Condena mundial al fallo contra Julian Assange

Página 12 · 11 de diciembre de 2021

La manifestaciones en contra del fallo dieron la vuelta al mundo. (Fuente: AFP)

Repudio de Aministía Internacional, Reporteros sin Fronteras, la Federación Internacional de Periodistas, el gobierno de Rusia y la Internacional Progresista

Organizaciones civiles y gubernamentales, así como personalidades del mundo han rechazado el fallo de la Cámara de apelaciones británica en favor de la extradición a Estados Unidos del periodista Julian Assange.

La ONG Reporteros Sin Fronteras condenó la decisión de la justicia, de acuerdo con su secretario general, Christophe Deloire. “Defendemos este caso debido a sus implicaciones peligrosas para el futuro de la libertad de prensa en todo el mundo. Ha llegado la hora de poner fin a más de una década de persecución, de una vez y para siempre. Es la hora de poner en libertad a Assange”, agregó Deloire, quien señaló que el fundador de Wikileaks está siendo perseguido por su periodismo.

Un tribunal de Londres aceptó este viernes el recurso de Estados Unidos contra la decisión británica de no extraditar a ese país a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks al que Washington quiere juzgar por la difusión de documentos clasificados.

«El tribunal admite el recurso», se limitó a decir el juez Timothy Holroyde ante una sala abarrotada por la fuerte expectación mediática del caso. Una magistrada de primera instancia consideró en enero que Assange corría riesgo de suicidio si era extraditado, pero ahora el caso deberá ser analizado de nuevo.

Aministía

La organización de derechos humanos Amnistía Internacional (AI) tildó de «parodia a la justicia» la decisión de la Alta Corte de Londres de autorizar la extradición a EEUU de Assange. «Es una parodia a la justicia… El tribunal decidió aceptar las garantías incorrectas de Estados Unidos de que Assange no sería sometido a confinamiento solitario en una cárcel con régimen penitenciario duro», declaró el director de AI para Europa, Nils Muiznieks.

La eventual extradición de Julian Assange a Estados Unidos pone en peligro los principios de la libertad de los medios de comunicación, declaró un portavoz de la Federación Internacional de Periodistas. “La extradición de Assange a Estados Unidos pondría en peligro no sólo su vida, sino también los principios fundamentales de la libertad de prensa. La asociación apoyará cualquier esfuerzo del equipo legal de Assange para impugnar este fallo judicial», dijo el vocero.

Zajarova

La vocera de la Cancillería rusa, María Zajárova criticó este viernes la decisión del Tribunal de Apelación de Reino Unido de aprobar la extradición a Estados Unidos del fundador de Wikileaks, Julian Assange. “Este vergonzoso veredicto en el marco de un caso político contra un periodista y activista social es otra manifestación de la mentalidad caníbal del dúo anglosajón”, precisó Zajárova en alusión a EE.UU. y Reino Unido.  “Occidente celebró de forma decente el Día Internacional de los Derechos Humanos y el fin de la Cumbre por la Democracia”, ironizó la funcionaria.

A su turno elexpresidente ecuatoriano Rafael Correa tuiteó: “Feliz día de los Derechos Humanos..! Como decían los jóvenes idealistas en Francia: “Paren el mundo, que yo me bajo. Pd: No olvidar que fue Lenin Moreno el que entregó a Assange.

La Internacional Progresista subió un video reciente en el que el expresidente brasileño Lula da Silva, exige la liberación del fundador de WikiLeaks ylo postulapara el premioNobel de la Paz. “Julian Assange no merece ser castigado, merece ser reconocido por el enorme servicio que le ha prestado ala humanidad al denunciar el genocidio de las guerras. Es un héroe dela democracia!”

Garzón

El abogado y exmagistrado español, Baltasar Garzón, criticó la sentencia del Tribunal de Apelación inglés, que acepta el recurso iniciado por Estados Unidos y da luz verde al proceso de extradición de Julian Assange. «Consuma la persecución política desencadenada por EEUU contra WikiLeaks y Julian Assange por haber denunciado hechos gravísimos que afectaban a la seguridad de todos», denuncia en un comunicado El también coordinador internacional de la defensa del periodista.

Por su parte, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó que EEUU persigue y busca venganza contra Assange, por haber difundido sus «crímenes de guerra y prácticas injerencistas». «Con persecución versus Assange, EEUU busca venganza y castigo por revelaciones de sus crímenes de guerra y prácticas injerencistas», escribió el diplomático en su cuenta de Twitter.

Mientras tanto el excandidato presidencial colombiano Gustavo Petro señaló:  La extradición del peridista Assange hacia EEUU, equivale a la ley mordaza a la prensa colombiana, solo que a escala mundial.

A su vez la exembajadora argentina en Venezuela y Gran Bretaña y amiga personal de Assange,  Alicia Castro, declaró en el podcast «La García»:  «Estoy muy consternada. Nunca hubo un caso de una tortura física y psíquica tan prolongada como la que se ha sometido a Juliana Assange. ¿Cuál es el delito de haber revelado a todos los hombres y personas comunes de este mundo los secretos Estado que pertenecían al complejo industrial militar de los Estados Unidos? Él solo reveló que existe y por eso latinoamérica tiene una deuda con Assange. Los cables diplomáticos revelaron el grado profundo de la injerencia de los Estados Unidos en la región.»

