, y Amnistía Internacional ha reiterado recientemente sus preocupaciones en relación con el riesgo inaceptable de maltrato.

«…175 años en una prisión de máxima seguridad constituiría tortura o un castigo cruel, inhumano o degradante» 

Las condiciones de detención y la posibilidad de una pena draconiana de hasta 175 años en una prisión de máxima seguridad a las que se enfrenta el Sr. Assange bajo la denuncia de Estados Unidos, constituirían tortura u otro trato o castigo cruel, inhumano o degradante, según el actual Relator Especial de la ONU sobre la Tortura, así como de acuerdo con la opinión constantemente expresada de su predecesor y de otros expertos legales.

Bajo el principio de no devolución se prohíbe la extradición de una persona a un país donde hay razones sustanciales para creer que él o ella sería objeto de persecución o tortura. Este principio es un elemento fundamental del derecho internacional y derechos humanos, consagrado en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, específicamente en el art. 33 (1), del cual no se permiten excepciones. Art. 3 (1) de la Declaración de 1967 de las Naciones Unidas sobre Asilo Territorial, art. 3 Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (CCT) y art. 2 de la Resolución 14 (1967) sobre el asilo de personas amenazadas de persecución del Comité de Ministros del Consejo de Europa en 1967.

2. Violaciones de la libertad de prensa y del derecho a una información veraz

Los cargos 1-17 bajo la Ley de Espionaje violan los derechos a la libertad de expresión, la libertad de prensa y el derecho a saber. Estas acusaciones se basan en la caracterización de prácticas periodísticas e investigativas de cuño estándar e importantes, como siendo de naturaleza criminal. Dichas prácticas incluyen la confirmación de un periodista sobre su disponibilidad de recibir la información, indicando en qué tipo de información estaría interesado, animando a la fuente a proporcionar esa información, recibirla con el propósito de publicarla y publicarla online en interés público.

«…muchos de los delitos enumerados en la denuncia se refieren a actividades base de la investigación periodística»

Respaldamos a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE, por sus siglas en inglés) en su exigencia de «liberación inmediata» del Sr. Assange, y en su advertencia de que «la naturaleza amplia y vaga de los cargos contra Julian Assange y los delitos enumerados en la denuncia son preocupantes, ya que muchos de ellos se refieren a actividades base de la investigación periodística en Europa y más allá. La extradición basada en la acusación de reemplazo pondría en grave peligro la libertad de prensa como elemento fundamental de las democracias europeas consagradas en el art. 10 CEDH.

Estados Unidos también parece admitir la inconstitucionalidad de los cargos, ya que declara en una de sus peticiones a la corte que al Sr. Assange se le negarán las protecciones a la libertad de expresión y a la prensa garantizadas por la Primera Enmienda ya que es ciudadano extranjero. Además, extraditar al Sr. Assange a los Estados Unidos con el conocimiento de su intención de discriminación contra él haría del Reino Unido un accesorio en una flagrante negación de su derecho a la no discriminación.

La extradición a los Estados Unidos de un editor y periodista por realizar actividades periodísticas en Europa, abriría un precedente amenazador para la extraterritorialización de las leyes de seguridad nacional y «enviaría una invitación a otros Estados para que sigan su ejemplo, amenazando severamente la capacidad de los periodistas, editores y organizaciones de derechos humanos para divulgar de manera segura información sobre problemas internacionales graves«.

3. Violaciones del derecho a no ser torturado, a la salud y a la vida

Entre el 9 y el 10 de mayo, el Relator Especial de la ONU sobre la Tortura, el Sr. Nils Melzer, y su equipo médico, especializado en examinar posibles víctimas de tortura, visitaron al Sr. Julian Assange, detenido en la prisión de Belmarsh en Londres, Reino Unido. La investigación se llevaba a cabo para averiguar que Sr. Assange mostró «todos los síntomas típicos de la exposición prolongada a la tortura psicológica, incluido el estrés extremo, la ansiedad crónica y el trauma psicológico intenso.

