La Audiencia pide interrogar al exdirector de la CIA con Trump sobre el espionaje a Assange

Cadena SER · 3 de junio de 2022

El exjefe de la CIA Mike Pompeo. / Joshua Roberts (Reuters)

El juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, ha accedido a la petición de la defensa de Julián Assange, y con el visto bueno de la Fiscalía, ha reclamado a EEUU que le permita interrogar como testigos al ex secretario de Estado y exdirector de la CIA con Trump, Mike Pompeo, y al exjefe de contravigilancia, William Evanina, después de que éste haya confesado que la Inteligencia norteamericana tenía acceso a las cámaras de la embajada de Ecuador en Londres, donde se encontraba asilado Assange, llegando a planear su secuestro o asesinato.

Evanina incluso admitió que la empresa española UC Global, encargada de la seguridad en la embajada ecuatoriana, formaba parte de la trama y colaboró desde 2017 con la CIA en el espionaje a Assange. Y ese es el motivo por el que la justicia española conoce de este caso; la nacionalidad de la empresa de seguridad dirigida por David Morales que supuestamente, fue pieza clave en el espionaje al activista.

Las declaraciones de William Evanina fueron realizadas al equipo de investigación de Yahoo News, que también obtuvo declaraciones de más de 30 oficiales norteamericanos y numerosa documentación para exponer sus conclusiones. Assange permaneció 7 años en la embajada por temor a las represalias de Estados Unidos tras la publicación en Wikileaks de miles de documentos clasificados sobre las guerras de Irak y Afganistán.

Los antecedentes para que EEUU acepte la solicitud de la justicia española sobre sus exaltos cargos no son halagüeños. Nunca accedieron a las peticiones sobre el caso Couso.

Liberen a Julian Assange: Snowden, Varoufakis, Corbyn y Tariq Ali se pronuncian en vísperas de la audiencia de extradición

Democracy Now · 25 de octubre de 2021

El fundador de WikiLeaks Julian Assange, actualmente detenido en Gran Bretaña, tiene una audiencia de extradición en Londres el 27 de octubre. De cara a esta audiencia, el 22 de octubre se realizó un juicio popular en apoyo y solidaridad con el periodista, denominado Tribunal de Belmarsh en referencia a la cárcel de máxima seguridad donde Assange está detenido. Durante este juicio simbólico se destacaron las principales revelaciones que WikiLeaks hizo sobre los crímenes de guerra estadounidenses y se exigió la libertad de Assange. En Estados Unidos, Assange podría recibir hasta 175 años de cárcel conforme a la Ley de Espionaje, por haber publicado documentos clasificados que dan a conocer crímenes de guerra estadounidenses. Una jueza británica ya había rechazado la extradición en enero, pero Estados Unidos apeló la decisión.

Emitimos fragmentos de las intervenciones de algunos oradores del tribunal popular, entre ellos el escritor Tariq Ali, la activista política afgana Selay Ghaffar, el denunciante de la Agencia de Seguridad Nacional Edward Snowden, el exministro de Finanzas de Grecia Yanis Varoufakis y el ex líder del Partido Laborista Jeremy Corbyn. “Julian no solo no debería ser acusado; debería ser declarado héroe”, dijo Ali. “No debería haber estado preso por incumplir los términos de la fianza. Ni debería estar en la cárcel ahora, mientras espera un juicio de extradición. Debería ser liberado”. También escuchamos las intervenciones de Srećko Horvat, filósofo y presidente del Tribunal de Belmarsh; Ewen MacAskill, ex periodista de The Guardian; y Stella Morris, pareja de Julian Assange.

Para conocer más sobre este tema, vea (en inglés) fragmentos de las intervenciones de estos oradores.

La CIA y el plan para secuestrar a Julian Assange

Periodistas en español · 27 de septiembre de 2021

La CIA (Central Intelligence Agency) ideó una trama para secuestrar y asesinar al periodista y fundador de Wikileaks, cuando estaba refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres. Al menos, es lo que revela Yahoo news que cita como fuente a una treintena de funcionarios estadounidenses.

La CIA temía que Julian Assange huyera a Rusia cuando llevaba varios años en la embajada ecuatoriana en el Reino Unido.

La discusión de ese plan habría tenido lugar en 2017, durante la presidencia de Donald Trump. El promotor mayor de los planes contra Assange podría haber sido el Secretario de Estado, Mike Pompeo, exjefe de la CIA.

Algunos de los implicados en esos planes, siempre según Yahoo News, comparaban el operativo planeado con «una fuga desde una cárcel en una película». Parece que tenían previsto incluso un enfrentamiento a tiros con miembros de los servicios del Kremlin en las calles de Londres, tras chocar con el vehículo en el que estaría desplazándose Assange hacia el exterior.

La Federación Internacional de Periodistas (www.ifj.org) recuerda que sigue manteniendo la acreditación internacional de periodista de Assange, quien continúa encarcelado en la prisión de Belmarsh, situada en Thamesmead, distrito de Greenwich, en el sureste de la capital británica.