Familia

La abogada Stella Moris, pareja de Assange y madre de dos de su hijos, también criticóduramente el fallo de la justicia británica y prometió continuar la lucha por la liberación del fundador de WikiLeaks. «¡Pelearemos! Todas las generaciones tienen una lucha épica en la que combatir y esta es la nuestra», señaló Moris. «Porque Julian representa los fundamentos de lo que significa vivir en una sociedad libre, de lo que significa tener libertad de expresión, de lo que significa para los periodistas hacer su trabajo sin tener miedo de pasar el resto de sus vidas en prisión». Moris dijo que el equipo de defensa apuntó que el fallo es un gran error. «Apelaremos esta decisión lo antes posible,” cerró.

El periodista australiano está acusado de 17 cargos de espionaje y uno de intrusión informática, que podrían suponer hasta 175 años de cárcel. Entre 2010 y 2011, su plataforma, WikiLeaks, publicó cientos de miles de documentos militares y diplomáticos clasificados sobre, entre otros temas, las guerras de Irak y Afganistán.

Liberen a Julian Assange: Snowden, Varoufakis, Corbyn y Tariq Ali se pronuncian en vísperas de la audiencia de extradición

Democracy Now · 25 de octubre de 2021

El fundador de WikiLeaks Julian Assange, actualmente detenido en Gran Bretaña, tiene una audiencia de extradición en Londres el 27 de octubre. De cara a esta audiencia, el 22 de octubre se realizó un juicio popular en apoyo y solidaridad con el periodista, denominado Tribunal de Belmarsh en referencia a la cárcel de máxima seguridad donde Assange está detenido. Durante este juicio simbólico se destacaron las principales revelaciones que WikiLeaks hizo sobre los crímenes de guerra estadounidenses y se exigió la libertad de Assange. En Estados Unidos, Assange podría recibir hasta 175 años de cárcel conforme a la Ley de Espionaje, por haber publicado documentos clasificados que dan a conocer crímenes de guerra estadounidenses. Una jueza británica ya había rechazado la extradición en enero, pero Estados Unidos apeló la decisión.

Emitimos fragmentos de las intervenciones de algunos oradores del tribunal popular, entre ellos el escritor Tariq Ali, la activista política afgana Selay Ghaffar, el denunciante de la Agencia de Seguridad Nacional Edward Snowden, el exministro de Finanzas de Grecia Yanis Varoufakis y el ex líder del Partido Laborista Jeremy Corbyn. “Julian no solo no debería ser acusado; debería ser declarado héroe”, dijo Ali. “No debería haber estado preso por incumplir los términos de la fianza. Ni debería estar en la cárcel ahora, mientras espera un juicio de extradición. Debería ser liberado”. También escuchamos las intervenciones de Srećko Horvat, filósofo y presidente del Tribunal de Belmarsh; Ewen MacAskill, ex periodista de The Guardian; y Stella Morris, pareja de Julian Assange.

Para conocer más sobre este tema, vea (en inglés) fragmentos de las intervenciones de estos oradores.

Estados Unidos vuelve a insistir con la extradición de Julian Assange

Página 12 · 28 de octubre de 2021

La justicia británica está examinando la solicitud de Estados Unidos de revocar la decisión de una jueza de primera instancia de rechazar la extradición de Julian Assange para enfrentar cargos de espionaje. Washington lo acusa de 17 cargos de espionaje que suman una pena posible de 175 años de prisión. El fundador de WikiLeaks es señalado por divulgar cientos de miles de documentos confidenciales de militares y diplomáticos estadounidenses.

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La directora de campañas internacionales de Reporteros sin fronteras, Rebecca Vincent, aseguró que en el último año se intensificó la atención mundial sobre el caso, aunque se subestima la gravedad de la situación desde el punto de vista de la libertad de prensa, según consigna el diario británico The Guardian.

«El hecho de que se haya llegado tan lejos tiene un efecto escalofriante en la información sobre seguridad nacional en todo el mundo. Sigue habiendo una tendencia entre algunos a compartimentar esto, o a tomar una posición particular basada en opiniones personales sobre Julian Assange, pero si Estados Unidos tiene éxito en asegurar su extradición, entonces el precedente que podría establecer para cualquier organización de medios de comunicación no puede ser exagerado«.

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Puedes leer el artículo completo aquí.

La imperdonable soledad de Julian Assange

Atilio A. Boron · Página 12 · 31 de diciembre de 2021

Julian Assange está enterrado por la “Justicia” inglesa en una cárcel de máxima seguridad. Lo de enterrado no es una tramposa apelación a una palabra que nos estremece sino un sobria descripción de la celda en la cual -de a poco, hora tras hora- el fundador de WikiLeaks va cumpliendo la sentencia de muerte que la tienen reservada. ¿La razón? Haber filtrado a la prensa cientos de miles de documentos probatorios de la infinidad de asesinatos, torturas, bombardeos y atrocidades que Washington perpetró en Irak, Afganistán y en otros países, cosa que ocultaba con sumo cuidado. Ese fue el crimen de Assange: informar, decir la verdad. Y tal cosa constituye una afrenta imperdonable para el imperio que persiguió al periodista por años.

