La democracia a prueba en Londres: manifestaciones por refugiados, el Tribunal de Belmarsh y Julian Assange

El Salto · 19 de octubre de 2021

Los próximos días en Londres pueden ser fundamentales para el devenir de los acontecimientos a nivel global. El 20 de octubre tendrá lugar una manifestación a favor de los refugiados a consecuencia del proyecto de Ley propuesto por Priti Patel, Ministra del Interior del Reino Unido y miembro del Partido Conservador. Un par de días más tarde, se celebrará en Westminster el Tribunal de Belmarsh para someter a juicio la llamada “Guerra contra el Terrorismo” perpetrada por Estados Unidos. Emulando al tribunal popular Russell-Sartre celebrado en 1967 en Estocolmo y Copenhague, cuando se juzgó al país americano por sus acciones cometidas en Vietnam, en esta ocasión se denunciará al Gobierno estadounidense por su rol en Oriente Medio y las torturas de la Bahía de Guantánamo. En octubre de 2020 se celebró el Tribunal de Belmarsh de manera online y contó con la presencia de Yanis Varoufakis, Jennifer Robinson, Rafael Correa, Pamela Anderson, Tariq Ali, Jeremy Corbyn, Roger Waters y Slavoj Zyzek, entre otros activistas políticos. En esta ocasión, aunque se realice de manera presencial en Londres, se podrá acceder al Tribunal de Belmarsh a través de la página Progressive International.

Todo ello es un preludio del juicio de apelación que tendrá lugar los días 27 y 28 en el Tribunal Superior de Londres contra Julian Assange, quien fue juzgado el pasado 4 de enero en la capital británica.

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La CIA y los planes para asesinar a Julian Assange

De manera similar, el Tribunal de Belmarsh reunirá a figurares importantes de la política internacional para exponer los crímenes de Estados Unidos revelados por WikiLeaks. También se denunciará el rol del Reino Unido en su persecución contra Julian Assange, un periodista cuyo crimen fue ofrecer al mundo una demostración de las atrocidades cometidas por los americanos. Este evento llega en un momento especialmente delicado, ya que las recientes revelaciones sobre los planes de la CIA para asesinar a Julian Assange han demostrado la implacable persecución hacia el fundador de WikiLeaks.

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A través de la exposición de más de 400,000 documentos, la organización internacional fundada por Assange demostró que en Afganistán hubo más de 300 casos de torturas y abusos perpetrados de manera secreta por las fuerzas americanas, 130,000 muertes se mantuvieron en secreto, y se encarceló a 180,000 iraquíes.

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La CIA y el plan para secuestrar a Julian Assange

Periodistas en español · 27 de septiembre de 2021

La CIA (Central Intelligence Agency) ideó una trama para secuestrar y asesinar al periodista y fundador de Wikileaks, cuando estaba refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres. Al menos, es lo que revela Yahoo news que cita como fuente a una treintena de funcionarios estadounidenses.

La CIA temía que Julian Assange huyera a Rusia cuando llevaba varios años en la embajada ecuatoriana en el Reino Unido.

La discusión de ese plan habría tenido lugar en 2017, durante la presidencia de Donald Trump. El promotor mayor de los planes contra Assange podría haber sido el Secretario de Estado, Mike Pompeo, exjefe de la CIA.

Algunos de los implicados en esos planes, siempre según Yahoo News, comparaban el operativo planeado con «una fuga desde una cárcel en una película». Parece que tenían previsto incluso un enfrentamiento a tiros con miembros de los servicios del Kremlin en las calles de Londres, tras chocar con el vehículo en el que estaría desplazándose Assange hacia el exterior.

La Federación Internacional de Periodistas (www.ifj.org) recuerda que sigue manteniendo la acreditación internacional de periodista de Assange, quien continúa encarcelado en la prisión de Belmarsh, situada en Thamesmead, distrito de Greenwich, en el sureste de la capital británica.

La FIP subraya en un comunicado que Julian Assange «sigue luchando contra la posibilidad de su extradición a los Estados Unidos, donde debería enfrentarse a acusaciones de piratería informática y de publicación de miles de cables y documentos sobre acciones ilegales y crímenes cometidos hace una década durante las guerras de Irak y Afganistán. En caso de ser considerado culpable, Assange podría ser condenado a 175 años de cárcel».

Hay que recordar que Julian Assange fue detenido en abril de 2019, tras decidirlo el presidente ecuatoriando, Lenin Moreno, quien anuló la protección oficial del fundador de Wikileaks tal como había sido ordenada por su predecesor, el anterior presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

Antes, en Suecia, Assange fue acusado de dos presuntos delitos sexuales que él siempre negó. Está confirmado que ni las dos mujeres supuestamente afectadas, ni la policía, llegaron a confirmar legalmente los cargos contra él. La defensa de Assange consideró siempre que se trataba de un pretexto para que el territorio sueco pudiera convertirse en puente para su transferencia posterior a Estados Unidos.

A su vez, esa detención de Assange sucedió nueve años después de que Julian Assange compareciera en una rueda de prensa en la que reveló un vídeo en el que se veía a militares estadounidenses disparando desde un helicóptero Apache y asesinando a 18 personas en Irak. Entre esas víctimas mortales, había dos periodistas de la agencia Reuters.

En los meses siguientes, Wikileaks siguió haciendo públicos centenares de miles de documentos y cables diplomáticos clasificados como secretos y relativos a las guerras de Irak y Afganistán. Ese nivel de filtraciones de secretos militares era superior a lo sucedido durante la guerra de Vietnam y los llamados papeles del Pentágono.