La FIP subraya en un comunicado que Julian Assange «sigue luchando contra la posibilidad de su extradición a los Estados Unidos, donde debería enfrentarse a acusaciones de piratería informática y de publicación de miles de cables y documentos sobre acciones ilegales y crímenes cometidos hace una década durante las guerras de Irak y Afganistán. En caso de ser considerado culpable, Assange podría ser condenado a 175 años de cárcel».

Hay que recordar que Julian Assange fue detenido en abril de 2019, tras decidirlo el presidente ecuatoriando, Lenin Moreno, quien anuló la protección oficial del fundador de Wikileaks tal como había sido ordenada por su predecesor, el anterior presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

Antes, en Suecia, Assange fue acusado de dos presuntos delitos sexuales que él siempre negó. Está confirmado que ni las dos mujeres supuestamente afectadas, ni la policía, llegaron a confirmar legalmente los cargos contra él. La defensa de Assange consideró siempre que se trataba de un pretexto para que el territorio sueco pudiera convertirse en puente para su transferencia posterior a Estados Unidos.

A su vez, esa detención de Assange sucedió nueve años después de que Julian Assange compareciera en una rueda de prensa en la que reveló un vídeo en el que se veía a militares estadounidenses disparando desde un helicóptero Apache y asesinando a 18 personas en Irak. Entre esas víctimas mortales, había dos periodistas de la agencia Reuters.

En los meses siguientes, Wikileaks siguió haciendo públicos centenares de miles de documentos y cables diplomáticos clasificados como secretos y relativos a las guerras de Irak y Afganistán. Ese nivel de filtraciones de secretos militares era superior a lo sucedido durante la guerra de Vietnam y los llamados papeles del Pentágono.

Entonces, las autoridades acusaron a Assange de poner en peligro a numerosos colaboradores de los militares y de los servicios secretos.

Washington siguió intentando que Assange fuera extraditado durante las presidencias de Barak Obama y de Donald Trump.

El Secretario General de la FIP, Anthony Bellanger, ha dicho que si la información publicada por Yahoo News es cierta «se estaría proyectando una sombra contra el periodismo independiente y que toda posible extradición de Assange a Estados Unidos pondría su vida en peligro».

«Querían ver sangre» es la frase que ponen en la boca de alguno de los filtradores, que sugieren que los implicados en la operación parecían vivir fuera de la realidad. Otros funcionarios de la CIA, por el contrario, estaban tan preocupados que relataron esos planes a miembros del Congreso estadounidense y describieron el empeño personal de Pompeo, muy furioso, por «la mayor filtración de datos secretos de la historia».

La FIP, por medio de su Secretario General, Anthony Bellanger, ha pedido al gobierno británico una investigación completa y la liberación inmediata de Julian Assange.

Pompeo admitió que la CIA conspiró para secuestrar y matar a Julian Assange

Estrategia.la · 1 de octubre de 2021

Mike Pompeo, exdirector de la CIA y exsecretario de Estado del gobierno de Donald Trump reconoció que cuando la agencia de inteligencia estaba a su cargo, conspiró para secuestrar y matar al fundador de Wikileaks, el australiano Julian Assange, y sin ningún atisbo de vergüenza pidió que las fuentes que revelaron la información fueran enjuiciadas.

Entrevistado en el podcast The Megyn Kelly Show, Pompeo dijo que “las 30 personas que supuestamente hablaron con uno de estos periodistas deberían ser procesados por hablar sobre actividad clasificada dentro de la Agencia Central de Inteligencia”, tras reconocer que “algunas partes son ciertas” sobre lo revelado en el informe, incluida la agresiva campaña que la CIA organizó contra Wikileaks, a raíz de la publicación de los documentos de la “Bóveda 7”

Se trataba de una filtración de datos de la CIA que se produjo durante la gestión de Pompeo y que reveló algunas de las herramientas y métodos de piratería que utilizaba la agencia. “Cuando los malos roban estos secretos, tenemos la responsabilidad de ir tras ellos”, dijo Pompeo, ¿el bueno?

Una investigación de Yahoo! News -para la que se entrevistó a 30 exfuncionarios de la CIA-  reveló que en 2017, al enterarse de la posibilidad de que el servicio secreto ruso intentara trasladar a Assange a Moscú para darle asilo, se comenzaron a bosquejar distintos planes para secuestrar e incluso matar al australiano, que en ese momento estaba refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres.

Según el relato de los informantes, el plan al mejor estilo hollywoodense incluía un enfrentamiento a tiros con los funcionarios del Kremlin por las calles británicas, estrellar un auto contra el vehículo que trasladara a Assange y disparar al avión que lo llevaría a Rusia antes de que pudiera despegar.

Según el informe, Mike Pompeo estaba motivado para vengarse de WikiLeaks, después de que el sitio web publicara herramientas confidenciales de ‘hackeo’ utilizadas por el organismo, lo que las autoridades consideraron como «la mayor pérdida de datos en la historia de la CIA», conocida como ‘Vault 7’ (Bóveda 7).

Además, los proyectos multifacéticos de la CIA habrían incluido un amplio espionaje a los asociados de WikiLeaks, sembrando la discordia entre los miembros del grupo y robando sus dispositivos electrónicos, revela el informe.