La valentía del presidente Rafael Correa (ya manifestada cuando expulsó a las tropas de Estados Unidos de la base de Manta) lo puso a salvo de esa amenaza concediéndole no sólo asilo en la embajada del Ecuador en Londres sino la ciudadanía ecuatoriana. La nauseabunda discapacidad moral de su corrupto sucesor, Lenín Moreno, privó a Assange de ambas cosas y lo entregó inerme a las autoridades británicas; es decir, a manos de uno de los más despreciables lugartenientes de la Casa Blanca. Y ahí sigue, esperando lo que parece un final ineludible: su extradición a Estados Unidos. Allí el periodista será exhibido como un trofeo, torturado psicológica y físicamente hasta lo indecible y luego, con maldita astucia, condenado a una dura sentencia, aunque menor a los 175 años pedidos por el fiscal y enviado a una cárcel, en donde poco después morirá descosido a puñaladas en una bien orquestada “riña de reclusos.” En un infinito alarde de hipocresía Washington se apresurará a declarar su pesar por tan lamentable desenlace y el presidente enviará condolencias a sus deudos. Moraleja que el imperio desea grabar a fuego sobre una piedra: ”quien revele nuestros secretos lo pagará con su vida.”

Hablábamos de la soledad de Assange en estos días finales del aciago 2021 y la calificábamos de imperdonable. ¿Por qué? Porque el calvario que ha martirizado al australiano no ha provocado, salvo en Londres, masivas manifestaciones de solidaridad y apoyo a su causa. Sorprende y preocupa que ésta no haya sido asumida como propia por la izquierda y los movimientos populares que sí libraron grandes batallas a finales del siglo pasado y comienzos de éste en contra del Acuerdo Multilateral de Inversiones –abortado, ni bien sus leoninas cláusulas secretas fueron reveladas por hackers canadienses- o contra el neoliberalismo, el ALCA, y los tratados de libre comercio hoy no se movilizan para exigir la inmediata liberación de Assange. Creo que esta desgraciada situación obedece a varios factores: primero, el debilitamiento y/o desorganización de las fuerzas sociales que libraron aquellas grandes batallas, producto del permanente ataque sufrido a manos de los gobiernos neoliberales; segundo, por la suicida exclusividad que en la construcción de la agenda de los movimientos contestatarios tienen los temas económicos, siendo que éstos no pueden ser el único asunto que convoque a su militancia. La lucha anticapitalista y antiimperialista tiene varias facetas, y la batalla por la información y la publicidad de los actos del gobierno es una de ellas. Y en ella Assange es nuestro héroe, que resiste en soledad. A lo anterior hay que agregar un tercer factor: el nefasto papel de la “prensa libre”, es decir, la antidemocrática concentración de poderes mediáticos que jamás asumió no digamos la defensa de un periodista de verdad como Assange sino que se esmeró en ocultar la información sobre el caso. La “canalla mediática”, que nada tiene que ver con el noble oficio del periodismo, se alineó voluntariamente para ocultar los crímenes denunciados por Assange y justificar su encarcelamiento. Es decir, se hizo cómplice de sus verdugos.

Ojalá que la izquierda y los movimientos populares reaccionen a tiempo y abandonen su abulia en este tema. Mucho puede aún hacerse para salvar la vida de Assange: desde un tuitazo mundial apoyando su causa hasta fomentar una masiva cibermilitancia en las redes sociales y organizar multitudinarias manifestaciones callejeras en las principales ciudades del mundo reclamando su libertad y presionando a los gobiernos para que se solidaricen con el periodista amordazado.. Todavía se está a tiempo. Las grandes organizaciones populares no pueden ni deben ser cómplices de su martirio. ¡No le suelten la mano a Assange, no lo dejen solo!

John Pilger: El secuestro judicial de Julian Assange

L’Hora · 14 de diciembre de 2021

En la sentencia más cruda y política que se recuerda, dos jueces del Tribunal Superior de Londres han ordenado la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, donde le espera un juicio en un tribunal canguro, seguido de una vida perdida en un sistema penitenciario bárbaro.

«Mirémonos a nosotros mismos, si tenemos el valor, para ver lo que nos pasa» – Jean-Paul Sartre

Las palabras de Sartre deberían resonar en todas nuestras mentes tras la grotesca decisión del Alto Tribunal británico de extraditar a Julian Assange a Estados Unidos, donde se enfrenta a «una muerte en vida». Este es su castigo por el delito de periodismo auténtico, preciso, valiente y vital.

Abuso de la justicia es un término inadecuado en estas circunstancias. Los cortesanos con peluca del ancien regime británico tardaron sólo nueve minutos el pasado viernes en estimar una apelación estadounidense contra la aceptación por parte de una jueza del Tribunal de Distrito en enero de una avalancha de pruebas de que a Assange le esperaba el infierno en la tierra al otro lado del Atlántico: un infierno en el que, se predijo con pericia, encontraría la manera de quitarse la vida.

Se ignoraron los numerosos testimonios de personas distinguidas, que examinaron y estudiaron a Julian y diagnosticaron su autismo y su síndrome de Asperger y revelaron que ya había estado a punto de suicidarse en la prisión de Belmarsh, el mismísimo infierno británico.

