La justicia de Ecuador acepta la retirada de la nacionalidad de su país a Julian Assange

RT · 27 de julio de 2021

El abogado del activista, Carlos Poveda, afirmó que su cliente «no fue procesado de acuerdo a la ley» y señaló que las irregularidades durante el juicio dificultaron la actuación de la defensa.

La justicia de Ecuador retiró la semana pasada la nacionalidad de ese país al cofundador de WikiLeaks, Julian Assange, comunicó este lunes Carlos Poveda, abogado del activista australiano. «Los jueces del Tribunal Administrativo estuvieron de acuerdo con los argumentos del Ministerio de Asuntos Exteriores y declararon inválida la carta de naturalización expedida a Julian Assange«, afirmó.

Assange recibió la nacionalidad ecuatoriana en diciembre del 2017 –durante el gobierno del entonces presidente Lenín Moreno– mientras estaba asilado en su Embajada en Londres. El 10 de abril de 2019, en vísperas de su entrega a la Policía británica, la Cancillería ecuatoriana publicó un documento en el que reconocía la carta de naturalización de Assange como un «acto administrativo perjudicial«.

El fallo del Tribunal Administrativo sobre la revocación de la ciudadanía se basó en un informe de la Contraloría General del Estado de Ecuador, que declaró que había habido irregularidades de procedimiento y que no cumplía los criterios para obtener la ciudadanía. Según señaló el abogado, el organismo actuó con claros intereses políticos: la Fiscalía no confirmó ninguna de las supuestas irregularidades y no aportó pruebas.

Poveda también informó de irregularidades durante el juicio que dificultaron la actuación de la defensa. «Desde la primera audiencia afirmamos que Julian no fue procesado de acuerdo a la ley, los documentos tuvieron que ser traducidos porque él habla inglés.  Yo mismo me enteré del juicio cuando entré en la página web del tribunal», detalló.

  • Julian Assange actualmente se encuentra encarcelado en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh (Reino Unido). Fue detenido en abril del 2019 en la Embajada de Ecuador en Londres, luego que el gobierno de Lenín Moreno decidiera retirarle el asilo
  • El 4 de enero, una jueza británica rechazó la extradición del activista a EE.UU. por temor a que el cofundador de WikiLeaks pudiera suicidarse debido a su delicada salud mental
  • En EE.UU., Assange está acusado de cargos por espionaje y piratería informática por la publicación desde el 2010 de cientos de miles de páginas de documentos militares secretos y cables diplomáticos sobre las actividades de EE.UU. en las guerras en Irak y Afganistán, que fueron difundidos por su portal de filtraciones WikiLeaks. Los cargos conllevan una sentencia máxima de 175 años de prisión

«Él sigue siendo ecuatoriano»

En declaraciones a RT, Carlos Poveda afirmó que la decisión judicial contra Assange no es efectiva todavía y «él sigue siendo ecuatoriano». El abogado tiene la «obligación de impugnar» esta resolución en una segunda instancia y espera que la «revoque porque no se dio el derecho a la defensa» y porque el tribunal «siguió la resolución de un exfuncionario público que en estos momentos está acusado de actos de corrupción».

Poveda recordó que las autoridades ejecutivas recurrieron al poder judicial cuando expiraba el asilo diplomático y el entonces presidente, Lenín Moreno, «necesitaba una justificación para que fuerzas policiales británicas ingresen en la embajada y la única posibilidad era suspender —que es una figura inexistente en la legalidad ecuatoriana— la nacionalidad de Julian Assange».

Mientras tanto, la Constitución ecuatoriana prohibía la entrega de un ecuatoriano a un tercer país o la «apertura de embajadas en contra de un ecuatoriano». Por lo tanto, a juicio del abogado, la forma de despojar al fundador de WikiLeaks de la ciudadanía ecuatoriana es «una hoja de ruta mal diseñada, arbitraria, discrecional, inconstitucional y contraria a todo tipo de derechos humanos».

Caitlin Johnstone: El aterrador aumento del silencio mediático sobre las noticias incómodas

Investig’action · 12 de julio de 2021

Dos organismos de supervisión de los medios de comunicación, Media Lens y Fairness & Accuracy In Reporting (FAIR), han publicado artículos acerca del silencio total en los grandes medios sobre la revelación del periódico islandés Stundin de que una acusación sustitutiva de EE.UU. en el caso contra Julian Assange se basó en el falso testimonio de Sigurdur Thordarson, un sociópata diagnosticado y pederasta convicto.

Alan MacLeod, de FAIR, escribe que “hasta el viernes 2 de julio, no ha habido literalmente ninguna cobertura en los medios corporativos; ni una palabra en el New York Times, Washington Post, CNN, NBC News, Fox News o NPR”.

“Una búsqueda en línea de ‘Assange’ o ‘Thordarson’ no dará lugar a ningún artículo relevante de fuentes del establishment, ya sea en Estados Unidos o en otros lugares de la Anglosfera, incluso en plataformas centradas en la tecnología como The Verge, Wired o Gizmodo”, añade MacLeod.

“No hemos encontrado ni un solo informe de ninguna cadena o periódico ‘serio’ del Reino Unido”, dice el informe de Media Lens. “Pero en un mundo cuerdo, las revelaciones de Stundin sobre un testigo clave de Assange –que Thordarson mintió a cambio de inmunidad judicial– habrían sido noticia en todas partes, con una amplia cobertura mediática en BBC News, ITV News, Channel 4 News, historias de primera plana en el Times, Telegraph, The Guardian y similares.”

“Para aquellos que todavía creen que los medios de comunicación proporcionan noticias, por favor, lean esto”, tuiteó el periodista australiano John Pilger en relación con el informe de Media Lens. “Habiendo liderado la persecución de Julian Assange, la ‘prensa libre’ guarda un silencio uniforme ante la sensacional noticia de que el caso contra Assange se ha derrumbado. Una vergüenza para mis colegas periodistas.”