El director de la Unión Americana para las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), Ben Wizner, dijo a Yahoo! News que los dichos de Pompeo “verificaron la veracidad” de la investigación periodística, porque “la única razón para procesar a alguien es que reveló información clasificada legítima”.

Por su parte, el relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Nils Melzer, quien el año pasado denunciara que Assange fue “maltratado hasta el punto de que ahora presenta síntomas de tortura psicológica” en la cárcel, dijo en un video que publicó en su cuenta de Twitter que el caso “no se trata de la ley. Se trata de intimidar al periodismo, de suprimir la libertad de prensa, de proteger la inmunidad de los funcionarios estatales”.

«Como ciudadano estadounidense, me parece absolutamente indignante que nuestro Gobierno contemple secuestrar o asesinar a alguien sin ningún proceso judicial simplemente porque ha publicado información veraz», dijo Barry Pollack, abogado de Assange en Estados Unidos.

Un poco de historia

Finalmente, Assange fue sacado a rastras de la Embajada de Ecuador y actualmente permanece detenido en una prisión británica de alta seguridad.

Apoyar a Assange, luchar por una prensa libre | Ideas | EL PAÍS

Assange está privado de libertad y aislado en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, en Reino Unido, con un cuadro de depresión clínica. Actualmente está esperando que se resuelva el pedido de extradición presentado por Estados Unidos, que fue presentado durante la administración de Trump (con Pompeo ocupando la Secretaría de Estado) y ratificado por el gobierno de Joe Biden.

Assange fue acusado de haber ayudado a Chelsea Manning, exanalista del Ejército, a intervenir una red informática clasificada y a conspirar para obtener y publicar a través de Wikileaks una serie de documentos clasificados sobre las violaciones a los derechos humanos del Ejército estadounidense en Afganistán e Irak. Ahora lo que trata de hacer el gobierno estadounidense no es castigar a torturadores y asesinos, sino eliminar a quienes descubrieron su red de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

De acuerdo a la investigación de Yahoo! News, los proyectos para Assange y WikiLeaks –que habrían comenzado ya durante el mandato de Barack Obama con la definición de algunos periodistas del sitio web, entre ellos Glenn Greenwald y Laura Poitras, como «agentes de información»–  dieron lugar a fuertes debates sobre su legalidad y algunos funcionarios estaban tan preocupados que sintieron la necesidad de informar a los miembros del Congreso sobre las sugerencias del exdirector del servicio.

La extradición de Assange a Estados Unidos fue rechazada en enero último por una jueza, pero Estados Unidos presentó una apelación, que aún no fue resuelta. Esto generó la crítica de varias organizaciones civiles, que reclamaron al hoy presidente Joe Biden que desista de este caso judicial.

La preocupación por poner en peligro el caso de EEUU. contra Assange fue uno de los factores que impidieron que los planes de la CIA siguieran adelante, según Yahoo! News. El equipo de defensa de Assange espera que esto sea cierto. «Mi esperanza y expectativa es que los tribunales del Reino Unido consideren esta información y esto refuerce aún más su decisión de no extraditarlo a Estados Unidos», dijo Pollack.

La CIA presionó al Gobierno de Trump para que secuestrara o asesinara a Julian Assange

Democracy Now · 28 de septiembre de 2021

Altos funcionarios que trabajaban para la Agencia Central de Inteligencia durante la presidencia de Trump consideraron secuestrar y asesinar al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, mientras él estaba refugiado en la Embajada de Ecuador en la ciudad de Londres en 2017.

Así lo informó un explosivo artículo publicado en Yahoo News, que cita a más de 30 exfuncionarios. Los funcionarios describieron cómo el entonces director de la CIA, Mike Pompeo, buscó venganza después de que WikiLeaks hiciera públicas herramientas de piratería informática confidenciales de la agencia, conocidas como “Vault 7”, lo que se consideró como “la mayor filtración de datos en la historia de la CIA”.

Julian Assange y Chelsea Manning, los únicos héroes en este lío

Alberto López Girondo · Tiempo Argentino · 28 de agosto de 2021

Los únicos héroes en este lio de la invasión a Afganistán pagaron el precio más caro por sacar a la luz quiénes cometían los crímenes más horrendos en esa parte del mundo. Émulos de Daniel Ellsberg, Julian Assange y Chelsea Manning padecieron en carne propia el castigo que los poderes reservan para quienes desafían al sistema con el arma que más temen: las pruebas de la infamia.

Ellsberg, analista de la Rand Corporation, fue el que en 1971 entregó unos 7000 archivos fotocopiados a mano en la clandestinidad -los Pentagon Papers- a los diarios The New York Times y Washington Post que mostraban que la guerra de Vietnam se había construido sobre mentiras y, además, que los líderes políticos sabían que no podía ser ganada. Fue el principio del fin de una aventura militar que costó la vida de no menos de 5 millones de personas, entre ellos quizás 60 mil soldados estadounidenses, pero sobre todo civiles masacrados de la manera más espantosa.

En 2001, el gobierno de George W. Bush, montado en otras mentiras, decidió la invasión de Afganistán y dos años más tarde, Irak. Y acá entra en juego el experto informático australiano que creó WikiLeaks, sitio donde se puede enviar información veraz sobre actos de los gobiernos a espaldas de la ciudadanía mediante una plataforma encriptada que resguarda la identidad del “whistleblower”, como se denomina en inglés al “filtrador”.