Se ignoró la reciente confesión de un informante crucial del FBI y títere de la fiscalía, un estafador y mentiroso en serie, de que había fabricado sus pruebas contra Julian. La revelación de que la empresa de seguridad gestionada por España en la embajada de Ecuador en Londres, donde se había concedido refugio político a Julian, era una fachada de la CIA que espiaba a los abogados, médicos y confidentes de Julian (yo incluido), también fue ignorada.

La reciente revelación periodística, repetida gráficamente por el abogado de la defensa ante el Tribunal Superior en octubre, de que la CIA había planeado asesinar a Julian en Londres, incluso eso fue ignorado.

Cada uno de estos «asuntos», como les gusta decir a los abogados, fue suficiente por sí solo para que un juez que defiende la ley desechara el vergonzoso caso montado contra Assange por un corrupto Departamento de Justicia de Estados Unidos y sus pistoleros a sueldo en Gran Bretaña. El estado mental de Julian, bramó James Lewis, QC, el perro de presa de Estados Unidos en el Old Bailey el año pasado, no era más que «malingering», un término victoriano arcaico utilizado para negar la existencia misma de la enfermedad mental.

Para Lewis, casi todos los testigos de la defensa, incluidos los que describieron desde la profundidad de su experiencia y conocimiento el bárbaro sistema penitenciario estadounidense, debían ser interrumpidos, maltratados, desacreditados. Sentado detrás de él, pasándole notas, estaba su director de orquesta estadounidense: joven, de pelo corto, claramente un hombre de la Ivy League en ascenso.

En sus nueve minutos de desestimación del destino del periodista Assange, dos de los más altos jueces de Gran Bretaña, entre ellos el Lord Chief Justice, Lord Burnett (compañero de toda la vida de Sir Alan Duncan, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Boris Johnson que organizó el brutal secuestro policial de Assange en la embajada de Ecuador) no se refirieron a ninguna de las letanías de verdades aireadas en las audiencias anteriores en Old Bailey y el Tribunal de Distrito, verdades que habían pugnado por ser escuchadas en el tribunal inferior presidido por una jueza extrañamente hostil, Vanessa Baraitser. Un episodio de su comportamiento insultante hacia un Assange claramente afectado, luchando a través de la niebla de la medicación suministrada por la prisión para recordar su nombre, es inolvidable.

Lo que fue realmente chocante el viernes pasado fue que los jueces del Tribunal Superior –Lord Burnett y Lord Justice Timothy Holroyde, que leyeron sus palabras– no mostraron ninguna duda en enviar a Julian a la muerte, vivo o no. No ofrecieron ninguna atenuación, ni sugirieron que hubieran considerado la legalidad o incluso la moralidad básica.

Su fallo a favor, por no decir en nombre de Estados Unidos, se basa directamente en «garantías» transparentemente fraudulentas, reunidas por el gobierno de Biden cuando parecía que la justicia podría prevalecer en enero.

Estas «garantías» son que, una vez bajo custodia estadounidense, Assange no será sometido a las orwellianas SAMS –Medidas Administrativas Especiales–, que lo convertirían en una persona sin personalidad; que no será encarcelado en ADX Florence, una prisión de Colorado condenada desde hace tiempo por juristas y grupos de derechos humanos como ilegal: «un pozo de castigo y desaparición»; que puede ser trasladado a una prisión australiana para terminar allí su condena.

Lo absurdo de esto radica en lo que los jueces omitieron decir. Al ofrecer sus «seguridades», Estados Unidos se reserva el derecho de no garantizar ninguna promesa hecha en el tribunal si Assange hace algo que desagrade a sus carceleros. En otras palabras, como ha señalado Amnistía, se reserva el derecho de romper cualquier promesa, o todas ellas.

Hay abundantes ejemplos de que Estados Unidos ha hecho precisamente eso. Como reveló el periodista de investigación Richard Medhurst el mes pasado, David Mendoza Herrarte fue extraditado de España a Estados Unidos con la «promesa» de que cumpliría su condena en España. Los tribunales españoles lo consideraron una condición vinculante.

«Documentos clasificados revelan las garantías diplomáticas dadas por la embajada de Estados Unidos en Madrid y cómo Estados Unidos violó las condiciones de la extradición», escribió Medhurst, «Mendoza pasó seis años en Estados Unidos intentando volver a España. Los documentos judiciales muestran que Estados Unidos denegó su solicitud de traslado en múltiples ocasiones».

Los jueces del Alto Tribunal –que conocían el caso de Mendoza y la duplicidad habitual de Washington– describen las «garantías» como un «compromiso solemne ofrecido por un gobierno a otro». Este artículo se extendería hasta el infinito si enumerara las veces en que los rapaces Estados Unidos han incumplido «compromisos solemnes» con los gobiernos, como los tratados que se rompen sin miramientos y las guerras civiles que se alimentan. Es el modo en que Washington ha gobernado el mundo, y antes de él Gran Bretaña: el modo del poder imperial, como nos enseña la historia.

Es esta mentira y duplicidad institucional la que Julian Assange sacó a la luz y al hacerlo realizó quizás el mayor servicio público de cualquier periodista en los tiempos modernos.