Como ya comentamos el otro día, este extraño y espeluznante apagón mediático tiene paralelismos con otro apagón total sobre una noticia importante que también implicaba a WikiLeaks. A finales de 2019, el portal fundado por Assange publicaba múltiples documentos de denunciantes de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) que revelaban que la dirección de la organización manipuló activamente la investigación sobre un supuesto ataque con gas cloro en Douma, Siria, en 2018, para apoyar la narrativa del gobierno estadounidense sobre la acusación, y sin embargo los medios de comunicación no quisieron abordarlo. Un reportero de Newsweek renunció a su cargo durante este escandaloso apagón y publicó los correos electrónicos de sus editores que le prohibían cubrir la historia con el argumento de que ningún otro medio importante había informado sobre ella.

No se equivoquen, esto es ciertamente un fenómeno nuevo. Si no me creen, contrasten el bloqueo de estas historias con la cobertura de los medios de comunicación de masas sobre las revelaciones de WikiLeaks unos pocos años antes. La prensa se entusiasmó con las publicaciones de 2016 de los correos electrónicos del Partido Demócrata y colaboró activamente con WikiLeaks en la publicación de las filtraciones de Chelsea Manning en 2010. Incluso las filtraciones más recientes de  Vault 7, publicadas en 2017, recibieron una gran cobertura mediática.

Sin embargo, ahora todas las historias relacionadas con WikiLeaks que resultan incómodas para el imperio centralizado de Estados Unidos se mantienen cuidadosamente fuera de la atención de los medios de comunicación, con una uniformidad y consistencia sorprendentes que nunca antes habíamos experimentado. Si el entorno mediático de hoy hubiera existido diez o quince años antes, es posible que la mayoría de la gente ni siquiera supiera quién es Assange, y mucho menos la importante información sobre los poderosos que WikiLeaks ha sacado a la luz.

También hemos percibido un fuerte olor de esta nueva tendencia en el bloqueo casi total de la sorpresa de octubre pasado de Hunter Biden, que sólo se convirtió en primicia porque beneficiaba a una de las dos facciones políticas principales de Estados Unidos. Después de que el New York Post diera a conocer la historia, vimos a las figuras de los principales medios de comunicación explicarse públicamente entre sí, sobre el por qué estaba bien no cubrirla, con razonamientos muy variados, desde que es una pérdida de tiempo, pasando porque es demasiado complicado y que no es nuestro trabajo investigar estas cosas, hasta el famoso “Debemos tratar las filtraciones de Hunter Biden como si fueran una operación de inteligencia extranjera, aunque probablemente no lo sean” del Washington Post.

Quien se atrevió a publicar las filtraciones en cualquier lugar cerca de una cámara de eco liberal dominante fue golpeado hasta la sumisión por el rebaño, y sin ninguna razón legítima fue tratado como una completa nimiedad, en el mejor de los casos, y como una siniestra operación rusa, en el peor. Y es entonces cuando, en abril de este año, Hunter Biden reconoció que, después de todo, las filtraciones podrían haber salido de su ordenador portátil y no de alguna operación psicológica del GRU [Inteligencia Militar Rusa].

Y creo que todo ese calvario nos da algunas respuestas a esta nueva e inquietante dinámica de supresión total de noticias importantes. El año pasado, Stephen L. Miller, de The Spectator, describió cómo se formó el consenso entre la prensa dominante desde la derrota de Clinton en 2016, de que es su deber moral no criticar al oponente de Trump y suprimir cualquier noticia que pueda beneficiarlo.

“Durante casi cuatro años, los periodistas han avergonzado a sus colegas y a sí mismos por lo que llamaré el dilema de ‘pero sus correos electrónicos’”, escribe Miller. “Aquellos que informaron diligentemente sobre la inoportuna investigación federal acerca del servidor privado de Hillary Clinton y el vertido de información clasificada, han sido expulsados y apartados de la mesa de los chicos simpáticos del periodismo. Centrarse tanto en lo que, en su momento, fue un escándalo considerable, ha sido tachado por muchos medios de comunicación como un error garrafal. Creen que sus amigos y colegas ayudaron a poner a Trump en la Casa Blanca al centrarse en un escándalo de Clinton que no era de gran magnitud, cuando deberían haber destacado las debilidades de Trump. Es un error que ningún periodista quiere repetir”.

Una vez que se ha aceptado que los periodistas tienen no solo el derecho sino el deber de suprimir noticias que son veraces y de interés periodístico, con el fin de proteger una agenda política, se está en aguas abiertas en términos de manipulación propagandística flagrante. Y vimos cómo la prensa dominante fue empujada a alinearse con esta doctrina a raíz de las elecciones de 2016.

Este empujón nunca fue la historia más importante del día, pero fue constante, contundente y extremadamente dominante en las conversaciones que los periodistas de grandes medios tenían entre sí, tanto en público como en privado, a raíz de las elecciones de 2016. Incluso antes de que se emitieran los votos, vimos a gente como Matt Yglesias, de Vox, y Scott Rosenberg, editor de Axios, avergonzar a los periodistas de los medios masivos por centrarse en el escándalo de los correos electrónicos de Hillary Clinton, y después de que se desatara la histeria de Trump, esto se tornó mucho más agresivo.

En 2017 vimos cosas como que Jennifer Palmieri, muy cercana a Clinton, se lamentaba melodramáticamente por la fijación de los medios con las publicaciones de WikiLeaks, a pesar de los intentos desesperados de la campaña de Clinton por advertirles que se trataba de una operación rusa (una afirmación que al día de hoy sigue sin tener ninguna prueba). Expertos liberales como Joy Reid, Eric Boehlert y Peter Daou (antes de su conversión a la izquierda) estaban constantemente intimidando a la prensa en Twitter por cubrir las filtraciones.

Esto se intensificó aún más cuando periodistas de los grandes medios, como Amy Chozick del New York Times, y Jeffrey Toobin de CNN, dieron un paso adelante con degradantes mea culpas sobre lo mucho que lamentan haber permitido que el gobierno ruso los utilizara como peones involuntarios para elegir a Donald Trump con su información sobre hechos de interés noticioso basados en documentos completamente auténticos. Fue como un cruce entre la escena de confesión/ejecución de Rebelión en la Granja y la escena de expiación de Juego de Tronos.