El Relator Especial ha concluido que «el Sr. Assange ha estado expuesto deliberadamente, durante varios años, a formas persistentes y progresivamente severas a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, cuyos efectos acumulativos sólo pueden describirse como tortura psicológica,» y como resultado, el Sr. Assange desmuestra «todos los síntomas típicos de la exposición prolongada a la tortura psicológica, incluido el estrés extremo, la ansiedad crónica y el trauma psicológico intenso». El Relator Especial de la ONU sobre la Tortura condenó «en los términos más fuertes, la naturaleza deliberada, concertada y sostenida de los abusos infligidos» y caracterizó el fracaso del gobierno del Reino Unido y los gobiernos involucrados en tomar medidas para proteger los derechos humanos del Sr. Assange y su dignidad, como «complacencia en el mejor de los casos y complicidad en el peor.»

Los abusos de los derechos del Sr. Assange incluyen el acoso legal sistemático y violaciones del debido proceso en todas las jurisdicciones involucradas y en todos los procesos legales relacionados con su caso. Recientemente dicho abuso se demostró en el trato a el Sr. Assange durante los procedimientos de extradición en el Tribunal de la Corona de Woolwich, procedimientos destinados a ser recordados infamemente por la «caja de cristal» a la que el Sr. Assange fue confinado como si él, un periodista galardonado y un editor, fuera un criminal peligroso y violento.

Assange fue sometido a detención arbitraria y aislamiento opresivo, hostigamiento y vigilancia, mientras estuvo confinado en la embajada ecuatoriana y luego encarcelado en la prisión HMP Belmarsh, Londres, Reino Unido. En Belmarsh, el Sr. Assange cumplió una condena desproporcionada de 50 semanas por un presunto incumplimiento de fianza. Perversamente, el enjuiciamiento, la denuncia y la condena se basaron en el hecho de que Assange buscó y recibió legítimamente asilo diplomático por parte del gobierno ecuatoriano, que entendió como real el riesgo de una extradición abiertamente política, y de que Assange pudiera ser sometido a un trato inhumano y tener violados sus derechos y garantías fundamentales una vez en los Estados Unidos.

Las autoridades del Reino Unido violaron sistemáticamente el derecho a la salud del Sr. Assange durante su tiempo en la Embajada ecuatoriana, cuando se le negó el acceso a atención médica urgente. Los dos especialistas médicos que acompañaron al Relator Especial de la ONU sobre la Tortura en su visita a la prisión de HMP Belmarsh advirtieron que a menos que la presión sobre el Sr. Assange se aliviara rápidamente, su salud se deterioraría, lo que podría resultar en su muerte (…) el 22 noviembre 2019, más de 60 médicos de todo el mundo expresaron serias preocupaciones sobre la mala salud física y mental del Sr. Assange, que incluyó advertencias sobre su riesgo de vida y solicitó su traslado a un hospital debidamente equipado y con el personal adecuado para su diagnóstico y tratamiento.

Además, los empleados de UC Global, que trabajaban en la embajada ecuatoriana, revelaron que la CIA discutió activamente y consideró el secuestro o envenenamiento del Sr. Assange. Esto muestra un desprecio sorprendente por su derecho a la vida y el debido proceso legal del mismo gobierno que busca su extradición.

4. Violación del derecho a un proceso justo y equitativo

Conflictos de intereses

La magistrada principal (tribunales de magistrados) Emma Arbuthnot, a cargo de supervisar los procedimientos en el proceso de extradición del Sr. Assange, ha demostrado lazos financieros con instituciones e individuos cuyas irregularidades han sido expuestas por WikiLeaks. Sin embargo, este evidente conflicto de intereses no fue declarado por la magistrada. Arbuthnot no declaró que estaba impedida y estaba permitida a tomar decisiones en detrimento de Assange, a pesar de la manifiesta falta de imparcialidad e independencia judicial.

Al Sr. Assange no se le dio el tiempo y los medios adecuados para preparar su defensa, violando el principio de «amplia defensa e igualdad de armas», inherente a la presunción de inocencia y al Estado Democrático de Derecho.