El propio Julian ha sido prisionero de gobiernos mentirosos durante más de una década. Durante estos largos años, me he sentado en muchos tribunales mientras Estados Unidos ha tratado de manipular la ley para silenciarlo a él y a WikiLeaks. La obsesión por «atraparlo» ha sido implacable.

Esto llegó a un momento extraño cuando, en la diminuta embajada ecuatoriana, él y yo nos vimos obligados a comprimirnos contra una pared, cada uno con un cuaderno en el que conversábamos, teniendo cuidado de proteger lo que nos habíamos escrito de las omnipresentes cámaras espía, instaladas, como ahora sabemos, por un apoderado de la CIA, la organización criminal más antigua del mundo.

Esto me lleva a la cita que encabeza este artículo: «Mirémonos a nosotros mismos, si tenemos el valor, para ver lo que está pasando».

Jean-Paul Sartre escribió esto en su prefacio a Los desdichados de la tierra, de Franz Fannon, el estudio clásico de cómo los pueblos colonizados y seducidos y coaccionados y, sí, cobardes, cumplen las órdenes de los poderosos.

¿Quién de nosotros está dispuesto a levantarse en lugar de permanecer como meros espectadores de una parodia épica como el secuestro judicial de Julian Assange? Lo que está en juego es tanto la vida de un hombre valiente como, si permanecemos en silencio, la conquista de nuestros intelectos y del sentido del bien y del mal: de hecho, nuestra propia humanidad.

(La mujer de Julian, Stella Moris, ha revelado que Julian sufrió un derrame cerebral el 27 de octubre, el día de apertura de una vista previa en el Tribunal Superior).

Fuente: John Pilger

«La Justicia británica refuerza la extraterritorialidad estadounidense»

Público · 12 de diciembre de 2021

El Grupo de Puebla, crítico ante la posible extradición de Assange

Julian Assange, el silencio mata más que las balas
Personalidades como Lula da Silva o Dilma Rousseff, expresidentes de Brasil, Ernesto Samper, expresidente de Colombia, Fernando Lugo, expresidente de Paraguay o los juristas Adoración Guamán y Baltasar Garzón, firman este escrito, que tilda la decisión de un «grave error judicial».

La puerta abierta a la extradición de Julian Assange a EEUU ha provocado reacciones internacionales. Una de ellas es la del Grupo de Puebla y del Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia (CLAJUD). 

Tras la decisión de la Justicia de Reino Unido, un comunicado firmado por ambas entidades asegura que «la Justicia británica refuerza la extraterritorialidad del brazo jurídico estadounidense, que por vías legales, ilegales, directas o indirectas, logra intervenir en procesos judiciales en otros Estados. Esta estrategia forma parte de verdaderas guerras jurídicas, lawfare«.

Personalidades como Lula da Silva o Dilma Rousseff, expresidentes de Brasil, Ernesto Samper, expresidente de Colombia, Fernando Lugo, expresidente de Paraguay o los juristas Adoración Guamán y Baltasar Garzón, firman este escrito, que tilda la decisión de un «grave error judicial». 

«No solo es un grave error judicial que pone en peligro su vida, como lo afirman sus abogados defensores, sino que se trata de una decisión que sienta graves precedentes en la vulneración del derecho humano a la libre expresión y a la información», asegura el comunicado al que se suscriben hasta 44 personas relevantes del panorama internacional. 

«Paradójicamente, en vez de ser aplaudido, el acto de WikiLeaks desató una serie de castigos que incluyen la judicialización, denigración, desmoralización, estigmatización y criminalización de Assange, privado de la libertad en una cárcel de máxima seguridad para terroristas. Este proceso de humillación y denigración, trasciende definitivamente a un individuo, para transformarse en un correctivo a nivel internacional, mostrando paso a paso la crueldad a la que puede llegar el sistema instituido, para evitar que alguien se atreva a hacer algo similar. En última instancia, busca paralizar el instinto y el derecho a la búsqueda de la verdad, infundiendo miedo», declara el escrito.

Declaración del Grupo de Puebla y del Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia (CLAJUD) sobre la situación de Julian Assange

Grupo de Puebla · 12 de diciembre de 2021

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El fallo de la Corte de Westminster (Reino Unido), del 10 de diciembre de 2021 que habilita la extradición de Julian Assange a EE.UU., no solo es un grave error judicial que pone en peligro su vida, como lo afirman sus abogados defensores, sino que se trata de una decisión que sienta graves precedentes en la vulneración del derecho humano a la libre expresión y a la información.

El material publicado por WikiLeaks, proporciona pruebas fehacientes e irrefutables sobre el protagonismo y responsabilidad de políticos, diplomáticos, militares, empresarios, etc., principalmente de EE.UU., en decisiones y acciones que tuvieron un fuerte impacto en la política interna de diversos Estados a nivel mundial. Estas dan cuenta de procesos de extorsión, espionaje, operativos encubiertos, desestabilización e incluso de ataques armados en contra de civiles. Hasta la aparición de estos documentos, el Estado estadounidense se reservaba el derecho a definir el tiempo y los contenidos de los documentos que pueden ser mostrados al público en general (y cuáles permanecerán ocultos).

