NO a la extradición de Julian Assange

Spain4Assange · 16 de mayo de 2022

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Barcelona, 16 de mayo de 2022

Este miércoles 18 de mayo se espera que la ministra de Interior del Reino Unido, Priti Patel, firme la orden de extradición de Julian Assange, periodista y editor de Wikileaks, a Estados Unidos. Assange se encuentra desde abril de 2019 en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh (la «Guantánamo británica»), en estricto aislamiento y bajo sofisticados métodos de tortura psicológica, como denunció el relator de la ONU para la tortura Nils Melzer.

Pero la historia viene de lejos. Julian Assange lleva más de 11 años privado de libertad, desde diciembre de 2010: primero dos años en arresto domiciliario y después siete años en la Embajada de Ecuador en Londres, todo ello a consecuencia de una euroorden de arresto emitida por Suecia por un posible delito de violación. Sin embargo, a pesar de la gravedad de la acusación y de los numerosos y escandalosos atropellos del estado de derecho y de una campaña de difamación y desprestigio minuciosamente planificada, el caso se cerró como si no hubiese pasado nada en 2019 con una declaración de la fiscal sueca: «la situación probatoria se ha debilitado en tal grado que ya no hay razones para continuar la investigación». El objetivo nunca fue que esa investigación progresara.

Para entonces, el gobierno de Ecuador -violando todas las convenciones internacionales sobre el derecho de asilo- le había retirado al señor Assange la ciudadanía y el estatus de asilante concedidos en 2012 y lo entregó a las autoridades británicas, que acto seguido lo condenaron a 50 semanas de cárcel por haber violado la libertad condicional impuesta por un presunto delito fabricado por el que nunca nadie llegó a presentar ningún cargo contra Assange. De nuevo, una sucesión interminable de irregularidades judiciales y vulneración de derechos.

En los países conocidos como autoritarios nadie tiene la ilusión de vivir en libertad. Pero, ¿y nosotros?

Nadie ha entendido mejor que Assange los cambios tecnológicos del siglo XXI y sus repercusiones en el ámbito de la información. Con Wikileaks ha puesto al servicio de toda la ciudadanía no solo sus conocimientos técnicos sino también su capacidad única de entender los entresijos del poder. Y el poder no perdona a los servidores públicos insobornables.

Si esta persecución política -en la mejor tradición estalinista- sigue adelante, cualquier persona de cualquier rincón del mundo podrá ser extraditada a Estados Unidos y juzgada bajo su legislación. Estados Unidos, en cambio, gozará de una impunidad global absoluta. Con un precedente así, ¿con qué autoridad podremos criticar a China o a Rusia cuando hagan lo mismo? En los países conocidos como autoritarios nadie tiene la ilusión de vivir en libertad. Pero, ¿y nosotros? Una de las cosas preocupantes que nos muestra el «caso Assange» es precisamente la soberanía cada vez más ficticia de nuestros gobiernos, empezando por los países insignia de la democracia occidental como Suecia, Gran Bretaña o Alemania. En este sentido, es revelador el testimonio del periodista alemán John Goetz en una de las audiencias del caso contra Assange (16 de septiembre de 2019), como también lo es el de Khaled al-Masri, ciudadano alemán secuestrado y torturado por la CIA en 2003 por error.

Por todo ello, defender a Assange es también defender a Europa, el verdadero legado europeo de la razón y la libertad, de la justicia y el derecho: los valores en los que se fundamenta(ba) nuestro «estilo de vida» y que creíamos intocables.

La víctima final de esta infame caza de brujas contra Wikileaks y Assange no será solo la libertad de expresión o la independencia de la prensa, sino también el entero espacio digital que se supone común.

Primero vinieron a por Assange y no hicimos nada porque… ¿Por qué?

En defensa de la verdad y de la justicia, exigimos:

A Priti Patel, ministra de Interior del Reino Unido: que respete la legislación de su propio país y, en particular, el artículo 4 del Tratado de Extradición entre Gran Bretaña y Estados Unidos, y que ordene la liberación inmediata de Julian Assange;

A la administración Biden: que acate el derecho internacional y la primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que retome la posición de la administración Obama, que retire todos los cargos contra Julian Assange y le compense los daños infligidos desde 2010; y que investigue a los verdaderos culpables, los que cometieron los crímenes revelados por Wikileaks;

A nuestros representantes políticos: que protejan la libertad de expresión y nuestro derecho a la información como elementos fundamentales de una sociedad democrática.

Apelamos a la prensa para que ejerza el periodismo con rigor e integridad profesional, revise el caso de Julian Assange y utilice todos los medios a su alcance para mostrar solidaridad con él y difundir la verdad.

Por Assange. Por su libertad que es la nuestra. Por la democracia.

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