Después de su arresto, la policía británica no permitió que el Sr. Assange recolectara y se llevara sus pertenencias. Posteriormente, el Sr. Assange fue privado de sus lentes de lectura durante varias semanas. Hasta finales de junio de 2020 también se le negó el acceso a una computadora. Si bien, ahora se le ha proporcionado una computadora, Ésta no tiene acceso a Internet y es de solo lectura, lo que evita la posibilidad de que el Sr. Assange escriba alguna nota, por lo que no es adecuada para la preparación de su defensa. Además, al Sr. Assange se le negó el acceso a la acusación en sí durante varias semanas después de su presentación y su acceso a otros documentos legales sigue siendo aún limitado hasta el día de hoy debido a la burocracia y la falta de confidencialidad en la correspondencia de la prisión.

Además, a pesar de la complejidad del caso y la severidad de la sentencia a la que el Sr. Assange se enfrentaría si fuera extraditado para ser juzgado en los Estados Unidos, las autoridades penitenciarias no se aseguran de que el Sr. Assange pueda consultar adecuadamente a su equipo legal y prepararse para su defensa, restringiendo severamente tanto la frecuencia como la duración de sus visitas legales. Desde mediados de marzo de 2020, Assange no ha podido reunirse en persona con sus abogados.

Denegación de la participación efectiva del acusado en el juicio y en la formación de la decisión judicial (Principio de contradicción y derecho de defensa)

El Sr. Assange y sus abogados han informado repetidamente al Tribunal de su incapacidad para seguir adecuadamente los procedimientos, consultar con sus abogados de manera confidencial y darles instrucciones adecuadas en la presentación de su defensa debido a que se le impidió sentarse con ellos y estar confinado a una caja de vidrio a prueba de balas. La disposición de los asientos ha obligado al Sr. Assange a recurrir a llamar la atención del juez o de las personas que se sientan en la galería pública, para alertar a sus abogados que están sentados en la sala de la corte de espaldas a él.

Negativa a resolver problemas de abuso contra el encausado

Los abogados de Assange informaron al tribunal de que, en un solo día, el 22 de febrero, las autoridades carcelarias lo esposaron 11 veces, lo colocaron en cinco celdas diferentes, lo desnudaron y lo registraron dos veces y confiscaron todos sus documentos legales y confidenciales. Sin embargo, la magistrada, Vanessa Baraitser, se negó explícitamente a intervenir ante las autoridades de la prisión, alegando no tener jurisdicción sobre las condiciones de custodia. Este tratamiento anómalo fue condenado por el Instituto de Derechos Humanos de la Asociación Internacional de Abogados. La copresidenta Anne Ramberg, doctora en derecho, lo calificó como «un grave comprometimiento del debido proceso y del Estado democrático de derecho.» Psiquiatras y psicólogos internacionales citaron lo ocurrido como una prueba más de tortura psicológica.

Réquiem por Julian Assange

Luis Gonzalo Segura · RT · 8 de enero de 2021

Julian Assange ya está muerto. Y los muertos jamás vuelven al mundo de los vivos. Julian Assange jamás lo hará. Una situación que no varía, dado que es irreversible, por que la jueza Vanessa Baraitser de la corte penal de Old Bailey denegase este lunes 4 de enero su extradición a Estados Unidos al considerar «demostrado» que sería confinado y que ello supondría que el riesgo de suicidio aumentase. Ni revive al muerto ni redime a su ejecutor, Europa, ni perdona al autor intelectual del crimen, Estados Unidos. Tan solo demuestra que los norteamericanos violan de forma tan salvaje los Derechos Humanos que, hasta para los tribunales británicos, resulta una obviedad el riesgo que supone extraditar a Assange. 

Una prueba de la ausencia de cambio sustancial la encontramos en la Fiscalía británica, que ha advertido que recurrirá la denegación de extradición representando los intereses norteamericanos, lo que constituye, además, el gran paradigma de Reino Unido y Europa, pues representan unos intereses que no son suyos, sino los de su señor. Los de Estados Unidos. Así sucede desde 1945. Y lo que queda, por desgracia. 

Ciertamente, Julian Assange fue condenado a muerte social en 2010, cuando comenzó su persecución mundial, y fue ejecutado a la vista de todos en 2012, cuando se recluyó en la Embajada de Ecuador. Desde entonces no sabe lo que es la libertad ni la vida normal. Ni lo sabrá nunca.