Entonces, las autoridades acusaron a Assange de poner en peligro a numerosos colaboradores de los militares y de los servicios secretos.

Washington siguió intentando que Assange fuera extraditado durante las presidencias de Barak Obama y de Donald Trump.

El Secretario General de la FIP, Anthony Bellanger, ha dicho que si la información publicada por Yahoo News es cierta «se estaría proyectando una sombra contra el periodismo independiente y que toda posible extradición de Assange a Estados Unidos pondría su vida en peligro».

«Querían ver sangre» es la frase que ponen en la boca de alguno de los filtradores, que sugieren que los implicados en la operación parecían vivir fuera de la realidad. Otros funcionarios de la CIA, por el contrario, estaban tan preocupados que relataron esos planes a miembros del Congreso estadounidense y describieron el empeño personal de Pompeo, muy furioso, por «la mayor filtración de datos secretos de la historia».

La FIP, por medio de su Secretario General, Anthony Bellanger, ha pedido al gobierno británico una investigación completa y la liberación inmediata de Julian Assange.

Julian Assange y Chelsea Manning, los únicos héroes en este lío

Alberto López Girondo · Tiempo Argentino · 28 de agosto de 2021

Los únicos héroes en este lio de la invasión a Afganistán pagaron el precio más caro por sacar a la luz quiénes cometían los crímenes más horrendos en esa parte del mundo. Émulos de Daniel Ellsberg, Julian Assange y Chelsea Manning padecieron en carne propia el castigo que los poderes reservan para quienes desafían al sistema con el arma que más temen: las pruebas de la infamia.

Ellsberg, analista de la Rand Corporation, fue el que en 1971 entregó unos 7000 archivos fotocopiados a mano en la clandestinidad -los Pentagon Papers- a los diarios The New York Times y Washington Post que mostraban que la guerra de Vietnam se había construido sobre mentiras y, además, que los líderes políticos sabían que no podía ser ganada. Fue el principio del fin de una aventura militar que costó la vida de no menos de 5 millones de personas, entre ellos quizás 60 mil soldados estadounidenses, pero sobre todo civiles masacrados de la manera más espantosa.

En 2001, el gobierno de George W. Bush, montado en otras mentiras, decidió la invasión de Afganistán y dos años más tarde, Irak. Y acá entra en juego el experto informático australiano que creó WikiLeaks, sitio donde se puede enviar información veraz sobre actos de los gobiernos a espaldas de la ciudadanía mediante una plataforma encriptada que resguarda la identidad del “whistleblower”, como se denomina en inglés al “filtrador”.

Su bautismo de fuego fue en abril de 2010, con el video de un ataque con helicópteros en Bagdad de julio de 2007 que muestra a los tripulantes disparando sobre un grupo de personas que huían despavoridas por unas callejuelas. Pero no era un juego online, entre las víctimas había diez seres humanos, entre ellos un colaborador de la agencia de noticias Reuters.

En julio de ese mismo año, tras un acuerdo con los periódicos The Guardian, del Reino Unido, Der Spiegel de Alemania y The New York Times, aparecieron 92.000 archivos de la invasión de Afganistán que databan del quinquenio 2004-2009. El impacto fue mayúsculo, porque recordaba al caso de Ellsberg y auspiciaba una respuesta trascendente de Barack Obama, que había ganado la presidencia y el premio Nobel de la Paz meses antes por su promesa de terminar con las ocupaciones de Irak y Afganistán.

Sin embargo, la Casa Blanca se comportó de un modo bien diferente. El secretario de Defensa, Robert Gates, ordenó una investigación para encontrar al responsable de la filtración. Y no tardaron en llegar a una analista de inteligencia trans destinada en Irak, ahora Chelsea Manning. Fue detenida e incomunicada en las condiciones más ásperas por el gobierno y Obama afrontó críticas y cuestionamientos de los sectores progresistas que habían hecho campaña por él.

Condenada a 35 años de prisión por violar la Ley de Espionaje, siempre dijo que lo había hecho porque el material que pasaba por sus manos mostraba atrocidades inaceptables para su conciencia cometidas por soldados de su nación. Y que además, confió en que con Obama otros tiempos soplarían en Estados Unidos.

Assange, en tanto, fue sacado de circulación primero con una denuncia de violación presentada por dos jóvenes en Suecia y con campañas de desprestigio. Asilado en la embajada de Ecuador en Londres en junio de 2012 por el gobierno de Rafael Correa, Lenin Moreno -violando toda la tradición diplomática internacional- dejó que la policía británica se lo llevara detenido en abril de 2019. Desde entonces permanece alojado en condiciones inhumanas en la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh a la espera de que la justicia rechace el pedido de extradición de Washington, donde no le espera un juicio justo.

El año pasado Mannig se negó a declarar en contra de Assange en una audiencia sobre la que sobrevolaba la amenaza de regresarla a la cárcel. Ahora desarrolló un programa de criptografía, contratada por el matemático Harry Halpin. La startup Nym utiliza la tecnología blockchain de las criptomonedas y protege el envío de datos en la red de redes. Como pretende Manning, da garantías a los whistlebolwers de no ser detectados por los organismos de seguridad oficiales. Los diarios que publicaron los archivos de Afganistán siguen su vida sin preocuparse de persecuciones ni amenazas de castigos.

Kristinn Hrafnsson: «WikiLeaks publicó documentos que pintaban una imagen real de lo que ocurría en Afganistán hace 11 años»

LUH · 28 de agosto de 2021

La campaña bélica de EE.UU. en Afganistán fue una «gran mentira de 20 años» que solo benefició al complejo industrial militar del país norteamericano y a los contratistas privados, afirmó en entrevista este miércoles el editor jefe de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson. Según señaló el periodista, lo que actualmente sorprende no es la retirada en curso de las tropas estadounidenses y de sus aliados del territorio afgano, sino el hecho de que los principales medios de comunicación no se dieran cuenta de las «mentiras» que prolongaron el conflicto.