Poco a poco, la creencia de que la prensa tiene la obligación moral de suprimir las historias de interés periodístico si existe la posibilidad de que puedan beneficiar a partes indeseables, tanto extranjeras como nacionales, se convirtió en la ortodoxia predominante en los círculos informativos de la corriente dominante. A mediados de 2018 presenciamos hechos como el de la reportera de la BBC Annita McVeigh regañando a un invitado por expresar su escepticismo sobre la culpabilidad del presidente sirio Bashar al-Assad en el incidente de Douma, con el argumento de que “estamos en una guerra de información con Rusia.” Ahora se da por sentado que la gestión de las narrativas es parte del trabajo.

https://youtube.com/watch?v=foj29LIXpy4%3Ffeature%3Doembed

De nuevo, este es un fenómeno reciente. Los medios de comunicación convencionales siempre han sido empresas de propaganda, pero se han basado en giros, distorsiones, medias verdades, coberturas desiguales y afirmaciones del gobierno repetidas acríticamente; no había estas barreras de información completas en todos los medios. Se veía que daban a las historias importantes una cobertura inadecuada, y algunos medios individuales omitían las historias inconvenientes. Pero siempre ocurría que alguien se lanzaba para aprovechar la oportunidad de ser el primero en informar, aunque sólo fuera por las audiencias y los beneficios.

Ahora las cosas no funcionan así. Una historia importante puede salir a la luz y sólo ser cubierta por medios de los que los partidarios de la corriente dominante se burlarán y descartarán, como RT o Zero Hedge.

La forma en que los medios han comenzado a ignorar las noticias importantes que son incómodas para los poderosos, no sólo en algunos sino en todos los principales medios de comunicación, es extremadamente preocupante. Significa que cada vez que hay una revelación inconveniente, las empresas de noticias dominantes simplemente fingen que no existe.

Pensemos seriamente en lo que esto representa, por un momento. Esto significa que los denunciantes y los periodistas de investigación saben que, independientemente de lo mucho que trabajen o del peligro que corran para hacer pública una información crítica, el público nunca se enterará, porque todos los principales medios de comunicación estarán unidos para bloquearla.

¿Queremos hablar de una amenaza a la prensa? Olvidémonos de encarcelar a los periodistas y a los denunciantes, ¿qué tal si todos los medios de comunicación con alguna influencia real se unen para simplemente negar la cobertura a cualquier información importante que salga a la luz? Esto es una amenaza para lo que la prensa es en esencia. Más que una amenaza. Es el fin. El fin de la posibilidad de que cualquier tipo de periodismo tenga algún impacto significativo.

El periodista que trabajó en el informe Stundin dice que pasó meses trabajando en esta historia, y seguramente habría esperado que sus revelaciones recibieran alguna cobertura en el resto de la prensa occidental. Los denunciantes de la OPAQ seguramente habrían esperado que sus revelaciones recibieran la suficiente atención como para marcar la diferencia, de lo contrario no habrían filtrado esos documentos con gran riesgo para ellos mismos. Lo que se está comunicando a los denunciantes y a los periodistas con estos silencios mediáticos, es que no se molesten. No habrá ninguna diferencia, porque nadie verá nunca lo que revelan.

Y si eso es cierto, bueno. Que Dios nos ayude a todos, supongo.



Ilustración: Eric Drooker

Traducido del inglés por América Rodríguez y Edgar Rodríguez para Investig’Action

Fuente: Blog de Caitlin Johnstone

Slavoj Žižek: «Julian Assange expuso la paradoja de la no libertad experimentada como libertad en los países occidentales»

RT · 4 de julio de 2021

Julian Assange's The World Tomorrow: Slavoj Zizek & David ...
Julian Assange y Slavoj Žižek en 2012

Julian Assange expuso la paradoja de «la no libertad experimentada como libertad» en los países occidentales y se convirtió en un «símbolo de la lucha contra las nuevas formas digitales de control» de la vida de las personas, señaló este sábado el filósofo cultural Slavoj Žižek en un artículo de opinión para RT, que fue publicado el día del 50.º cumpleaños del fundador de WikiLeaks.

El filósofo esloveno tachó de «ironía retorcida» el hecho de que Assange cumpla años un día antes del Día de la Independencia de EE.UU. Según Žižek, esto «nos recuerda los aspectos oscuros de la ‘Tierra de los Libres’ y la mayoría de las democracias occidentales».

«En contra de su voluntad, Assange se convirtió en un símbolo de este lado oscuro de las democracias occidentales, un símbolo de nuestra lucha contra las nuevas formas digitales de control y regulación de nuestras vidas, que son mucho más eficientes que las viejas formas ‘totalitarias'», sostuvo el filósofo. 

«Lo que estamos recibiendo ahora en el Occidente liberal es una opresión que en gran medida deja intacto nuestro sentido de libertad. Assange sacó a relucir esta paradoja de la no libertad experimentada como libertad«, opina Žižek.

Žižek asimismo recordó que las naciones occidentales «descendieron al nivel de mentiras y rumores personales» sobre Assange, «asesinando por completo» su carácter para el público al describirlo como personalmente intolerable hasta acusaciones falsas sobre su supuesta actividad sexual ilegal. 

El horror de tal procedimiento no es solo que indica una degradación del debate político, sino que también apunta a Assange como individuo. Assange no es solo un símbolo, es una persona viva que ha sufrido bastante en la última década

Al mismo tiempo, Žižek mencionó el reciente incidente con un avión de Ryanair —obligado a aterrizar en Minsk, tras lo cual fue detenido el bloguero bielorruso Román Protasévich que viajaba en él— lo que provocó fuertes críticas por parte de EE.UU. y varios líderes europeos. En este sentido, el filósofo recordó que las potencias occidentales «hicieron exactamente lo mismo en 2013», cuando el avión del entonces presidente boliviano, Evo Morales, se vio obligado a aterrizar en Austria por orden de EE.UU., que creía, erróneamente, que a bordo se encontraba el denunciante de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), Edward Snowden. 