Su bautismo de fuego fue en abril de 2010, con el video de un ataque con helicópteros en Bagdad de julio de 2007 que muestra a los tripulantes disparando sobre un grupo de personas que huían despavoridas por unas callejuelas. Pero no era un juego online, entre las víctimas había diez seres humanos, entre ellos un colaborador de la agencia de noticias Reuters.

En julio de ese mismo año, tras un acuerdo con los periódicos The Guardian, del Reino Unido, Der Spiegel de Alemania y The New York Times, aparecieron 92.000 archivos de la invasión de Afganistán que databan del quinquenio 2004-2009. El impacto fue mayúsculo, porque recordaba al caso de Ellsberg y auspiciaba una respuesta trascendente de Barack Obama, que había ganado la presidencia y el premio Nobel de la Paz meses antes por su promesa de terminar con las ocupaciones de Irak y Afganistán.

Sin embargo, la Casa Blanca se comportó de un modo bien diferente. El secretario de Defensa, Robert Gates, ordenó una investigación para encontrar al responsable de la filtración. Y no tardaron en llegar a una analista de inteligencia trans destinada en Irak, ahora Chelsea Manning. Fue detenida e incomunicada en las condiciones más ásperas por el gobierno y Obama afrontó críticas y cuestionamientos de los sectores progresistas que habían hecho campaña por él.

Condenada a 35 años de prisión por violar la Ley de Espionaje, siempre dijo que lo había hecho porque el material que pasaba por sus manos mostraba atrocidades inaceptables para su conciencia cometidas por soldados de su nación. Y que además, confió en que con Obama otros tiempos soplarían en Estados Unidos.

Assange, en tanto, fue sacado de circulación primero con una denuncia de violación presentada por dos jóvenes en Suecia y con campañas de desprestigio. Asilado en la embajada de Ecuador en Londres en junio de 2012 por el gobierno de Rafael Correa, Lenin Moreno -violando toda la tradición diplomática internacional- dejó que la policía británica se lo llevara detenido en abril de 2019. Desde entonces permanece alojado en condiciones inhumanas en la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh a la espera de que la justicia rechace el pedido de extradición de Washington, donde no le espera un juicio justo.

El año pasado Mannig se negó a declarar en contra de Assange en una audiencia sobre la que sobrevolaba la amenaza de regresarla a la cárcel. Ahora desarrolló un programa de criptografía, contratada por el matemático Harry Halpin. La startup Nym utiliza la tecnología blockchain de las criptomonedas y protege el envío de datos en la red de redes. Como pretende Manning, da garantías a los whistlebolwers de no ser detectados por los organismos de seguridad oficiales. Los diarios que publicaron los archivos de Afganistán siguen su vida sin preocuparse de persecuciones ni amenazas de castigos.

Kristinn Hrafnsson: «WikiLeaks publicó documentos que pintaban una imagen real de lo que ocurría en Afganistán hace 11 años»

LUH · 28 de agosto de 2021

La campaña bélica de EE.UU. en Afganistán fue una «gran mentira de 20 años» que solo benefició al complejo industrial militar del país norteamericano y a los contratistas privados, afirmó en entrevista este miércoles el editor jefe de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson. Según señaló el periodista, lo que actualmente sorprende no es la retirada en curso de las tropas estadounidenses y de sus aliados del territorio afgano, sino el hecho de que los principales medios de comunicación no se dieran cuenta de las «mentiras» que prolongaron el conflicto.

WikiLeaks publicó un conjunto de documentos que «pintaban una imagen real de lo que ocurría en Afganistán hace 11 años», recordó Hrafnsson, refiriéndose a los llamados ‘Diarios de la Guerra de Afganistán’, una colección de registros militares internos de EE.UU., cables diplomáticos y documentos de la CIA que abarcan el período entre enero del 2004 y diciembre del 2009.

La filtración, que incluía más de 91.000 documentos, fue considerada una de las mayores de la historia militar estadounidense y condujo a la detención y enjuiciamiento de Bradley Manning (luego Chelsea Manning) –exanalista de inteligencia quien proporcionó la información clasificada– y puso a la organización y a su fundador, Julian Assange, en el punto de mira de Washington.

Sin embargo, a pesar de la salida a la luz de los documentos, de alguna manera la percepción general de la guerra afgana no cambió y «las mentiras continuaron», dijo el editor jefe, calificando esa situación de «asombrosa». «Es extremadamente sorprendente el tiempo que esto duró», opinó, añadiendo que el conflicto se convirtió en una «guerra olvidada», eclipsada por otra campaña militar estadounidense: la Guerra de Irak.

Detalló que los debates sobre lo que realmente ocurría en el territorio afgano se «evitaron en gran medida» hasta que The Washington Post lo puso de nuevo al descubierto al publicar en el 2019 ‘Los documentos de Afganistán’ (‘The Afghanistan Papers’). Esas entrevistas a personas clave y memorandos inéditos pintaron un cuadro de un esfuerzo sostenido por parte de varias administraciones estadounidenses para engañar al público sobre el compromiso en Afganistán, agregó. Hrafnsson acusó a los medios occidentales, que no prestaron atención a la realidad, de ser «cómplices en la ocultación de esta verdad» y de permitirla. «En mi opinión, los periodistas tienen que hacer un gran examen de conciencia», afirmó.