WikiLeaks publicó un conjunto de documentos que «pintaban una imagen real de lo que ocurría en Afganistán hace 11 años», recordó Hrafnsson, refiriéndose a los llamados ‘Diarios de la Guerra de Afganistán’, una colección de registros militares internos de EE.UU., cables diplomáticos y documentos de la CIA que abarcan el período entre enero del 2004 y diciembre del 2009.

La filtración, que incluía más de 91.000 documentos, fue considerada una de las mayores de la historia militar estadounidense y condujo a la detención y enjuiciamiento de Bradley Manning (luego Chelsea Manning) –exanalista de inteligencia quien proporcionó la información clasificada– y puso a la organización y a su fundador, Julian Assange, en el punto de mira de Washington.

Sin embargo, a pesar de la salida a la luz de los documentos, de alguna manera la percepción general de la guerra afgana no cambió y «las mentiras continuaron», dijo el editor jefe, calificando esa situación de «asombrosa». «Es extremadamente sorprendente el tiempo que esto duró», opinó, añadiendo que el conflicto se convirtió en una «guerra olvidada», eclipsada por otra campaña militar estadounidense: la Guerra de Irak.

Detalló que los debates sobre lo que realmente ocurría en el territorio afgano se «evitaron en gran medida» hasta que The Washington Post lo puso de nuevo al descubierto al publicar en el 2019 ‘Los documentos de Afganistán’ (‘The Afghanistan Papers’). Esas entrevistas a personas clave y memorandos inéditos pintaron un cuadro de un esfuerzo sostenido por parte de varias administraciones estadounidenses para engañar al público sobre el compromiso en Afganistán, agregó. Hrafnsson acusó a los medios occidentales, que no prestaron atención a la realidad, de ser «cómplices en la ocultación de esta verdad» y de permitirla. «En mi opinión, los periodistas tienen que hacer un gran examen de conciencia», afirmó.

El editor de WikiLeaks dijo que, en última instancia, fue el complejo industrial militar de EE.UU. el que se benefició de lo que parece ser un tremendo despilfarro de dinero. «Más de un billón de dólares fueron a parar a los bolsillos del complejo industrial militar estadounidense y de los contratistas privados que supuestamente estaban entrenando a la Policía afgana», explicó, añadiendo que los mayores fabricantes de armas vieron «multiplicar por diez» el valor de sus acciones durante los casi 20 años que duró la guerra.

De acuerdo con Hrafnsson, la verdad sobre la guerra ha quedado hoy en día al descubierto para que todo el mundo la vea, ya que Washington y sus aliados se están retirando frenéticamente de Afganistán, que cayó en manos de los talibanes* en apenas unas semanas. Sin embargo, es poco probable que esto cambie el rumbo político de las élites occidentales, que siguen prefiriendo «castigar a los que dicen la verdad» en lugar de sacar lecciones de sus propios errores, dijo.

«La guerra que hay ahora es la guerra contra el periodismo y una guerra contra Julian Assange, que todavía tiene que pasar tiempo en la cárcel en Londres», declaró y agregó que el procesamiento de Assange es «político». «Ya no se trata de la ley… ¿Importará la verdad allí? Lo dudo», concluyó.

Los crímenes de Occidente en Afganistán y el sufrimiento que queda

Fabian Scheidler · L’Hora · 19 de agosto de 2021

Como en Irak, como en Libia, como en Malí. Es hora de enterrar definitivamente la doctrina de la llamada «responsabilidad de proteger», acuñada al comienzo de la guerra de Afganistán, y de tacharla de lo que fue desde el principio: un proyecto neocolonial.

La huida precipitada de las tropas de la OTAN de Afganistán y los estragos que dejan tras de sí son sólo el último capítulo de una historia devastadora que comenzó en octubre de 2001. En aquel momento, el gobierno estadounidense, apoyado por sus aliados, incluida la administración alemana, anunció que los atentados terroristas del 11 de septiembre debían ser respondidos con una guerra en Afganistán. Ninguno de los asesinos era afgano. Y el gobierno talibán de entonces incluso ofreció a Estados Unidos extraditar a Osama bin Laden, oferta a la que Estados Unidos ni siquiera respondió. No se dijo prácticamente nada sobre el país de origen de 15 de los 19 terroristas: Arabia Saudí. Al contrario: los miembros de la familia Bin Laden fueron sacados de Estados Unidos en una operación de noche y niebla para que no pudieran ser interrogados. Tras la publicación de partes clasificadas del informe de la comisión del 11-S en 2016, se supo que miembros de alto rango de la embajada saudí en Washington habían estado en contacto con los terroristas antes de los atentados. ¿Consecuencias? Ninguna. Son nuestros aliados.

Así que se atacó a Afganistán. Ya durante la Guerra Fría, Estados Unidos y Arabia Saudí habían apoyado allí a los islamistas a gran escala contra la Unión Soviética. Ahora los señores de la guerra islamistas de la «Alianza del Norte» eran los nuevos aliados. Las fuerzas armadas alemanas flanqueaban a las tropas estadounidenses. Aunque su despliegue estuvo envuelto en la narrativa de una «intervención humanitaria», la Bundeswehr trabajó de hecho mano a mano con los señores de la guerra, como informó el periodista de investigación Marc Thörner (fue el único reportero alemán en el lugar que no estaba integrado en el ejército). Thörner predijo que la complicidad de las tropas de la OTAN en los crímenes de guerra y los «métodos de contrainsurgencia de la época colonial» pondrían a la población cada vez más en contra de Occidente y fortalecerían el fundamentalismo. Hoy vemos el resultado: el triunfo de los talibanes en todo el país.