Paradójicamente, en vez de ser aplaudido, el acto de WikiLeaks desató una serie de castigos que incluyen la judicialización, denigración, desmoralización, estigmatización y criminalización de Assange, privado de la libertad en una cárcel de máxima seguridad para terroristas. Este proceso de humillación y denigración, trasciende definitivamente a un individuo, para transformarse en un correctivo a nivel internacional, mostrando paso a paso la crueldad a la que puede llegar el sistema instituido, para evitar que alguien se atreva a hacer algo similar. En última instancia, busca paralizar el instinto y el derecho a la búsqueda de la verdad, infundiendo miedo.

Por otra parte, el Estado estadounidense solicita la extradición de Assange porque supuestamente representa una amenaza a la seguridad nacional. Al haber accedido a este pedido, la justicia británica refuerza la extraterritorialidad del brazo jurídico estadounidense, que por vías legales, ilegales, directas o indirectas y logra intervenir en procesos judiciales en otros Estados. Esta estrategia forma parte de verdaderas guerras jurídicas, lawfare, libradas contra aquellos y aquellas definidas como enemigos políticos en diferentes puntos del planeta.

Hoy, en el día de los Derechos Humanos a nivel mundial, la libertad de Assange, es la libertad de todas y todos. La prisión de Assange es el triunfo de la opresión, el silencio y el miedo.

LIBERTAD PARA ASSANGE

11 de diciembre de 2021
Firman desde el Grupo de Puebla,

1. Aida Garcia-Naranjo, exministra de Perú
2. Camilo Lagos, presidente del Partido PROgresista de Chile
3. Ernesto Samper, expresidente de Colombia
4. Fernando Lugo, expresidente de Paraguay
5. Ricardo Patiño, excanciller de Ecuador
6. Guillaume Long, excanciller de Ecuador
7. Celso Amorim, excanciller de Brasil
8. Aloizio Mercadante, exministro de Brasil
9. Carlos Ominami, exministro de Chile
10. Andrés Arauz, excandidato presidencial de Ecuador
11. Iván Cepeda, senador de Colombia
12. María José Pizarro, representante ante la Cámara de Colombia
13. Gabriela Rivadeneira, expresidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador
14. Carlos Sotelo, exsenador de México
15. Esperanza Martínez, senadora de Paraguay
16. Verónika Mendoza, excandidata presidencial de Perú
17. Clara López, exministra de Colombia
18. Dilma Rousseff, expresidenta de Brasil
19. Luiz Inácio “Lula” da Silva, expresidente de Brasil
20. Marco Enríquez-Ominami, excandidato presidencial de Chile

Firman desde el Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia (CLAJUD),

1. Adoración Guamán Hernández, jurista – EQUADOR/ESPAÑA
2. Baltazar Garzón, jurista – ESPAÑA
3. Carol Proner, jurista – BRASIL
4. Damian Loreti, abogado – ARGENTINA
5. Eli Gomez Alcorta, abogada – ARGENTINA
6. Emilio Camacho, jurista – PARAGUAY
7. Enrique Santiago, político y abogado – ESPAÑA
8. Gisele Cittadino, jurista – BRASIL
9. Gisele Ricobom, abogada – BRASIL
10. José Eduardo Cardozo, abogado – BRASIL
11. Juan Martín Mena, abogado – ARGENTINA
12. Juárez Tavares, abogado – BRASIL
13. Pedro Serrano, abogado – BRASIL.
14. Roberto Manuel Carlés, abogado – ARGENTINA
15. Gerardo Pisarello, político y jurista – ESPAÑA
16. Alfredo Beltrán Sierra, abogado – COLOMBIA
17. Charlotth Back, jurista – BRASIL
18. Harold Correa, abogado y consultor– CHILE
19. Jaime Quiroga Carvajal, abogado – BOLÍVIA
20. Larissa Ramina, abogada – BRASIL
21. María José Fariñas Dulce, jurista y profesora– ESPAÑA
22. Claudio Nash, abogado y consultor– CHILE
23. Silvina Romano, historiadora y comunicadora social – ARGENTINA
24. Esther Burgos, – MÉXICO
25. Lina Mejía Torres- COLOMBIA

Julian Assange: indignante y doloroso

Santiago O’Donnell · Página 12 · 11 de diciembre de 2021

 (Fuente: AFP)
Imagen: AFP

El fallo de la Cámara de Apelaciones británica que ordena la extradición de Assange a Estados Unidos es indignante y doloroso. Más allá de sus argumentos, que poco importan a esta altura del partido.

Indignante porque va en contra de pronunciamientos de prácticamente todos los organismos de derechos humanos del mundo, incluyendo los de Naciones Unidas, en contra de las demandas de sindicatos y asociaciones de periodistas en cinco continentes, de defensores de la libertad de expresión, de políticos e intelectuales democráticos de todo el arco político.

Assange está privado de su libertad desde hace casi una década por haber publicado en su sitio de filtraciones, WikiLeaks, información secreta y comprometedora de las fuerzas armadas y del Departamento de Estado estadounidense, incluyendo evidencias de crímenes de guerra y mentiras diplomáticas de la superpotencia de Occidente.