El editor de WikiLeaks dijo que, en última instancia, fue el complejo industrial militar de EE.UU. el que se benefició de lo que parece ser un tremendo despilfarro de dinero. «Más de un billón de dólares fueron a parar a los bolsillos del complejo industrial militar estadounidense y de los contratistas privados que supuestamente estaban entrenando a la Policía afgana», explicó, añadiendo que los mayores fabricantes de armas vieron «multiplicar por diez» el valor de sus acciones durante los casi 20 años que duró la guerra.

De acuerdo con Hrafnsson, la verdad sobre la guerra ha quedado hoy en día al descubierto para que todo el mundo la vea, ya que Washington y sus aliados se están retirando frenéticamente de Afganistán, que cayó en manos de los talibanes* en apenas unas semanas. Sin embargo, es poco probable que esto cambie el rumbo político de las élites occidentales, que siguen prefiriendo «castigar a los que dicen la verdad» en lugar de sacar lecciones de sus propios errores, dijo.

«La guerra que hay ahora es la guerra contra el periodismo y una guerra contra Julian Assange, que todavía tiene que pasar tiempo en la cárcel en Londres», declaró y agregó que el procesamiento de Assange es «político». «Ya no se trata de la ley… ¿Importará la verdad allí? Lo dudo», concluyó.

Los crímenes de Occidente en Afganistán y el sufrimiento que queda

Fabian Scheidler · L’Hora · 19 de agosto de 2021

Como en Irak, como en Libia, como en Malí. Es hora de enterrar definitivamente la doctrina de la llamada «responsabilidad de proteger», acuñada al comienzo de la guerra de Afganistán, y de tacharla de lo que fue desde el principio: un proyecto neocolonial.

La huida precipitada de las tropas de la OTAN de Afganistán y los estragos que dejan tras de sí son sólo el último capítulo de una historia devastadora que comenzó en octubre de 2001. En aquel momento, el gobierno estadounidense, apoyado por sus aliados, incluida la administración alemana, anunció que los atentados terroristas del 11 de septiembre debían ser respondidos con una guerra en Afganistán. Ninguno de los asesinos era afgano. Y el gobierno talibán de entonces incluso ofreció a Estados Unidos extraditar a Osama bin Laden, oferta a la que Estados Unidos ni siquiera respondió. No se dijo prácticamente nada sobre el país de origen de 15 de los 19 terroristas: Arabia Saudí. Al contrario: los miembros de la familia Bin Laden fueron sacados de Estados Unidos en una operación de noche y niebla para que no pudieran ser interrogados. Tras la publicación de partes clasificadas del informe de la comisión del 11-S en 2016, se supo que miembros de alto rango de la embajada saudí en Washington habían estado en contacto con los terroristas antes de los atentados. ¿Consecuencias? Ninguna. Son nuestros aliados.

Así que se atacó a Afganistán. Ya durante la Guerra Fría, Estados Unidos y Arabia Saudí habían apoyado allí a los islamistas a gran escala contra la Unión Soviética. Ahora los señores de la guerra islamistas de la «Alianza del Norte» eran los nuevos aliados. Las fuerzas armadas alemanas flanqueaban a las tropas estadounidenses. Aunque su despliegue estuvo envuelto en la narrativa de una «intervención humanitaria», la Bundeswehr trabajó de hecho mano a mano con los señores de la guerra, como informó el periodista de investigación Marc Thörner (fue el único reportero alemán en el lugar que no estaba integrado en el ejército). Thörner predijo que la complicidad de las tropas de la OTAN en los crímenes de guerra y los «métodos de contrainsurgencia de la época colonial» pondrían a la población cada vez más en contra de Occidente y fortalecerían el fundamentalismo. Hoy vemos el resultado: el triunfo de los talibanes en todo el país.

Las tropas estadounidenses, así como la Bundeswehr y otros aliados, no sólo apoyaron a los criminales de guerra sobre el terreno, sino que ellos mismos cometieron graves crímenes. Ninguno de los autores fue nunca condenado en los tribunales por ello. Tomemos el ejemplo de Kunduz: en septiembre de 2009, la Bundeswehr bombardeó aquí una marcha principalmente civil, con un saldo de más de cien muertos o heridos graves, incluidos niños. Los procesos contra los principales responsables, el coronel Georg Klein y el ministro de Defensa Jung (CDU), terminaron con absoluciones. En 2010, WikiLeaks publicó 76.000 documentos previamente clasificados sobre la guerra, que contenían referencias a cientos de otros crímenes de guerra. Pero en lugar de investigar estos casos y llevar a los culpables ante la justicia, se persiguió al mensajero, Julian Assange. Hoy está sentado, en estado crítico, en una prisión británica de alta seguridad y con el temor de ser extraditado a Estados Unidos, donde se le amenaza con la cadena perpetua en condiciones inhumanas. El relator especial de la ONU sobre la tortura, Nils Melzer, llegó a la conclusión, tras una profunda investigación del caso, de que Assange había sido y es sistemáticamente torturado por las autoridades occidentales. La mayoría de los grandes medios de comunicación, que consiguieron mucha atención y ganaron dinero con las filtraciones de su colega periodista, lo han dejado de lado en gran medida. Y con él la defensa de la libertad de prensa, que es especialmente crucial cuando se trata de cuestiones de guerra y paz. Así que se juzga a Assange, y no a los criminales de guerra.