Las tropas estadounidenses, así como la Bundeswehr y otros aliados, no sólo apoyaron a los criminales de guerra sobre el terreno, sino que ellos mismos cometieron graves crímenes. Ninguno de los autores fue nunca condenado en los tribunales por ello. Tomemos el ejemplo de Kunduz: en septiembre de 2009, la Bundeswehr bombardeó aquí una marcha principalmente civil, con un saldo de más de cien muertos o heridos graves, incluidos niños. Los procesos contra los principales responsables, el coronel Georg Klein y el ministro de Defensa Jung (CDU), terminaron con absoluciones. En 2010, WikiLeaks publicó 76.000 documentos previamente clasificados sobre la guerra, que contenían referencias a cientos de otros crímenes de guerra. Pero en lugar de investigar estos casos y llevar a los culpables ante la justicia, se persiguió al mensajero, Julian Assange. Hoy está sentado, en estado crítico, en una prisión británica de alta seguridad y con el temor de ser extraditado a Estados Unidos, donde se le amenaza con la cadena perpetua en condiciones inhumanas. El relator especial de la ONU sobre la tortura, Nils Melzer, llegó a la conclusión, tras una profunda investigación del caso, de que Assange había sido y es sistemáticamente torturado por las autoridades occidentales. La mayoría de los grandes medios de comunicación, que consiguieron mucha atención y ganaron dinero con las filtraciones de su colega periodista, lo han dejado de lado en gran medida. Y con él la defensa de la libertad de prensa, que es especialmente crucial cuando se trata de cuestiones de guerra y paz. Así que se juzga a Assange, y no a los criminales de guerra.

Todos los que advirtieron contra la guerra de Afganistán fueron ridiculizados desde el principio como pacifistas ingenuos o incluso acusados de eludir la responsabilidad humanitaria y hacer así el juego a los islamistas. Pero hoy por fin está claro: la supuesta operación humanitaria no hizo más que hundir aún más al país en la miseria y fortalecer a los islamistas. Como en Irak, como en Libia, como en Malí. Es hora de enterrar definitivamente la doctrina de la llamada «responsabilidad de proteger», acuñada al comienzo de la guerra afgana, y de tacharla de lo que fue desde el principio: un proyecto neocolonial.

En lugar de intervenciones militares, se podría, por ejemplo, empezar a vaciar financieramente al patrocinador del terror, Arabia Saudí, y detener todas las exportaciones de armas a ese país. También valdría la pena avanzar en el proyecto de una Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Oriente Medio, que –siguiendo el modelo de la política de distensión de la OSCE en la Europa de la Guerra Fría– podría trabajar en una nueva arquitectura de seguridad civil para la región.

La debacle de Afganistán debería ser también una ocasión para cuestionar la enorme expansión de los presupuestos militares occidentales en los últimos años, justificada sobre todo por los despliegues en el extranjero. El gasto militar alemán pasó de 40.000 millones de euros a 52.000 millones de euros de 2015 a 2020, un aumento de la friolera del 30%. El presupuesto militar de Estados Unidos asciende a 778.000 millones de dólares, unas doce veces más de lo que Rusia gasta en su ejército. Este dinero se necesita urgentemente para tareas que realmente hagan avanzar al mundo, especialmente para contrarrestar la urgencia climática y para una transición socioecológica. El ejército estadounidense no sólo tiene un balance oscuro en materia de política de paz, sino que además es EL mayor emisor de gases de efecto invernadero de la Tierra. Es la hora de una cura de adelgazamiento.

Fabian Scheidler es el autor de «The End of the Megamachine. A Brief History of a Failing Civilization» (2019).  Vea más de su obra en su sitio web aquí. Sígalo en Twitter: @ScheidlerFabian

Fuente: Common Dreams

A once años del Cablegate, la explosiva filtración de cables diplomáticos de Estados Unidos

Guido Vassallo · Página 12 · 28 de noviembre de 2021

Los 251.187 documentos difundidos por WikiLeaks convirtieron a Julian Assange en el gran enemigo de Washington

«Lo más importante del Cablegate fue la exposición general de cómo el imperio llevó a cabo su política exterior. En cierto sentido, ahora tenemos una reflexión más veraz sobre las relaciones de poder», asegura Kristinn Hrafnsson, actual editor jefe de WikiLeaks.

Assange muestra sus revelaciones en la tapa de The Guardian el julio del 2010. (Fuente: AFP)
Assange muestra sus revelaciones en la tapa de The Guardian el julio del 2010. Imagen: AFP

El 28 de noviembre de 2010 WikiLeaks publicó, con la ayuda de importantes diarios internacionales, más de 250 mil documentos secretos que desnudaron la trastienda de la diplomacia estadounidense. A partir del denominado Cablegate, la mayor filtración de la historia hasta ese entonces, Julian Assange se convirtió en uno de los grandes enemigos de Estados Unidos, que pide la extradición del periodista e incluso amenazó con matarlo, según se desprende de una investigación de Yahoo News que salpica a espías de la CIA.