Žižek concluye su artículo destacando que es necesario «poner toda nuestra energía en lograr» que Julian Assange pueda volver a caminar libremente por las calles de Nueva York, «celebrado como un héroe de nuestro tiempo».

Inna Afinogenova sobre el caso Assange

RT · 29 de junio de 2021

Chris Hedges: Julian Assange y el colapso del Estado de derecho

Rebelion.org · 16 de junio de 2021

Ilustración: Mr. Fish

Este artículo reproduce la intervención de Chris Hedges en un acto celebrado el pasado jueves en Nueva York en apoyo de Julian Assange. Dicho acto forma parte de una gira por Estados Unidos que durará un mes y en la que intervienen entre otros el padre y el hermano de Julian y Roger Waters (Pink Floyd).


Una sociedad que prohíbe la posibilidad de decir la verdad anula la posibilidad de vivir en la justicia.

Esa es la razón por la que esta noche estamos aquí. Todos los que conocemos y admiramos a Julian condenamos su prolongado sufrimiento y el de su familia. Exigimos que se ponga fin a los muchos errores e injusticias que se han cometido con su persona. Le respetamos por su valor y su integridad. Pero la batalla por la libertad de Julian nunca ha sido solo por la persecución a la que se sometía a un editor. Es la batalla por la libertad de prensa más importante de nuestra era. Y si perdemos esa batalla las consecuencias serán devastadoras, no solo para Julian y su familia sino para todos nosotros.

Las tiranías invierten el Estado de derecho. Convierten la ley en un instrumento de injusticia. Esconden sus crímenes mediante una falsa legalidad. Utilizan la dignidad de tribunales y juicios para ocultar su criminalidad. Aquellos que, como Julian, exponen ante el público esa criminalidad son personas peligrosas, porque sin el pretexto de la legitimidad la tiranía pierde credibilidad y lo único que le queda es el miedo, la coacción y la violencia.

La prolongada campaña contra Julian y Wikileaks es una ventana hacia la demolición del Estado de derecho, un paso más hacia lo que el filósofo político Sheldon Wolin llama nuestro sistema de totalitarismo invertido, una forma de totalitarismo que mantiene la ficción de la antigua democracia capitalista, incluyendo sus instituciones, iconografía, símbolos patrióticos y retórica, pero que internamente ha entregado todo el control a los dictados de las corporaciones globales.

Yo estaba en la sala del tribunal cuando Julian Assange fue juzgado por la juez Vanessa Baraitser, una versión moderna de la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas, que exigía la sentencia antes de declarar el veredicto. Fue una farsa judicial. No existía base legal alguna para mantenerle en prisión. No había base legal alguna para juzgarle, siendo un ciudadano australiano, según la Ley de Espionaje de EE.UU. La CIA le estuvo espiando en la embajada ecuatoriana a través de una compañía española, UC Global, contratada para proporcionar la seguridad a la embajada. Este espionaje incluyó las conversaciones confidenciales entre Assange y sus abogados cuando discutían los términos de su defensa. Este mero hecho debería haber invalidado el juicio. Julian está prisionero en una cárcel de alta seguridad para que el Estado pueda continuar los abusos degradantes y la tortura que espera provoquen su desintegración psicológica o incluso física, tal y como ha testificado el relator Especial de la ONU para la Tortura, Nils Melzer.

El gobierno de Estados Unidos ha dado instrucciones al fiscal londinense James Lewis, tal y como ha documentado con elocuencia [el exdiplomático, periodista y defensor de derechos humanos británico] Craig Murray. Lewis presentó dichas directrices a la juez Baraitser, que las adoptó como su decisión legal. Todo el show fue una pantomima judicial. Lewis y la juez insistieron en que no estaban intentando criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa, al mismo tiempo que se afanaban en establecer un marco legal para criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa. Y esa es la razón por la que el tribunal se esforzó tanto por ocultar el proceso judicial a la opinión pública, limitando el acceso a la sala del tribunal a un puñado de observadores y poniendo todas las dificultades posibles para imposibilitar su visionado en línea. Fue un oscuro juicio amañado, más típico de la Lubianka que de la jurisprudencia británica.

Yo sé que muchos de los que estamos hoy aquí nos consideramos radicales, puede que hasta revolucionarios. Pero lo que estamos exigiendo tiene de hecho un tinte conservador, dentro del espectro político. Exigimos la restauración del Estado de derecho. Algo tan sencillo y básico que no debería resultar incendiario en una democracia en funcionamiento. Pero vivir en la verdad en un sistema despótico es un acto supremo de desafío. Esa verdad aterroriza a quienes detentan el poder.

Los arquitectos del imperialismo, los señores de la guerra, las ramas legislativa, judicial y ejecutiva del gobierno, controladas por las grandes empresas, y sus serviles cortesanos de los medios de comunicación son ilegítimos. Si pronuncias esta sencilla verdad quedas desterrado, como hemos estado muchos de nosotros, a los márgenes del panorama mediático. Si demuestras esa verdad, como han hecho Julian Assange, Chelsea Manning, Jeremy Hammond y Edward Snowden al permitirnos fisgar en las interioridades del poder, serás perseguido y procesado.

Poco después de que Wikileaks publicara los archivos de la Guerra de Irak en octubre de 2010, que documentaban numerosos crímenes de guerra de Estados Unidos –incluyendo imágenes del ametrallamiento de dos periodistas de Reuters y otros 10 civiles desarmados en el video Asesinato Colateral, la tortura sistemática de prisioneros iraquíes, el ocultamiento de miles de muertes de civiles y el asesinato de cerca de 700 civiles que se habían acercado demasiado a los puestos de control estadounidenses–, los destacados abogados de derechos civiles Len Weinglass y mi buen amigo Michael Ratner (a quien acompañaría posteriormente para reunirse con Julian en la embajada ecuatoriana) se reunieron con Julian en un apartamento de Londres Central. Las tarjetas bancarias personales de Assange habían sido bloqueadas. Tres ordenadores encriptados habían desaparecido de su equipaje durante su viaje a Londres. La policía sueca estaba fabricando un caso en su contra con la intención, le advirtió Ratner, de extraditarle a Estados Unidos.

