La persecución a Assange: tiro de gracia al periodismo

Virginia P. Alonso · Público · 3 de enero de 2021

No recuerdo la fecha exacta, pero fue poco antes de Reyes de 2011 cuando cogí aquel avión hacia una capital del norte de Europa en la que el día apenas duraba 360 minutos y el suelo estaba cubierto de nieve y hielo sucios.

Me daban 72 horas para bucear entre 251.287 cables diplomáticos que Wikileaks había filtrado el 28 de noviembre anterior a varios medios de comunicación (The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel y El País). 72 horas para encontrar algo que no se hubiera publicado ya y que tuviera la suficiente enjundia como para intentar convencer a mi fuente de que me dejara llevarme toda la documentación a Madrid para poder trabajarla con un equipo en la redacción.

Pero no había visos de que tal cosa sucediera. El acuerdo que acababa de cerrar mi periódico con la entonces directora del diario noruego Aftenposten –que había recibido una «filtración de la filtración» y que, tras mucho insistirle, accedió a que yo consultara el cablegate- era claro: solo podía leer el material allí y tomar notas a mano durante no más de 72 horas. Y no se me permitía tener ningún dispositivo electrónico conmigo mientras estuviera en «la sala».

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