Todos los que advirtieron contra la guerra de Afganistán fueron ridiculizados desde el principio como pacifistas ingenuos o incluso acusados de eludir la responsabilidad humanitaria y hacer así el juego a los islamistas. Pero hoy por fin está claro: la supuesta operación humanitaria no hizo más que hundir aún más al país en la miseria y fortalecer a los islamistas. Como en Irak, como en Libia, como en Malí. Es hora de enterrar definitivamente la doctrina de la llamada «responsabilidad de proteger», acuñada al comienzo de la guerra afgana, y de tacharla de lo que fue desde el principio: un proyecto neocolonial.

En lugar de intervenciones militares, se podría, por ejemplo, empezar a vaciar financieramente al patrocinador del terror, Arabia Saudí, y detener todas las exportaciones de armas a ese país. También valdría la pena avanzar en el proyecto de una Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Oriente Medio, que –siguiendo el modelo de la política de distensión de la OSCE en la Europa de la Guerra Fría– podría trabajar en una nueva arquitectura de seguridad civil para la región.

La debacle de Afganistán debería ser también una ocasión para cuestionar la enorme expansión de los presupuestos militares occidentales en los últimos años, justificada sobre todo por los despliegues en el extranjero. El gasto militar alemán pasó de 40.000 millones de euros a 52.000 millones de euros de 2015 a 2020, un aumento de la friolera del 30%. El presupuesto militar de Estados Unidos asciende a 778.000 millones de dólares, unas doce veces más de lo que Rusia gasta en su ejército. Este dinero se necesita urgentemente para tareas que realmente hagan avanzar al mundo, especialmente para contrarrestar la urgencia climática y para una transición socioecológica. El ejército estadounidense no sólo tiene un balance oscuro en materia de política de paz, sino que además es EL mayor emisor de gases de efecto invernadero de la Tierra. Es la hora de una cura de adelgazamiento.

Fabian Scheidler es el autor de «The End of the Megamachine. A Brief History of a Failing Civilization» (2019).  Vea más de su obra en su sitio web aquí. Sígalo en Twitter: @ScheidlerFabian

Fuente: Common Dreams

La «justicia» británica se pliega a las exigencias de Washington para la extradición de Assange

Isabella Arria · Canarias Semanal · 18 de agosto de 2021

El Tribunal Superior británico otorgó a Estados Unidos permiso para ampliar los fundamentos de su pedido de extradición del fundador de Wikileaks, Julian Assange, a quien acusa de espionaje, luego de que una corte inferior había bloqueado la extradición, coincidiendo con las renovadas presiones de Washington.

     La jueza Vanessa Baraitser había argumentado en enero que Assange podría suicidarse si se le somete a las duras condiciones de encarcelamiento en EU. El miércoles 10, el juez británico Timothy Holroyde concedió a EU el derecho de apelar la decisión de Baraitser, al señalar que la magistrada le dio demasiada importancia al diagnóstico que hizo el reconocido neurosiquiatra Michael Kopelman, quien indicó que Assange padece autismo y depresión, con un grave riesgo de caer en un estado anímico suicida.

     Clair Dobbin, la abogada que representó a Estados Unidos durante la audiencia del Tribunal Superior inglés, sostuvo que Baraister no tomó en cuenta el hecho de que el australiano, de 50 años, tuvo dos hijos durante los años que permaneció refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, hasta marzo de 2020.

    Assange está acusado de conspirar para revelar información confidencial del gobierno estadounidense. En 2010, el informático australiano difundió cientos de miles de cables diplomáticos en los que se revelan los horrores cometidos por Estados Unidos en sus intervenciones militares en Afganistán e Irak…

    La decisión del Tribunal Supremo inglés se dio inmediatamente luego que el gobierno estadounidense consideró ante el Tribunal Superior de Londres que el australiano no está «tan enfermo» como para querer suicidarse si es extraditado a EU. Los abogados estadounidenses entienden que las pruebas presentadas por la defensa de Assange, quien permanece recluido en una cárcel de máxima seguridad del Reino Unido, no se basan en su actual estado de salud sino en cómo podría evolucionar. 

   Decenas de manifestantes con pancartas que rezaban «Diez años, ¡ya basta!» o «Liberen a Assange» se congregaron el miércoles ante el tribunal londinense, incluido el exlíder laborista Jeremy Corbyn, quien dirigió a los presentes en un discurso en el que ha mostrado su apoyo a Assange y al trabajo que ha hecho «revelando las verdades sobre la prisión de Guantánamo, la guerra de Irak y la toma de decisiones de las fuerzas armadas estadounidenses». 