“Wikileaks y tú personalmente os enfrentáis a una batalla que es tanto legal como política”, le dijo Weinglass a Assange. “Como aprendimos en el caso de los Papeles del Pentágono, al gobierno de Estados Unidos no le gusta que se haga pública la verdad. Y no le gusta que le humillen. No importa que sea Nixon, Bush u Obama, un Republicano o un Demócrata, quien ocupe la Casa Blanca. El gobierno de EE.UU. intentará evitar que publiques sus repugnantes secretos. Y si tienen que destruirte a ti, y destruir al mismo tiempo la Primera Enmienda y los derechos de los editores, están dispuestos a hacerlo. Creemos que van a perseguir a Wikileaks y a ti, Julian, por publicarlos”.

“Que van a perseguirme, ¿por qué razón?”, preguntó Julian.

“Por espionaje”, continuó Weinglass. “Van a acusar a Bradley Manning por traición, acogiéndose a la Ley de Espionaje de 1917. No creemos que se le pueda aplicar porque es un denunciante de conciencia, no un espía. Pero van a intentar obligar a Manning a que te implique a ti como colaborador”.

“Que van a perseguirme, ¿por qué razón?”

Esa es la cuestión.

Han perseguido a Julian por sus virtudes, no por sus defectos.

Han perseguido a Julian porque sacó a la luz más de 15.000 muertes no denunciadas de civiles iraquíes; porque hizo públicas la tortura y los malos tratos a unos 800 hombres y muchachos de entre 14 y 89 años en Guantánamo; porque publicó que Hillary Clinton ordenó en 2009 a los diplomáticos estadounidenses que espiaran al Secretario General de la ONU Ban Ki Moon y a otros representantes de China, Francia, Rusia y Reino Unido, un espionaje que incluía obtener su ADN, el escaneo de su iris, sus huellas dactilares y sus contraseñas personales, continuando métodos habituales de vigilancia ilegal como las escuchas ilegales al Secretario General de la ONU Kofi Annan las semanas previas a la invasión de Irak de 2003 dirigida por Estados Unidos; le han perseguido porque divulgó que Barack Obama, Hillary Clinton y la CIA orquestaron el golpe militar de 2009 en Honduras que derrocó al presidente elegido democráticamente, Manuel Zelaya, y lo reemplazó con un régimen militar corrupto y asesino; porque reveló que George Bush hijo, Barack Obama y el general Davis Petrous llevaron a cabo una guerra en Iraq que, según las leyes posteriores al proceso de Núremberg, se considera una guerra criminal de agresión, un crimen de guerra y porque autorizaron cientos de asesinatos selectivos, incluyendo los de ciudadanos estadounidenses en Yemen, donde también lanzaron secretamente misiles, bombas y ataques con drones que acabaron con la vida de decenas de civiles; porque reveló que Goldman Sachs pagó a Hillary Clinton 657.000 dólares por dar conferencias, una suma tan enorme que solo puede considerarse un soborno, y que Clinton aseguró en privado a los líderes empresariales que cumpliría sus ordenes, mientras prometía a la opinión pública una regulación y una reforma financiera; porque sacó a la luz la campaña interna para desacreditar y destruir a Jeremy Corbyn por parte de miembros de su propio Partido Laborista; porque mostró cómo la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad utilizan herramientas de hackeo que permiten al gobierno la vigilancia al por mayor a través de nuestros televisores, ordenadores, smartphones y programas antivirus, lo que permite al gobierno registrar y almacenar nuestras conversaciones, imágenes y mensajes de texto privados, incluso si están encriptados.

Julian sacó a la luz la verdad. La desveló una y otra y otra vez, hasta que no quedó la menor duda de la ilegalidad, corrupción y mendacidad endémicas que definen a la élite gobernante global. Y por descubrir esas verdades es por lo que han perseguido a Assange, como han perseguido a todos aquellos que se atrevieron a rasgar el velo que cubre al poder. “La Rosa Roja ahora también ha desaparecido…”, escribió Bertolt Bretch cuando la socialista alemana Rosa Luxemburgo fue asesinada. “Porque ella a los pobres la verdad ha dicho, los ricos del mundo la han extinguido”.

Hemos experimentado un golpe de Estado empresarial, mediante el cual los pobres y los hombres y mujeres trabajadores se ven reducidos al desempleo y el hambre; la guerra, la especulación financiera y la vigilancia interna son las únicas ocupaciones del Estado; por el cual ya ni siquiera existe el habeas corpus; por el que los ciudadanos no somos más que mercancías que se usan, se despluman y se descartan para los sistemas corporativos del poder. Negarse a contraatacar, a tender lazos y ayudar al débil, al oprimido y al que sufre, a salvar el planeta del ecocidio, a denunciar los crímenes internos e internacionales de la clase dominante, ea xigir justicia, a vivir en la verdad es llevar la marca de Caín. Quienes detentan el poder deben sentir nuestra ira, y eso significa realizar actos constantes de desobediencia civil, significa acciones constantes de protesta social y política, porque este poder organizado desde abajo es el único que nos salvará y el único poder que liberará a Julian. La política es un juego de temor. Es nuestro deber moral y cívico hacer sentir miedo a los que están en el poder, mucho miedo.

La clase dominante criminal nos tiene a todos sujetos por el miedo. No puede reformarse. Ha abolido el Estado de derecho. Oscurece y falsea la verdad. Busca la consolidación de su obsceno poder y su obscena riqueza. Por tanto, citando a la Reina de Corazones, metafóricamente, claro, yo digo: “¡Que les corten la cabeza!”.

Chris Hedges es un periodista ganador del Premio Pulitzer. Fue durante 15 años corresponsal en el extranjero para The New York Times, ejerciendo como jefe para la oficina de Oriente Próximo y la  de los Balcanes. Anteriormente trabajó para los diarios The Dallas Morning News, The Christian Science Monitor y NPR. Presenta el programa “On Contact”, nominado para un Premio Emmy, de la cadena internacional de televisión rusa RT.


El video completo del acto puede verse aquí.  La intervención de Chris Hedges comienza en el minuto 45:50.


Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://scheerpost.com/2021/06/11/chris-hedges-julian-assange-and-the-collapse-of-the-rule-of-law/

Snowden anuncia el «fin del caso contra Assange» tras la confesión de un testigo clave de que mintió

RT · 27 de junio de 2021

Sigurdur Ingi Thordarson hizo creer a las autoridades de EE.UU. que Assange le pidió que ‘hackeara’ ordenadores para acceder a las grabaciones de las conversaciones privadas de parlamentarios.



Un testigo clave en el proceso del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Julian Assange, Sigurdur Ingi Thordarson, ha confesado en una entrevista concedida al periódico islandés Stundin que mintió en sus declaraciones utilizadas por las autoridades norteamericanas para armar el caso contra el fundador de WikiLeaks. «Esto es el fin del caso contra Julian Assange», escribió el excontratista de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA) Edward Snowden en referencia a estas revelaciones.

Sigurdur Ingi Thordarson era un voluntario de WikiLeaks convertido en el primer informante conocido del FBI dentro de la organización a cambio de unos 5.000 dólares e inmunidad de la persecución judicial. Ahora, Thordarson ha admitido que su afirmación previa de que Assange le pidió que ‘hackeara’ los ordenadores de los parlamentarios para acceder a las grabaciones de sus conversaciones telefónicas privadas es falsa y que nunca lo solicitó.

El hombre ha explicado que, en realidad, recibió unos archivos de terceros que le dijeron que habían grabado a los parlamentarios y propuso compartirlos con Assange sin comprobar su contenido.

La Justicia británica decidió no extraditar a Assange a EE.UU. por temor a que se suicide, un país donde afronta hasta 175 años de prisión por 18 cargos en su contra, a raíz de la publicación de documentos secretos en su portal WikiLeaks. Lo acusan de violar la Ley de Espionaje y conspirar para cometer una intromisión informática y acceder a ordenadores gubernamentales con información clasificada.

Sin embargo, ahora la veracidad de la información en la que se basa la acusación formal estadounidense ha sido desmentida por el testigo principal, cuyo testimonio ha sido clave. Si bien la corte británica se guió por motivos humanitarios al fallar en contra de la extradición de Assange, la argumentación del equipo legal de EE.UU. incluyó la afirmación de que el acusado y su informador, Thordarson, trataron de descifrar juntos un archivo robado de un banco islandés.

Thordarson ha aclarado a Stundin que el incidente descrito fue bien conocido y el archivo encriptado fue filtrado del banco y compartido en Internet entre los entusiastas que trataron de descifrarlo por motivos de interés público en un intento de descubrir los motivos de la crisis financiera en Islandia, y que nada confirma que el archivo fuera «robado» en algún momento, ya que se presume que lo divulgaron los propios empleados del banco.

Otro punto expuesto en el mencionado proceso judicial fue que Assange «utilizó acceso no autorizado» otorgado por Thordarson «para acceder a un sitio web gubernamental» destinado a rastrear vehículos policiales. Entrevistado por Stundin, el informante ha precisado que los datos del ‘login’ eran sus propias identificaciones y no fueron obtenidos por medios ilícitos.

Edward Snowden reacciona a la muerte de John McAfee: «Assange podría ser el siguiente»

RT · 24 de junio de 2021

El fundador de la compañía de seguridad informática fue encontrado muerto en la jornada de ayer en la prisión española donde se hallaba recluido.

El excolaborador de la CIA Edward Snowden ha reaccionado este miércoles a la muerte del empresario británico-estadounidense John McAfee, fundador de la compañía de antivirus que lleva su nombre, que fue hallado muerto el miércoles en una prisión de Barcelona (España).

«Europa no debería extraditar [a EE.UU.] a los acusados de delitos no violentos a un sistema judicial tan injusto y a un sistema penitenciario tan brutal que los acusados nativos preferirían morir antes que someterse a él. Julian Assange podría ser el siguiente. Hasta que se reforme el sistema, la moratoria debe permanecer», defendió Snowden en su cuenta de Twitter.

Por su parte, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, compartió las preocupaciones por la seguridad del fundador de WikiLeaks, encarcelado actualmente en Reino Unido. «Estoy de acuerdo con Edward al 100%. Assange ha sido presionado, torturado, y ahora no tenemos ni idea de lo que le están haciendo. Luego, los anglosajones emitirán un comunicado de prensa», escribió la diplomática en su cuenta de Telegram.

Joseph Farrell: Lo que están haciendo con Assange es para avalar la persecución a periodistas

Juan Manuel Boccacci · Página 12 · 31 de mayo de 2021

El creador del sitio de megafiltraciones lleva 3.632 días privado de su libertad. En diálogo con Página|12 su amigo y colega en Wikileaks repasó la importancia de su trabajo y el método de investigación con que revolucionaron el periodismo.

En tres semanas se cumplirán diez años desde que Julian Assange entró a la embajada de Ecuador pidiendo asilo político. Son 3.634 días en los que el creador de Wikileaks estuvo privado de su libertad. Hoy permanece detenido en la prisión de Belmarsh, conocida como la Guantánamo del Reino Unido. Página|12 conversó con Joseph Farrell, amigo y colega de Assange. Juntos trabajaron durante más de diez años en Wikileaks. Actualmente Farrell cumple el rol de Embajador del sitio de megafiltraciones. “Lo que están haciendo con Julian es sentar un precedente para los gobiernos de todo el mundo, de que está bien perseguir a periodistas y editores”, señaló el investigador británico.

Esperando Justicia

Desde hace años Farrell recorre el mundo militando por la libertad del periodista australiano. Al verlo en videos hablando sobre Assange queda en claro el cariño y la admiración que siente por él. Farrell tiene una voz cálida y amable que emociona cada vez que levanta el tono para exclamar “¡free Assange!”. “La única forma de que este caso termine, es que EEUU retire todos los cargos”, dijo el Embajador de Wikileaks. En concreto el gobierno norteamericano lo acusa de haber “conspirado” con su fuente, Chelsea Manning, para obtener y publicar millones de documentos secretos. Entre ellos destacan archivos sobre las guerras de Irak y Afganistán, de la cárcel de Guantánamo, y las comunicaciones diplomáticas entre embajadas estadounidenses y Washington.