Los cables diplomáticos, que comprenden un período que abarca desde 1966 hasta fines de febrero de 2010, contienen comunicaciones confidenciales entre 274 embajadas ubicadas en casi todos los países del mundo y el Departamento de Estado en Washington. «El Cablegate propició, por un lado, interacciones más honestas entre gobiernos, pero al mismo tiempo tengo la sensación de que aquellas fuerzas que desean abusar del poder lo siguen haciendo con menos necesidad de disimular sus intenciones. En cierto sentido, ahora tenemos una reflexión más veraz sobre las relaciones de poder. Pero, por supuesto, la verdad a veces puede ser desagradable«, asegura Kristinn Hrafnsson, editor jefe de WikiLeaks, en diálogo con Página/12.

La política exterior del imperio

11 años atrás, WikiLeaks filtraba a la prensa internacional un total de 251.187 cables y comunicaciones diplomáticas que todavía pueden encontrarse en el sitio web de la organización. Se puede comprobar, por ejemplo, el reconocimiento de los «ataques encubiertos» estadounidenses con misiles contra objetivos terroristas en Yemen, los grandes temores que Washington tenía sobre la seguridad del programa de armas nucleares de Pakistán o los pedidos del rey saudí Abdullah para que Estados Unidos decida atacar a Irán y, en sus palabras, «cortar la cabeza de la serpiente».

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Stella Moris: WikiLeaks contribuyó a revelar la hipocresía en torno al cambio climático y los crímenes de guerra

Democracy Now · 9 de noviembre de 2021

Se prevé que la Corte Suprema del Reino Unido decida en las próximas semanas si extraditará al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, a Estados Unidos. De ser extraditado, Assange podría recibir una condena de hasta 175 años de cárcel por espionaje por publicar documentos clasificados que dan a conocer crímenes de guerra estadounidenses.

Nos comunicamos con la pareja de Assange, Stella Moris, para conocer las últimas noticias sobre el tema. Moris se encuentra en Glasgow como parte de su campaña para liberar a Julian y poner de relieve que WikiLeaks también dio a conocer pruebas sobre cómo el accionar de empresas y estados ha debilitado los objetivos de cumbres climáticas anteriores. Moris afirma que WikiLeaks es una “herramienta extraordinaria […] para comprender las relaciones que hay entre los Estados y las empresas de combustibles fósiles, cómo estos intereses se entrelazan”.

Para ampliar esta información, vea (en inglés) la conversación que mantuvimos con Stella Moris.

Nueva filtración de WikiLeaks: 17.000 documentos internos de Hazte Oír y CitizenGo

Carlos Enrique Bayo · Público · 5 de agosto de 2021

>> https://wikileaks.org/intolerancenetwork/press-release

Santiago Abascal e Ignacio Arsuaga, en 2012 cuando Hazte Oír concedió uno de sus premios al líder de Vox, quien entonces presidía la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes). – HO

La plataforma de filtraciones y protección de whistleblowers (alertadores) WikiLeaks vuelve hoy a la palestra (tras mucho tiempo de silencio por el encarcelamiento en Londres, bajo total aislamiento en solitario, de su creador, Julian Assange) con una publicación conjunta por medios de Italia (Il Fatto Quotidiano), Alemania (Taz), España (Público) y México (Contralínea), de miles de documentos internos y confidenciales generados por las organizaciones españolas de ultraderecha Hazte Oír y CitizenGo entre 2001 y 2017, en un proyecto que se denomina The Intolerance Network (La Red de Intolerancia).

Expurgados de todas las identificaciones personales protegidas por la Ley de Protección de Datos, y contrastados uno a uno por Wikileaks y por los medios que hemos colaborado durante meses en esta investigación, dos millares de archivos han sido descartados para mantener una biblioteca de unos 17.000 documentos, que incluyen campañas de propaganda y captación de fondos, instrucciones internas sobre la gestión de informaciones adversas, power-points, cartas dirigidas a socios internacionales y mucho más.

El material cubre tanto las actividades de Hazte Oír, fundada en 2001 por Ignacio Arsuaga Rato (sobrino tercero de Rodrigo Rato y amigo íntimo del líder de Vox, Santiago Abascal), como de CitizenGo, que puso en marcha el mismo Arsuaga en 2013 como plataforma internacional de su organización y ha extendido sus operaciones a medio centenar de países, con sedes permanentes en 15 ciudades.

Entre lo más destacable de toda esta base de datos figuran las tablas de Excel con todos los donantes que financiaron el nacimiento y crecimiento de esta plataforma internacional ultracatólica, tal como reza su Guía para Comunicar en Situaciones de Crisis (cuyo borrador de 2014 llevaba marca de agua como «Confidencial»):

«HazteOir se financia única y exclusivamente con las aportaciones y donativos de sus socios y de las personas que desean ayudarnos» […] «tiene casi 7.000 socios, más de 20.000 colaboradores y más de 400.000 simpatizantes«.

Millonarios para financiar el Congreso Mundial de Familias

Sin duda, los Excel estudiados por los que hemos participado en esta nueva exclusiva mundial de Wikileaks muestran pequeños donativos de miles de personas, que quedan registradas con sus direcciones, correos electrónicos y teléfonos. Pero además de los muchos ciudadanos corrientes que aportan cuotas, destacan numerosos millonarios y altos ejecutivos, entre los que hay grandes fortunas que no son socios pero aportaron muchos miles de euros para acontecimientos como el Congreso Mundial de Familias de 2012, año en que por primera vez se celebró en España ese World Family Congress (WFC) anual que organiza el estadounidense The Howard Center for Family y reúne al núcleo duro de las asociaciones ultra-católicas de todo el mundo.

En 2017, ese WFC tuvo lugar en Budapest, con la participación e intervención del ultraderechista primer ministro húngaro, Víctor Orban, y al de 2019, que se celebró en Verona, asistió el entonces vicepresidente del Gobierno italiano y líder de la neofascista Liga Norte, Matteo Salvini.