El fallo a favor de su extradición, que revierte la orden de no extraditar dictada en primera instancia, prolonga su calvario. No significa que sea enviado a Estados Unidos en lo inmediato y cuesta creer que ése sea el deseo de la administración demócrata de Joe Biden. En Estados Unidos Assange enfrentaría un juicio en el que la fiscalía debería demostrar que, no solo robó información en vez de recibirla y publicarla, sino que lo hizo sin la complicidad de los grandes medios que lo acompañaron en la publicación simultánea de sus revelaciones, como el mismísimo y venerado New York Times. O sea, un papelón público para un país que se vanagloria de su Primera Enmienda constitucional que en teoría garantiza la libertad de expresión.

Pero a Assange tampoco le conviene someterse a semejante circo en el norte de Virginia, cuna de la CIA y el FBI, en un país donde legisladores y funcionarios han declarado públicamente que merece la pena de muerte o directamente ser asesinado por lo que publicó. El fallo de la cámara británica será apelado e irá a la Corte Suprema y de ahí muy probablemente a la Corte Europea de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo. Pasarán los meses y tal vez los años, cambiarán los gobernantes y las circunstancias políticas y Assange seguirá pudriéndose en su calabozo de máxima seguridad, sometido a los juegos psicológicos del Pentágono con la aparente colaboración del sistema judicial británico, que te extradito, no te extradito, sí te extradito, hasta morir o volverse loco. Ese parece ser el futuro que le espera, a menos que el mundo reaccione y obligue a sus carceleros a hacer lo correcto.

Además de indignante el fallo es doloroso porque detrás de esta historia está la persona. Un ser humano con aciertos y errores, que tiene una linda familia y un grupo de amigos incondicionales. Un hombre curioso e interesado en lo que pasa en el mundo, que siguió con interés y solidaridad el proceso latinoamericano antineoliberal de principios de siglo y que fue generoso con su tiempo y disposición con muchos políticos, intelectuales, activistas y periodistas, incluyendo a quien esto escribe. Doloroso para millones de personas en todo el mundo que admiran su trabajo y temen que su suerte está atada al futuro de la democracia y la verdadera libertad de expresión, esa que permite revelar verdades incómodas. Un fallo doloroso porque en su valentía para enfrentar las peores adversidades sin claudicar un centímetro en sus valores e ideales, Julian Assange supo hacerse querer.

Julian Assange: gladiador de la libertad de prensa

Baltasar Garzón y Aitor Martínez · Infolibre · 10 de diciembre de 2021

El fallo leído este viernes en la High Court británica en relación a la extradición de Julian Assange sienta unas peligrosas bases para la libertad de prensa en el mundo. Al acordar la entrega de un periodista por publicar información de interés mundial denunciando crímenes de guerra, actos de corrupción y la mala praxis de los servicios de inteligencia, sitúa a toda la comunidad de medios de comunicación en el punto de mira de la administración norteamericana. Cualquier periodista, en cualquier lugar del globo, que se atreva a publicar información que desagrade a Estados Unidos podrá ser procesado, detenido y condenado sin importar su nacionalidad, el lugar de publicación y si lo escrito trata de violaciones a los derechos humanos que deberían ser conocidas.

La High Court, en un acto de candidez peligroso, ha decidido dar credibilidad a las garantías diplomáticas ofrecidas por Estados Unidos en el marco de la extradición. La administración norteamericana se ha comprometido a no emplear el sistema penitenciario SAM (Special Administrative Measures); a no ingresarle en una prisión de máxima seguridad; a dar un tratamiento médico adecuado e incluso a valorar que cumpla la potencial pena en su país de nacionalidad, Australia. Todo lo anterior no vale para nada si lo que se dilucida es que Estados Unidos está persiguiendo a un periodista por realizar su trabajo, es decir, por publicar información sobre graves crímenes de guerra, tildándole para ello de espía al aplicarle nada menos que la Espionage Act de 1917.

Falta de credibilidad de EEUU

Además, las garantías diplomáticas ofrecidas por Estados Unidos carecen de credibilidad. Durante la vista ante la High Court ya se argumentó que estas garantías aparecían, repentinamente, después del fallo de primera instancia de la jueza Vanessa Baraitser, que denegó la entrega. Nunca antes las ofrecieron. A partir de ese momento, de forma oportunista, Estados Unidos se puso en marcha para aportar un conjunto de garantías que desbloquearan la extradición y le permitieran echar sus garras sobre el periodista. Pero esas garantías no son más que papel mojado.

Quedó probado en la vista de apelación ante la High Court que Estados Unidos las ha violado en el marco de diversas extradiciones con otros países europeos. Basta señalar lo referente a España, por ejemplo, en relación al caso Mendoza, extradición en la que Estados Unidos emitió garantías diplomáticas de que cumpliría en España su potencial condena y, posteriormente, se desentendió de esas garantías. Es un caso de tantos. Las garantías diplomáticas emitidas por Estados Unidos en las extradiciones no son más que recursos fraudulentos que les facilita saltarse los controles de los países democráticos que les ponen trabas en las entregas extradicionales.