/…/

Puedes leer el texto completo aquí.

Desde la antigüedad, silenciar a los disidentes ha socavado las narrativas populares sobre la democracia

Eric Harvey · Intermedia Press · 4 de abril de 2021

En todo el tiempo que Estados Unidos ha perseguido al fundador de Wikileaks, Julian Assange, la democracia ha tenido que ser reexaminada por lo que realmente puede ser. ¿Es un sistema político que garantiza la participación significativa de todas las personas en el gobierno? ¿No lo es?

De manera ancestral, la democracia estadounidense se deriva de la primera manifestación de “gobierno del pueblo”, establecida alrededor del 500 a. C. en Atenas, Grecia. Aproximadamente cien años después de que Clístenes, magistrado ateniense de alto rango, fundó el original de tales gobiernos, la democracia seguía siendo la ley del país.

Sócrates, fue condenado a muerte simplemente por cuestionar la autoridad. Al igual que el filósofo, Assange ha sido brutalmente penalizado por desafiar a los gobiernos, lo que solo ha hecho mediante un compromiso no violento con la libertad radical de información. En su activismo, siempre se ha involucrado en las actividades de prensa y expresión protegidas constitucionalmente. Como dice el hashtag de Twitter, “#JournalismIsNotACrime”. Y realmente no es un crimen. O eso afirmaron los fundadores de nuestro país.

Assange y Sócrates son muy diferentes en sus respectivas actitudes hacia la democracia, siendo la primera a favor del derecho humano de todos los pueblos a la autodeterminación y la segunda en contra de esta forma de gobierno de una manera abrumadora. Sin embargo, lo que es similar en ellos es la naturaleza de la pena impuesta a cada uno por desafiar a la autoridad. Y las ramificaciones de estas sanciones son útiles para comprender cómo se ve realmente el “gobierno del pueblo”.

Lo que le sucedió a Sócrates y lo que está sucediendo con Assange exponen lo que la democracia pudo haber sido originalmente y lo que puede seguir siendo en la actualidad. Las historias del periodista australiano y el filósofo clásico sugieren que este sistema de gobierno es mucho más opresivo de lo que han sugerido las narrativas populares sobre el “gobierno del pueblo”. Silenciar a los disidentes es una práctica milenaria y está tan presente hoy en la democracia estadounidense como en la Grecia clásica. Tal práctica va en contra de las narrativas antes mencionadas. En otras palabras, es posible que la democracia nunca haya sido democrática. Puede que siempre haya sido lo contrario.

En un gobierno democrático, basado en el “gobierno del pueblo”, se supone que es evidente que quienes están en el poder ejecutarán los procesos políticos de una manera que sirva a los intereses de los gobernados. La libertad de un pueblo para expresar sus preocupaciones precede necesariamente a la materialización de las soluciones de cualquier gobierno a esas preocupaciones. Para decirlo de otra manera, la supresión de la voz de una persona interfiere con el reconocimiento de la voz de esa persona dentro del proceso político.

Las sanciones impuestas contra una persona, por hacer uso de su voz de manera política, reducen la credibilidad de las narrativas populares sobre los procesos políticos democráticos, que afirman que es fundamental para esta forma de gobierno la garantía de que su pueblo pueda participar de manera significativa en esos procesos. En última instancia, para llamar la atención sobre la naturaleza de tales narrativas, mientras describe el poder de las redes sociales en las democracias, el columnista del New York Times, Thomas B. Edsall, escribió una vez:

“La promesa original de las tecnologías digitales era absolutamente democrática: empoderar a los que no tienen voz, romper fronteras para construir comunidades transnacionales y eliminar a los árbitros de élite que restringían el discurso político”.

Entonces, ¿qué son las plataformas de redes sociales sino los medios para difundir información con fines democráticos? De esa forma, son editores de carácter democrático. Si bien Wikileaks, también una plataforma de publicación, ha demostrado mucho más compromiso en publicar solo información veraz que, por ejemplo, Twitter e Instagram, sigue siendo cierto que los tres son, en grados sustanciales, lo mismo; todos proporcionan medios por los cuales las personas pueden acceder a información que informa las decisiones que esas personas toman en los procesos políticos. Indicando esto de manera extrema, la información incendiaria y falsa publicada en Twitter por el ex presidente Donald Trump influyó en los ciudadanos enojados y equivocados en sus disturbios en el Capitolio en enero.

Entonces, cuando una persona es testigo de las consecuencias negativas que enfrenta otra persona por cuestionar la autoridad a pesar de estas narrativas distorsionadas sobre la democracia, esa persona que da testimonio de este abuso de poder puede rehuir una participación significativa en el gobierno. Y entonces, en última instancia, es posible que el gobierno no tenga que volver a escuchar a los gobernados. En este punto, la antítesis del “gobierno del pueblo” es todo lo que queda. Las plataformas editoriales dan forma al control del poder de cualquier gobierno que es la resistencia del público, como lo demuestra el efecto liberador que Wikileaks ha tenido en el mundo, como lo demuestra su efecto positivo y precipitado en las investigaciones de La Primavera Árabe y la Corte Penal Internacional. sobre si Estados Unidos había cometido crímenes de guerra durante su actual conflicto en el Medio Oriente.

Dado lo que le sucedió a Sócrates y lo que está sucediendo con Assange, la primera democracia en Atenas y el marco ancestral en torno al cual se organiza Estados Unidos era tanto lo opuesto de lo que se suponía que era como la democracia estadounidense en la actualidad.

Considerada como el lugar de nacimiento del “gobierno del pueblo”, Atenas lideró un asalto a la democracia al ejecutar a un filósofo por sentir amenazada la seguridad de su poder, una pena impuesta al hombre después de que solo se involucró en la disidencia verbal. Sócrates hizo preguntas sin descanso a los que estaban en el poder. Y los que estaban en el poder, mientras el filósofo simplemente no dejaba de hacer esas preguntas, lo consideraban una amenaza para la seguridad de su autoridad.