Ese año 2010 se publicaron los primeros grandes escándalos de WikiLeaks, en activo desde 2007, incluyendo material clasificado norteamericano de las guerras de Irak y Afganistán en las que se pudo ver a un helicóptero norteamericano disparando contra diez civiles en Bagdad, entre los que se encontraba un periodista de Reuters; y, por supuesto, el Cablegate, con más de 700.000 documentos diplomáticos que dejaban al descubierto el comportamiento delictivo de Estados Unidos y que fueron difundidos en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia o España de forma simultánea. Hasta que los norteamericanos llamaron al orden y medios como El País en España dejaron de publicar la información hasta que paulatinamente se convirtió en residual. 

Y ese año 2010 se produjo una acusación por conducta sexual inadecuada y violación en Suecia. Una denuncia por la que, extrañamente, los suecos, casi como si se arrepintieran por ello, dejaron de perseguir a Assange en 2017 cuando este se encontraba en la Embajada de Ecuador en Londres. Un preludio del archivo de la causa en 2019. Porque la acusación ya había cumplido su propósito: condenar públicamente a Assange. Mancillar, sembrar la duda, crear la controversia suficiente como para desviar la atención del verdadero crimen y de los criminales. 

Fue entonces, con la acusación inicial sueca desvanecida, cuando ya nadie pudo negar la evidencia, que la verdadera imputación de Assange era WikiLeaks; su fiscal, El Padrino norteamericano; y la acusación, una vendetta ordenada y orquestada. Fue entonces cuando ya era evidente que Julian Assange estaba muerto y que los Estados Unidos de Guantánamo, Irán-Contra, el Cóndor y Abu Ghraib habían ordenado su ejecución. 

El filtrador, filtrado 

Además, no solo estar encerrado durante tanto tiempo supuso una muerte social terrible, sino que, como suele ser habitual en el caso de los denunciantes de corrupción, y Assange es sin duda el más importante de todos ellos, también sufrió una filtración de dudosa credibilidad sobre su conducta en la Embajada. Que si jugaba con una pelota, que si montaba en patinete, que si se aseaba más o menos, que si mantenía relaciones sexuales… Informaciones todas ellas que fueron publicadas en grandes medios de comunicación del mundo, pero que solo buscaban su desprestigio. ¿De verdad puede ser noticia de un diario serio que Assange se asee más o menos? Es evidente que la publicación de esa información tenía la misma intención que la acusación de conducta sexual inapropiada y violación: la venganza. 

Obviamente, tras el apedreamiento múltiple e incombustible volvemos a encontrar la mano negra norteamericana. En 2019 se supo que una empresa española fundada por un ex militar, David Morales, con sede en Jerez de la Frontera (Cádiz), el sur de España, estuvo espiando ilegalmente a Julian Assange, con lo que pudo almacenar ilegalmente horas de grabación, realizar informes sobre WikiLeaks y apoderarse de datos personales como huellas dactilares, datos grafológicos, fotografías de pasaportes o números de teléfono móvil de aquellas personas que visitaron a Assange. En la actualidad, el juez español que investiga el caso, José de la Mata, no puede avanzar más porque tanto Estados Unidos como Reino Unido se lo impiden, dado que no corroboran la información del principal testigo, de la que surge la sombra de The Shadowserver, una empresa norteamericana de seguridad vinculada al Gobierno norteamericano. 

Pero Julian Assange ya está muerto 

Pero, en cualquier caso, Julian Assange ya está muerto porque aun ganando, y no será fácil, perdió, pierde y perderá. Ha perdido diez años de su vida, que serán muchos más; ha perdido su prestigio entre informaciones denigrantes de grandes medios de comunicación que se han comportado como medios sensacionalistas de tres al cuarto; y, sobre todo, ha perdido su futuro.