Aquel año 2012 en el que el WFC fue organizado en España por HazteOír, el listado de «grandes donantes» incluye a 800 personas que aportan unos cientos de euros cada una, pero en ese mismo Excel hay una segunda página, identificada como «Grandes Grandes Donantes» en la que figuran 209 contribuyentes a las finanzas de la organización ultra-católica, con aportaciones de miles de euros, y donde saltan a la vista algunos nombres más que conocidos, como los de Esther Koplowitz (FCC), Isidoro Álvarez (El Corte Inglés) o Juan Miguel Villar-Mir (OHL).

Aquí abajo reproducimos el principio de ese listado, donde hemos tachado los nombres de todos los que no tienen una clara relevancia pública, así como todos los datos personales de teléfonos o direcciones (los que restan, corresponden a las sedes corporativas de las compañías que dirigen las personalidades correspondientes):

Inicio del Excel de Hazte Oír denominado “Grandes Grandes Donantes” con motivo del Congreso Mundial de Familias y la Marcha por la Vida (antiabortista), ambos actos de 2012. – WikiLeaks

Inicio del Excel de Hazte Oír denominado “Grandes Grandes Donantes” con motivo del Congreso Mundial de Familias y la Marcha por la Vida (antiabortista), ambos actos de 2012. — Wikileaks

Del Grupo Eulen a Esther Koplowitz y Villar Mir

El primero de la lista, por haber contribuido con 20.000 euros al Congreso Nacional de Familias, es David Álvarez Díez, propietario del Grupo Eulen (un imperio multinacional de servicios externalizados con más de 84.000 empleados en una docena de países) que falleció en 2015 y dejó a sus siete hijos enzarzados en una guerra familiar sin cuartel por el control de ese holding, con unos ingresos anuales que rondan los 700 millones de euros.

En segundo lugar (con 10.000 euros de donativo) aparece Esther Alcocer Koplowitz, marquesa de Peñalver, presidenta en ese momento de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), y dueña de hoteles Ritz en diversas ciudades del mundo, cuya fortuna estimaba Forbes en más mil millones de euros antes de la pandemia.

La misma cantidad que Esther Koplowitz donó para el ultraconservador Congreso Mundial de Familias el ya fallecido Isidoro Álvarez, quien fuera presidente de El Corte Inglés, tras suceder a su tío Ramón Areces. En cambio, Juan Miguel Villar-Mir, exministro de Hacienda y dueño entonces de la constructora OHL y muchas otras grandes empresas, contribuyó a esa misma iniciativa con la mitad: 5.000 euros.

Del estudio de las diferentes hojas de cálculo de los grandes donantes que contribuyeron a la expansión de Hazte Oír, base sobre la que se alzarían después los cimientos del partido Vox y sus éxitos electorales, se concluye que fueron muchos los multimillonarios que participaron en el auge de la ultraderecha española. Por ejemplo, en esta misma hoja de Excel aparecen otros donantes importantes de ese año, aunque sean menos conocidos.

Más de 17 millones de euros en donaciones

Entre ellos, Bernard Meunier (consejero delegado de Nestlé Península Ibérica en 2012, quien ascendió el pasado marzo a vicepresidente ejecutivo de Nestlé S.A., así como director de Negocios Estratégicos, Marketing y Ventas de la multinacional suiza); Ignacio Esquer De Oñate (secretario del Consejo de Administración de Fertiberia, con cargos en otra decena de empresas); o Javier Javaloyes (de Agencia Negociadora y el Grupo Reacciona).

Más adelante en el listado figuran otros altos ejecutivos como Luis Vilaclara Pont (apoderado o administrador de una decena de empresas inmobiliarias).

Son los dos centenares de donantes de ese nivel los que permiten que Hazte Oír cierre el año 2013 con un presupuesto de casi dos millones de euros. Ese año, el entonces ministro del Interior de Rajoy, Jorge Fernández Díaz (hoy imputado en la causa Kitchen por la destrucción de pruebas sobre la Caja B del PP), firmó la resolución que dotaba al lobby ultraconservador, con su plataforma internacional CitizenGo, de los beneficios fiscales de una «asociación de utilidad pública», y a partir de entonces las donaciones crecieron hasta sumar en total más de 17 millones de euros.

Arsuaga pidió 100.000€ a un oligarca ruso

Carta de Arsuaga al oligarca ruso Maloféyev, pidiéndole 100.000 euros.
Carta de Arsuaga al oligarca ruso Maloféyev, pidiéndole 100.000 euros. — Wikileaks

El impulso financiero de esos millonarios españoles se combinó con otras aportaciones de magnates extranjeros, como se demuestra con la carta que mostramos, fechada en París el 4 de abril de 2013, en la que Arsuaga pide una contribución de 100.000 euros al oligarca ruso Konstantín Maloféyev, fundador del fondo de capital riesgo y banca de inversión Marshall Capital y presidente del grupo de medios de comunicación Tsargrady; un think tank de extrema derecha que mantiene estrechas relaciones con el lobby ultra-religioso de EEUU y que contrató al productor Jack Hanick, de Fox News, para crear en 2014 Tsargrad TV, un canal integrista ortodoxo.

En su misiva en inglés, encabezada «Dear Mr. Malofeev» (grafía inglesa del apellido ruso), Arsuaga le agradece haberle permitido presentarle personalmente el proyecto CitizenGo, del que espera que «se convierta, en tres años, en el sitio web más influyente de la movilización internacional de inspiración cristiana«. También informa al magnate ruso de que «ya hemos encontrado a dos donantes que se han comprometido a ayudarnos a impulsar CitizenGo con 170.000 euros (218.000 dólares USA). Pero aún así nos quedamos cortos en 258.000 euros para financiar el proyecto completo«.