   Vestido con una camisa blanca y mascarilla oscura, el periodista australiano, de 50 años, compareció ante la corte londinense por videoconferencia desde la prisión de alta seguridad de Belmarsh, al este de la capital británica, donde permanece detenido mientras se dirime la apelación estadounidense. 

   En la puerta del tribunal, Stella Moris, pareja y madre de dos hijos de Assange, ha cargado contra el gobierno de EU por «prolongar arbitrariamente» su encarcelamiento. «El Gobierno estadounidense está explotando los injustos acuerdos de extradición entre EEUU y el Reino Unido para prolongar arbitrariamente su encarcelamiento, el encarcelamiento de un hombre inocente acusado de ejercer el periodismo», lamentó.

¿Delitos?

   Las revelaciones en el portal digital WikiLeaks expusieron secretos sobre las acciones estadounidenses en Irak y Afganistán, información acerca de las detenciones extrajudiciales en la prisión de Guantánamo (en la isla de Cuba) y cables diplomáticos que desvelaron abusos de derechos humanos en todo el mundo, entre otras cosas. 

   Assange, que no ha sido condenado por ningún delito, fue detenido en 2019 después de ser sacado por la fuerza de la embajada de Ecuador en Londres, donde se había refugiado en 2012 tratando de evitar precisamente su entrega a Estados Unidos, que finalmente, hace dos años, pidió su extradición. 

   Previamente, estuvo bajo arresto domiciliario en Inglaterra. Lleva un total de casi 11 años de encierro desde que en diciembre de 2010 fue detenido en Londres por la Policía a petición de Suecia, que quería interrogarle por un caso de presuntos delitos sexuales de los que no fue imputado y que eventualmente se archivó. 

   La trama del caso muestra una denuncia de violación que termina en el cajón justo a tiempo, la presión del Reino Unido para no abandonar el caso, un juez parcial, la detención en una prisión de máxima seguridad y tortura psicológica. Julian Assange ha pasado por todo esto y pronto correrá el riesgo de ser extraditado a Estados Unidos, donde se enfrenta a hasta 175 años de prisión por exponer crímenes de guerra. 

El relator de la ONU

    El relator especial de la ONU sobre tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Nils Melzer, dio en enero de 2020 detalles de los polémicos hallazgos de su investigación sobre el caso del fundador de Wikileaks y señaló que «cuatro países se han coordinado para quemarle en la hoguera sin que nadie proteste».

   Melzer señaló que el caso se encontraba dentro de sus obligaciones de tres maneras diferentes. La primera, porque Assange publicó pruebas de tortura sistemática, pero en lugar de perseguir a los responsables de la tortura, se persigue a Assange. La segunda, él mismo ha sido maltratado hasta el punto que ahora muestra síntomas de tortura psicológica. Y tercero, puede ser extraditado a un país que mantiene a las personas como él en condiciones de prisión que Amnistía Internacional calificó como de tortura.

   Cuándo se le preguntó por qué no asumió el caso mucho antes, respondió: Imagine una habitación oscura. De repente, alguien ilumina a un elefante en la habitación que representa a los criminales de guerra, la corrupción. Assange es el hombre que sostiene el foco. Los gobiernos se quedan brevemente en estado de shock, pero luego hacen girar el foco con acusaciones de violación. 

   “Esta es una maniobra clásica cuando se trata de manipular a la opinión pública. Assange se convierte en el foco de atención y comenzamos a hablar sobre si Assange está patinando en la embajada o si alimenta a su gato correctamente. De repente, todos sabemos que es un violador, un hacker, un espía y un narcisista. Pero los abusos y crímenes de guerra que descubrió se desvanecen en la oscuridad. Yo también perdí mi enfoque, que debería haberme hecho estar más alerta”, añadió.

Julian Assange y su ‘asesinato social’ en Occidente

Luis Gonzalo Segura · RT · 25 de abril de 2022

Hace solo unos días que la justicia británica aprobó la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, el país abanderado de los Derechos Humanos. La democracia con mayúsculas y Guantánamo con minúsculas. Una extradición que pasó sin pena ni gloria por los medios de comunicación occidentales en una nueva exhibición del funcionamiento de la desinformación occidental. No es que no se cuente, es que se margina hasta el ninguneo, como si letra pequeña de un contrato bancario se tratara. Como en la Atenas antigua. No es que los asesinaran, es que los exiliaban. Ostracismo se llama.

En España, el diario El País dedicó la habitual noticia al respecto, como si de un suceso más se tratara. Un atropello cualquiera, un rescate afortunado. Un evento más en la maraña habitual de la actualidad, tan escondido que era imposible de encontrar en la portada. Y, sin embargo, se trataba de una noticia esencial, crítica. Nada más y nada menos que la ejecución social de un disidente, de un activista, de una garganta profunda que ha hecho mucho más por el periodismo, el activismo, la democracia y la sociedad que varios Nobeles. Sin ir muy lejos, como el que disfruta el que fuera presidente de Estados Unidos mientras se torturaba en Guantánamo, se bombardeaba medio mundo y se perpetraba tragedia humanitaria tras tragedia humanitaria. Un ostracismo todavía más lacerante en un diario como El País que fue, no lo olvidemos, de los que se lucraron, y mucho, con las filtraciones de Assange.