Porque ¿cuál es el futuro de Julian Assange? Aun saliendo indemne del último –y de los siguientes– embiste norteamericano será un cadáver social: no podrá tener un trabajo normal, no podrá tener una vida normal, no podrá ir al cine como una persona normal, no podrá cenar o beber una copa de vino como una persona normal, no podrá viajar con normalidad. Aun viviendo, Julian Assange está muerto. Estados Unidos, Reino Unido y Europa le condenaron en el mismo Londres en el que protegieron a Augusto Pinochet. Se angustian más en Estados Unidos, Reino Unido y Europa por la salud de un dictador sanguinario que por la de un periodista cuya contribución histórica se encuentra a la altura de los más grandes. 

Sin embargo, con todo, lo más grave no es la inmisericorde ejecución social de Assange o sus daños sufridos, físicos y psicológicos, sino que condenar y ejecutar socialmente a Julian Assange supuso y supone condenar y ejecutar al periodismo y a la libertad de expresión. Pero ¿acaso importa? Claro que sí: exhibir la muerte social de Julian Assange cumple dos funciones principales: atemorizar a futuros alertadores o denunciantes de corrupción o malas prácticas estatales con el destino que les espera y marcar los límites de la libertad de expresión y el periodismo. Y es que en las democracias occidentales se puede hablar de todo, menos de las democracias occidentales. Entre otras cosas, porque Julian Assange ya está muerto.

Las implicaciones del caso Julian Assange

Arturo Ezquerro · La Vanguardia · 7 de enero de 2021

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Como psiquiatra y psicoterapeuta me congratulo de la compasiva decisión de la jueza británica Vanessa Baraitser que, por motivos de salud mental, no ha autorizado la extradición de Julian Assange a Estados Unidos para ser juzgado por las supuestas alegaciones de “espionaje y piratería”. 

La base legal de la sentencia es que la extradición sería «opresiva» por causa de daño mental.

Assange padece un trastorno crónico de depresión y de ansiedad y tiene un riesgo alto de suicidio, tras haber sido sometido a muchos años de opresión física y mental.

Sin embargo, me quedo con dos preocupaciones serias:

Primera, y llamativamente, la jueza ha comentado que la extradición significaría que Assange sería en toda probabilidad encarcelado en una prisión de máxima seguridad, donde los procedimientos no le impedirían encontrar una manera de suicidarse. Es decir, el fallo implica que el inhumano y cruel sistema penitenciario de Estados Unidos no garantizaría la seguridad de alguien que ha revelado algunas de las atrocidades cometidas por la superpotencia militar más poderosa del mundo.

En segundo lugar, como profesional de la salud mental, también me preocupa una sutil implicación adicional contenida en el veredicto: para que el delator pueda ser protegido debe sufrir antes daño mental. Esta conclusión implícita es subrepticia y de hecho representa una amenaza solapada para que los informantes enmudezcan.

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Puedes leer el artículo completo aquí.

RSF condena la decisión «innecesariamente cruel» de mantener encarcelado a Julian Assange

Reporteros sin fronteras · 7 de enero de 2021

Reporteros sin Fronteras (RSF) expresa su profunda decepción por la decisión de la juez británica de rechazar la solicitud de libertad bajo fianza de Julian Assange, a pesar de que la salud mental del fundador de Wikileaks fue el motivo por el que se denegó la solicitud de extradición a Estados Unidos. RSF pide nuevamente su liberación inmediata, tanto por razones humanitarias como de fondo.

En una audiencia celebrada este miércoles, 6 de enero, en la Corte de Magistrados de Westminster de Londres, la juez Vanessa Baraitser rechazó la solicitud de libertad bajo fianza de Julian Assange. Para justificar su decisión, la juez afirmó que Assange tendría un «incentivo para fugarse» y que, en «interés de la justicia», debía darle al gobierno de Estados Unidos la oportunidad de presentar una apelación, algo que este último ha indicado que tiene intención de hacer.

La juez Baraitser dictaminó que, dado que Julian Assange se había fugado con anterioridad, sería poco probable que compareciera ante el tribunal para el proceso de apelación si se le concedía la libertad bajo fianza. La magistrada añadió que la salud mental del fundador de Wikileaks estaba siendo atendida en la prisión de Belmarsh y especificó que la situación sanitaria por la Covid-19 está bajo control.