«Espero de verdad que esté usted interesado en participar en el lanzamiento de este proyecto con una contribución inicial de 100.000 euros«.

Abascal despegó con el apoyo ultra en Europa

No cabe duda de que las aportaciones de multimillonarios a las arcas de CitizenGo lograron convertir esa plataforma ultra-católica en un motor internacional de impulso a los partidos y organizaciones de extrema derecha, en vista de su rápida extensión y consolidación en cincuenta países. Algo que también propulsó el despegue de Vox, tras sus fracasos electorales iniciales en España, en el ámbito europeo a partir de su participación en la cumbre de la derecha “euroescéptica” de 2017 en Coblenza (Alemania), donde Abascal estableció contacto directo con la francesa Marine Le Pen, el holandés Geert Wilders y la alemana Frauke Petry, entre otros líderes de potentes partidos ultras.

Sin embargo, las relaciones entre Arsuaga y Abascal empezarían a complicarse tras los grandes éxitos electorales de Vox (2018 y 2019) y sus acuerdos con PP y Ciudadanos para formar un Ejecutivo derechista en la Junta de Andalucía y apoyar los gobiernos regionales de la derecha en Madrid y Murcia. Así que en agosto de 2019 Hazte Oír anunció su ruptura con Vox como respuesta a la marcha atrás de Abascal en su exigencia de derogar las leyes LGTBI: «Se han vendido muy barato», proclamó Arsuaga.

En realidad, Abascal también estaba intentando independizarse de Hazte Oír, una vez ya liberado de la hipoteca de su apoyo económico a través de los generosos donantes de CitizenGo, para alejarse del descrédito que suponían las crecientes pruebas de que Arsuaga formaba parte de la cúpula de la sociedad secreta integrista El Yunque, como explicaremos en el próximo capítulo de esta exclusiva.

Joseph Farrell: Lo que están haciendo con Assange es para avalar la persecución a periodistas

Juan Manuel Boccacci · Página 12 · 31 de mayo de 2021

El creador del sitio de megafiltraciones lleva 3.632 días privado de su libertad. En diálogo con Página|12 su amigo y colega en Wikileaks repasó la importancia de su trabajo y el método de investigación con que revolucionaron el periodismo.

En tres semanas se cumplirán diez años desde que Julian Assange entró a la embajada de Ecuador pidiendo asilo político. Son 3.634 días en los que el creador de Wikileaks estuvo privado de su libertad. Hoy permanece detenido en la prisión de Belmarsh, conocida como la Guantánamo del Reino Unido. Página|12 conversó con Joseph Farrell, amigo y colega de Assange. Juntos trabajaron durante más de diez años en Wikileaks. Actualmente Farrell cumple el rol de Embajador del sitio de megafiltraciones. “Lo que están haciendo con Julian es sentar un precedente para los gobiernos de todo el mundo, de que está bien perseguir a periodistas y editores”, señaló el investigador británico.

Esperando Justicia

Desde hace años Farrell recorre el mundo militando por la libertad del periodista australiano. Al verlo en videos hablando sobre Assange queda en claro el cariño y la admiración que siente por él. Farrell tiene una voz cálida y amable que emociona cada vez que levanta el tono para exclamar “¡free Assange!”. “La única forma de que este caso termine, es que EEUU retire todos los cargos”, dijo el Embajador de Wikileaks. En concreto el gobierno norteamericano lo acusa de haber “conspirado” con su fuente, Chelsea Manning, para obtener y publicar millones de documentos secretos. Entre ellos destacan archivos sobre las guerras de Irak y Afganistán, de la cárcel de Guantánamo, y las comunicaciones diplomáticas entre embajadas estadounidenses y Washington.

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Gabriel Shipton: Los bitcoiners deberían defender a mi hermano

Estudio Bitcoin · 1 de junio de 2021

El procesamiento de la Ley de Espionaje contra Julian Assange no es sólo un ataque a la Primera Enmienda. Es un misil de crucero contra un Internet libre, y Bitcoin podría ser el siguiente.

Nunca pensé que mi hermano mayor Julian Assange necesitaría mi ayuda.

Siempre le he admirado. Es intrépido, inteligente, cariñoso y protector. No importaba lo que estuviera pasando en su mundo — ya fuera viajando por el mundo para publicaciones pioneras, viviendo bajo arresto domiciliario con una pulsera en el tobillo o buscando asilo en la Embajada de Ecuador—, podía escuchar mis problemas y ofrecerme (a veces sin pedirlo) consejos gratuitos. Cuando lo necesité, encontró la manera de estar ahí para mí.

En agosto de 2019, fui a ver a Julian a la prisión de Belmarsh, y me di cuenta de que algo había cambiado. Después de años de lo que los representantes de las Naciones Unidas han clasificado formalmente como tortura psicológica o «sin contacto», el efecto en él era más visible que nunca. Me di cuenta de que ahora me tocaba a mí ayudar a mi hermano.

Hablamos de cosas como la omnipresente respuesta del COVID-19, de cuándo iba a frenar nuestro padre y de la distracción y las consecuencias de QAnon. Sin embargo, uno de sus temas favoritos era Bitcoin y las criptodivisas.

Tanto WikiLeaks como Bitcoin nacieron del movimiento cypherpunk. Y fue en aquellos días embrionarios de la lista de correo de Cypherpunks donde Julian comenzó su largo interés y curiosidad intelectual por Bitcoin. Julian participó en discusiones y debates que cimentaron los valores del movimiento cypherpunk en torno a la libertad, la privacidad, el dominio de la tecnología y la curiosidad codificada. La mayoría de los presuntos creadores y primeros partidarios de Bitcoin pertenecían o se inspiraron en esta comunidad de pensadores.