Sócrates fue condenado por “sacrilegio” contra el panteón griego e incitar a la disidencia entre los jóvenes, el filósofo había desafiado demasiadas bases de los métodos del gobierno ateniense para gestionar a sus ciudadanos. Insatisfecho con las deficiencias percibidas en los marcos culturales y políticos de la antigua Atenas, Sócrates abogó por alternativas a los pilares del gobierno de esa ciudad griega en términos de los llamados “delitos” por los que fue condenado. En otras palabras, simplemente por desafiar a la autoridad cuestionando su efectividad, el gobierno del filósofo lo mató.

En la forma en que Estados Unidos ha liderado de manera calumniosa, difamatoria y violenta su embestida contra Assange, parece que el derecho a hablar, que se supone que es inherente al “gobierno del pueblo”, se otorga solo a los que cumplen, como fue en la antigua Atenas.

Que Assange ni siquiera sea un ciudadano estadounidense problematiza aún más lo que Estados Unidos está haciendo, lo que sugiere que Estados Unidos cree que el mundo es su jurisdicción, cuando fundamentalmente ese no es el caso. De hecho, es otro indicio de la ilegitimidad del gobierno estadounidense en todos sus abusos de poder y de su predisposición antidemocrática.

Una vez más, Sócrates y Assange difieren radicalmente en términos de sus respectivas actitudes hacia la participación de todas las personas en el gobierno, el primero afirmando la necesidad de gobernar por un cuerpo de personas extremadamente limitado y el segundo celebrando el derecho humano de cada persona a autodeterminar su participación en el proceso político basada en la educación. Solo teniendo acceso sin obstáculos a la información, el periodista australiano siente que una persona puede tomar decisiones informadas sobre cómo se comporta dentro de los procesos políticos, y que el compromiso es clave para la autodeterminación, una parte fundamental de lo que se supone que es la democracia.

A pesar de lo diferentes que son estos hombres, Assange aún enfrenta una pena comparable a la que soportó Sócrates. Estados Unidos no busca la pena de muerte. Sin embargo, el periodista australiano, fundador y ex editor en jefe de Wikileaks enfrenta hasta 175 años en confinamiento solitario en la prisión ADX Florence (Colorado). Una instalación carcelaria que alberga a criminales tan violentos como el líder del Cartel de Sinaloa Joaquín “El Chapo” Guzmán, el atacante del maratón de Boston, Dzhokhar Tsarnaev y el “Unabomber, Ted Kaczynski”.

A principios del próximo mes se cumplirán dos años en los que Assange se sigue pudriendo en una prisión de máxima seguridad infestada de COVID en una zona rural de Londres, mientras Estados Unidos continúa buscando su extradición del Reino Unido. Y el periodista australiano ha tenido que lidiar con esto, como resultado de haber publicado pruebas de la criminalidad imperialista regular de Estados Unidos.

Para ilustrar la gravedad del castigo que enfrenta Assange, grupos de derechos humanos de todo el mundo han condenado el confinamiento solitario como tortura. En particular, Nils Melzer, el relator especial sobre la tortura de las Naciones Unidas, ha afirmado que esa pena constituye un castigo cruel e inusual.

Ya en noviembre de 2019, aproximadamente ocho meses después de que se revocara el asilo de Assange en la embajada ecuatoriana en Londres y posteriormente fuera encarcelado en HMP Belmarsh en una zona rural de la ciudad británica, 60 médicos redactaron una carta abierta suplicando a las autoridades inglesas que permitieran el acceso a los profesionales médicos para brindar la atención adecuada a Assange, escribiendo que, “si no se realizaran una evaluación y tratamiento tan urgentes, tenemos preocupaciones reales, según la evidencia actualmente disponible, de que el Sr. Assange podría morir en prisión“. En otras palabras, incluso antes de una posible extradición, ya ha sido sometido a penas inhumanas e injustificables. En la carta, los médicos indicaron que han observado en Assange síntomas que típicamente son el resultado de la tortura. Cartas posteriores de los mismos profesionales médicos indican observaciones adicionales de que el periodista sigue en rápido declive como resultado de las deplorables condiciones de su encarcelamiento.

Dado que Sócrates solo se involucró en expresiones de disidencia cuando hizo preguntas sobre lo que percibía como ineficaz sobre su gobierno y dado que Assange solo se ha dedicado a publicar información clasificada en un intento de restaurar el derecho humano de todas las personas a autodeterminarse en cómo participan en los procesos políticos; parece que la democracia hoy es tan vacía como lo era cuando se introdujo por primera vez al mundo.

Desde 2006, cuando se fundó Wikileaks, Assange y la plataforma solo se han involucrado en las prácticas de recopilación y publicación de información estándar para la industria de las noticias, han dicho testigos expertos que han testificado durante los procedimientos de extradición. En un artículo para la revista Jacobin, el editor en jefe de Shadowproof.com, Kevin Gosztola, llamó la atención sobre dichos testigos y escribió que demostraban que las prácticas en las que Wikileaks y Assange se han involucrado son “indistinguibles de las prácticas estándar de cualquier periodista estadounidense, y en realidad de cualquier medio de prensa occidental “. Gosztola cita la existencia de buzones anónimos en la mayoría de las publicaciones de noticias, donde cualquiera puede enviar cualquier información sin indicar una identidad.

Sin embargo, la administración Trump ha perseguido a Assange y la administración Biden ha preservado las políticas abusivas de nuestro ex presidente hacia el periodista australiano, ignorando convenientemente el precedente que protege las actividades en las que participan todos los periodistas, actividades democráticas en esencia en términos de cómo permiten que cualquiera consuma a esos periodistas. ‘información para actuar de una manera más informada durante el proceso político.

Para decirlo de otra manera, es posible que la democracia nunca haya sido lo que muchos de nosotros nos han hecho creer que es. Desde la antigüedad hasta el presente, siempre pudo haber sido una ilusión detrás de la cual otro sistema de opresión asoma su fea cabeza. Puede que siga siendo así, a menos que se realicen cambios radicales y se retiren los cargos contra Assange. Quizás la democracia ni siquiera se concibió como un gobierno verdaderamente representativo.