«Nos decepciona profundamente el rechazo de la solicitud de libertad bajo fianza de Julian Assange: se trata una decisión innecesariamente cruel después de haberse opuesto a su extradición«, lamenta la directora de campañas internacionales de RSF, Rebecca Vincent. «Aunque sus problemas de salud mental constituyeron la base para denegar la solicitud de extradición, la detención prolongada solo va a empeorarlos, sin mencionar que su salud física también continúa en peligro. Esta decisión es la última de una larga lista de medidas excesivamente represivas que se han tomado en contra de Assange«.

«Como cuestión de principios, nadie debería pasar por lo que Julian Assange ha soportado durante 10 años por el simple hecho de haber publicado información de interés general», añade. «No debería estar ni un día más privado de libertad. Pedimos nuevamente su liberación inmediata, tanto por razones de fondo como humanitarias«.

La decisión de que Assange continúe en prisión se produce después de que, el 4 de enero, la juez Vanessa Baraitser fallara en el Tribunal Penal Central de Londres (The Old Bailey) en contra de extraditarle a Estados Unidos, pero únicamente atendiendo a la salud mental del fundador de Wikileaks. El argumento de esta decisión judicial es preocupante para el periodismo y la libertad de prensa, ya que en el futuro nada impedirá que haya periodistas, editores o fuentes informativas encausados por razones similares.

RSF ha sido la única ONG que ha asistido a todas las audiencias del juicio de Assange, lo que le ha permitido documentar las graves disfunciones que han empañado el proceso.

Estados Unidos y Reino Unido ocupan, respectivamente, las posiciones 45 y 35 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa establecida por RSF en 2020.

La jueza libra a Assange de la extradición pero avala las imputaciones de EEUU contra el periodismo de investigación

Carlos Enrique Bayo · Público · 4 de enero de 2021

«El sistema ha triunfado… Él no debería haber sido empujado hasta el borde del suicidio,» advierte Nils Melzer, Relator Especial de la ONU contra la Tortura, tras la sentencia que apoya los argumentos de los fiscales limitando los derechos de libertad de prensa y a recibir información veraz y rechaza todas las razones de la defensa del creador de Wikileaks… salvo la de que su encarcelamiento en una prisión de máxima seguridad norteamericana pondría en peligro su vida.

La pareja de Assange, Stella Moris, tras el anuncio de la sentencia contra la extradición a EEUU. Detrás de ella, el director de Wikileaks, Kristinn Hrafnsson.
Vickie Flores / EPA-EFE

Dos hechos probados trágicos –el deterioro de la salud mental de Julian Assange tras una década de confinamiento y las brutales condiciones de reclusión en la prisión de máxima seguridad de EEUU (Florence ADX)– han salvado de momento al fundador de Wikileaks de acabar sus días entre rejas tras ser condenado a 175 años de cárcel por una Ley de Espionaje de 1917 que castiga la revelación de secretos de Estado aunque sean crímenes de guerra.

Porque la magistrada de distrito del Tribunal de Westminster Vanessa Baraitser, en su sentencia de 132 folios por la que rechaza la demanda de extradición presentada por EEUU, repite al pie de la letra casi todos los argumentos estadounidenses que socavan la libertad de prensa y de expresión protegida por la Primera Enmienda de la Constitución de ese país.

El único motivo que aduce la jueza para no entregar a Assange a la Justicia Militar estadounidense por los supuestos delitos de publicar informaciones auténticas es que los acusadores estadounidenses no la han convencido de que el reo no acabaría suicidándose si fuera sometido a la pena que piden contra él.

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Desenmascarando la tortura de Julian Assange

Nils Melzer · Público · 4 de enero de 2021

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¿Por qué dedicar tantas palabras a Assange cuando son incontables los que están siendo torturados en todo el mundo? Pues porque no se trata aquí sólo de proteger a Assange, sino de evitar un precedente que probablemente sellará el destino de la democracia occidental. Porque en cuanto decir la verdad se haya convertido en un delito, mientras los poderosos gozan de impunidad, será demasiado tarde para corregir el rumbo. Habremos rendido nuestra voz a la censura y nuestro destino a la tiranía incontrolada.

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