Pero es que, además, carece de sentido dar credibilidad a las garantías diplomáticas de Estados Unidos a Julian Assange si tenemos en cuenta el contexto de su caso. Quien, según Estados Unidos, fue su fuente en los archivos de Iraq y Afganistán, Chelsea Manning, recibió en prisión un trato cruel, inhumano o degradante durante su detención, de acuerdo al durísimo informe emitido por el Relator de la ONU contra la Tortura, Juan Méndez, cuando analizó su situación. Por lo tanto, ¿qué trato le esperaría a Julian Assange en una prisión de Estados Unidos si analizamos el recibido por la persona que se alega fue su fuente? ¿Para qué valen estas garantías ofrecidas si todos sabemos lo que ocurriría allí?

Atentado contra la libertad de prensa

Por si no estuviera clara la respuesta a la anterior pregunta, es necesario recordar que recientemente se publicó en los medios norteamericanos cómo la CIA habría llegado a planificar el asesinato de Julian Assange. Es decir, la todopoderosa comunidad de inteligencia norteamericana habría llegado a diseñar planes para ejecutar extrajudicialmente al periodista, según las fuentes de la propia agencia de inteligencia reportadas por la prensa estadounidense. La misma agencia de inteligencia que se investiga en España, en nuestra Audiencia Nacional, en cuanto a si, a través de una empresa española, habría espiado sistemáticamente a Julian Assange y a sus abogados —entre los cuales nos encontramos— en la Embajada de Ecuador en Londres, llegando a tener acceso a todas sus conversaciones, dispositivos, etc., destrozando cualquier posibilidad de un proceso con las mínimas garantías. Y en este contexto ¿podemos creer que ese establishment de inteligencia que tendría a Julian Assange a su disposición, en su jurisdicción, no pisotearía cualquier aval diplomático ofrecido por Estados Unidos en el marco de esta extradición?

Las garantías diplomáticas que la High Court entiende suficientes para la entrega de Julian Assange no eluden la persecución estructural que presenciamos. No hay garantía de buen tratamiento que supla lo elemental, que la causa penal abierta en Estados Unidos es un atentado a la libertad de prensa del mundo y por ende ataca frontalmente a nuestro sistema de libertades. Mucho menos si, además, esas garantías no son más que un recurso para lograr su apresamiento y, posteriormente, como viene siendo recurrente, desatenderlas para dispensar el tratamiento que todos anticipamos.

Este es un caso que se extiende por más de 12 años. El objetivo de Estados Unidos jamás ha sido administrar justicia sino aniquilar a un enemigo y dar una lección definitiva a quienes se atrevan a “infringir” la norma sagrada de la “omertá” de los servicios de inteligencia de la primera potencia del mundo, que, de nuevo, han desplegado todo su poder para silenciar por siempre a quien se rebeló contra ellos.

El fallo publicado en el día de hoy no es el final de esta lucha. Ya hemos anunciado que se apelará ante la Supreme Court británica para cuestionar ese espurio e irrelevante juego de garantías diplomáticas ofrecido por Estados Unidos. Por lo tanto, desde la defensa del fundador de WikiLeaks seguiremos recurriendo a todas las instancias nacionales e internacionales que sean necesarias para lograr el fin de esta persecución judicial que pone en gravísimo riesgo a la libertad de expresión de todo el mundo en su conjunto. No podemos desfallecer porque Julian Assange, cual gladiador de la libertad de prensa, no lo ha hecho y jamás lo hará.

Amnistía Internacional: “Una parodia de la justicia”

Amnistía Internacional · 10 de diciembre de 2021

Ante la decisión del Tribunal Superior de aceptar la apelación de Estados Unidos contra la decisión de no extraditar a Julian Assange, Nils Muižnieks, director de Amnistía Internacional para Europa, ha manifestado:

“Esto es una parodia de justicia. Al permitir esta apelación, el Tribunal Superior ha decidido aceptar las garantías diplomáticas, plagadas de irregularidades, que ha dado Estados Unidos de que Assange no sería recluido en régimen de aislamiento en una prisión de máxima seguridad. El hecho de que Estados Unidos se haya reservado el derecho a cambiar de opinión en cualquier momento significa que estas garantías no valen el papel en el que están escritas.

“De ser extraditado a Estados Unidos, Julian Assange podría no sólo ser juzgado por cargos previstos en la Ley de Espionaje, sino que correría un riesgo real de sufrir violaciones graves de derechos humanos debido a unas condiciones que reclusión que podrían constituir tortura u otros malos tratos.

“El procesamiento iniciado por el gobierno estadounidense representa una grave amenaza para la libertad de prensa, tanto en Estados Unidos como en otros países, De ser confirmado, debilitaría el papel fundamental que desempeñan periodistas y editores a la hora de poner bajo la lupa la actuación de los gobiernos y exponer sus irregularidades; y haría que periodistas de todo el mundo tuvieran que convivir con una amenaza constante”.

Información complementaria

La solicitud de extradición de Estados Unidos se basa en una serie de cargos directamente relacionados con la publicación de documentos clasificados filtrados como parte del trabajo de Julian Assange con Wikileaks.

La publicación de información de interés público es una piedra angular de la libertad de prensa y del derecho de la ciudadanía a la información sobre las actuaciones indebidas de los gobiernos, Además, está protegida por el derecho internacional de los derechos humanos, y no debe ser criminalizada.

Julian Assange es el primer editor que se enfrenta a un enjuiciamiento en aplicación de la Ley de Espionaje.