Una extradición por encima de todo

En enero del año pasado, 2021, la jueza Vanessa Baraitser, de la corte penal de Old Bailey, denegó la extradición de Assange a Estados Unidos por considerar «demostrado» que sería confinado y que ello aumentaría el riesgo de suicidio. Ni los Estados Unidos de Donald Trump ni los Estados Unidos de Joe Biden parece que fueran a tratarle de forma considerada. Si fuera Pinochet o Videla o si se hubiera dedicado a electrocutar, mutilar, torturar o ejecutar disidentes izquierdistas, le prepararían un tour político-festivo.

De hecho, comparar el calvario de Assange con la contorsión de los resortes jurídicos británicos en favor de Pinochet, deja mal cuerpo en cualquier demócrata. Y de esto algo nos debería contar El País, que si no lo hace es porque hoy pertenece a fondos de inversión norteamericanos y ayer, a franquistas y estómagos agradecidos del franquismo como Juan Luis Cebrián.

Dio igual entonces, y da igual ahora, que Estados Unidos se dedique sistemáticamente a la vulneración de los derechos humanos de forma masiva, pues, finalmente, la extradición parece que será un hecho. Y el ostracismo, también.

La gran contribución de Assange

Sin embargo, la contribución de Julian Assange a la democracia, a la humanidad, no será jamás recompensada ni aun cuando se le dedique una plaza y una gran avenida en cada ciudad del mundo. Se quedaría corto para la colosal aportación realizada. Julian Assange merece libros de historia y manuales escolares que expliquen que en el año 2010 WikiLeaks publicó material clasificado norteamericano de las guerras de Irak y Afganistán, incluyendo asesinatos de civiles y hasta periodistas. Algo más que habitual, recuerden en España el asesinato de José Couso, todavía sin resolver. También deberían recordar esos libros los más de 700.000 documentos diplomáticos norteamericanos que demostraban lo que muchos suponían y denunciaban y demasiados callaban, ocultaban o minimizaban. Sin él, hoy seríamos más ignorantes, más inocentes y sin él en los libros de historia y los manuales de colegio, la humanidad lo seguirá siendo.

El infierno de Julian Assange

Pero el precio para Julian Assange ha sido tan alto que desnuda por completo a Occidente y toda su retórica sobre los derechos humanos, la libertad de expresión y la democracia. Una retórica vacía cuando se trata de lo que sucede en sus dominios. Porque aun cuando se consiguiera la denegación de la extradición de Julian Assange, ello no supone reparación alguna, ni tan siquiera en una pequeña parte el enorme sufrimiento padecido. Y es que la denegación de la extradición de Julian Assange es una cuestión de justicia. De razón. Como lo es que no sea marginado en los medios de comunicación occidentales.

Que nadie lo olvide, la vida de Assange, desde 2010, es un infierno, máxime cuando tuvo que ser recluido en la Embajada de Ecuador en el año 2012. Ustedes que, en muchos casos, saben lo que es estar confinados días o meses en sus domicilios por la COVID, imaginen lo que es estar años confinado en un espacio tan impersonal como una embajada. Pues lo que en un domicilio sería un tormento, en una oficina alcanza límites insufribles. Y, por si no fuera suficiente, además, fue espiado, se difundieron vídeos íntimos y, en los últimos años, hasta fue hostigado en la propia embajada ecuatoriana en la que se encontraba cumpliendo prisión. Porque encierro semejante es una pena en sí misma. Una pena tan brutal que lo extraño no es que Julian Assange padezca desdichas mentales, lo extraño sería que estuviera sano.

Además, la venganza contra Assange no quedó ahí. Ese mismo año 2010, Assange fue acusado por conducta sexual inadecuada y violación en Suecia. Un nuevo castigo público aun cuando jurídicamente la denuncia fue abandonada en el año 2017 y archivada en el año 2019. No obstante, la importancia de la denuncia no radicaba en condenar a Julian Assange por ellos, sino en estigmatizarle y desprestigiarle. Lo que consiguieron con demasiada holgura.

La democracia, también ejecutada con Assange

Por desgracia, lo más grave de la salvaje ejecución social de Assange y del injustificable ostracismo de guante blanco con el que le hieren los grandes diarios, como El País, es el terrible daño causado al periodismo y a la libertad de expresión. Los límites que se establecen en cuanto a la censura y la autocensura, en cuanto a los límites de lo correcto y lo incorrecto. Torturar en Guantánamo, correcto; demostrar asesinatos de civiles norteamericanos en medio mundo, incorrecto. Son lecciones que se graban en el subconsciente de los periodistas y los activistas. De todos.

Pero, ante todo, el mayor daño de semejante persecución y maltrato lo padece la democracia en sí misma. Esa democracia que se pregunta por qué la ultraderecha no para de crecer y en Francia ya se sitúa por encima del 40 % y disputa con tanta asiduidad como normalidad la presidencia. Hasta que un día la consiga. La respuesta está en donde los grandes medios no quieren mirar ni mostrar. En Assange, por ejemplo. En la ejecución social de Julian Assange.