En 2010, después de publicar tramos de material sobre las guerras de Irak y Afganistán de la era Bush y Obama, las reglas de enfrentamiento, los archivos de los detenidos de la Bahía de Guantánamo y los cables diplomáticos de Estados Unidos, WikiLeaks fue objeto de un bloqueo bancario internacional extrajudicial. Bajo una intensa presión política, Visa y Mastercard se negaron a procesar las donaciones y los bancos y PayPal cerraron las cuentas de WikiLeaks y de Julian.

Fue en estas circunstancias cuando Satoshi (quienquiera que sea) hizo una petición a WikiLeaks para que no aceptara esta incipiente moneda digital para las donaciones y así renunciar a la atención que podría atraer. Satoshi temía que Bitcoin no pudiera sobrevivir si el protocolo se enfrentaba al mismo escrutinio y a la misma presión política a la que se enfrentaba WikiLeaks. Julian y WikiLeaks hicieron caso a las llamadas de Satoshi.

Tras dar seis meses a bitcoin para que se fortaleciera, en junio de 2011 WikiLeaks se convirtió en la primera gran organización en adoptar Bitcoin. Esa alineación hizo que Bitcoin hiciera realidad parte de su principio fundacional como herramienta financiera, libre del control político e institucional centralizado. A lo largo de los últimos 10 años, WikiLeaks ha utilizado sus donaciones de bitcoin para defenderse de los ataques y bloqueos, tanto ilegales como legales, de gobiernos y corporaciones, para superar el bloqueo bancario extrajudicial, poder mantener su archivo en línea, seguir publicando y seguir siendo resistente a la censura.

Durante todo este tiempo, también se ha pronunciado para defender a Bitcoin contra las estafas de confianza, como los intentos de Craig S. Wright de hacerse pasar por Satoshi falsificando firmas y documentos digitales. Me pregunto, si Julian estuviera libre hoy, qué tendría que decir sobre los últimos esfuerzos de Wright por utilizar los tribunales contra los desarrolladores de Bitcoin o cómo se defendería de las normas de intercambio de datos de clientes del GAFI o de las directrices del FinCEN sobre la divulgación de las tenencias de criptomonedas en el extranjero.

Bitcoin y WikiLeaks son intrínsecamente antisistema. Ambos proyectos nos piden que moderemos nuestra fe en las personas y las instituciones y que confiemos en la información públicamente verificable, sobre la base de que una población mejor informada crea una sociedad más libre y justa. Los «avispones», como se refiere a ellos Satoshi, no han podido acabar con Bitcoin o WikiLeaks. Sin embargo, han utilizado otras herramientas a su disposición. Una década de ataques individuales a la reputación, complots para envenenar a Julian y apuntar a su bebé recién nacido y abuso de los procedimientos legales con el fin de restringir su movimiento y su discurso.

En abril de 2019, mi hermano fue detenido por incumplimiento de la condicional y por cargos de la Ley de Espionaje de Estados Unidos de 1917. A pesar de haber cumplido la pena máxima de 50 semanas por el cargo de incumplimiento de la condicional, y de haber ganado con éxito su caso de extradición en un tribunal inferior del Reino Unido el 4 de enero de 2021 —un día después del 12º cumpleaños de Bitcoin—, Julian lleva ahora dos años encerrado en la prisión de Belmarsh, en las afueras de Londres, separado de su prometida y de sus dos hijos pequeños durante una pandemia mundial.

El magistrado del Reino Unido sólo rechazó la solicitud de extradición debido al historial de depresión clínica de Julian y a las extremas condiciones carcelarias estadounidenses a las que se enfrentaría si fuera extraditado. El juez concluyó que extraditarlo equivaldría a prescribir la pena de muerte. Unos días más tarde, se le denegó la libertad bajo fianza y ahora está a la espera de una vista de apelación en el Tribunal Superior del Reino Unido.

En todos los demás aspectos legales, Julian perdió. Sin duda, esto envió una señal escalofriante a la prensa del Reino Unido y de todo el mundo: Si publicas información veraz en cualquier parte del mundo sobre guerras, vigilancia masiva o corrupción política que el gobierno de Estados Unidos no quiere que conozcamos, podrías ser extraditado para enfrentar cargos en suelo estadounidense.

Los editores de todo el mundo tienen que considerar ahora lo que publican y que su editor o sus reporteros también pueden ser acusados bajo la Ley de Espionaje como lo ha sido Julian. Esta amenaza es la razón por la que hemos visto a los departamentos editoriales de muchas grandes organizaciones de noticias expresar su rechazo a la persecución de Julian y el consenso entre la prensa libre y las organizaciones de derechos humanos de todo el mundo, pidiendo el fin de esta persecución.

Pero no sólo los periodistas y editores están en problemas. Aquellos que no cuentan con la protección de las corporaciones mediáticas —bloggers, podcasters, YouTubers— están todos en el punto de mira. Lo más preocupante para los bitcoiners es que los tratados de extradición que se establecieron tras el 11-S para facilitar la extradición de terroristas a Estados Unidos se están utilizando ahora contra los tecnólogos que se oponen a los intereses de Estados Unidos. Mike Lynch, de Autonomy, en el Reino Unido, o Meng Wanzhou, de Huawei, en Canadá. Y, para Julian, la lucha aún no ha terminado.

La apelación de Estados Unidos podría ser vista por el alto tribunal del Reino Unido tan pronto como en mayo de 2021. Un nuevo rechazo a la extradición en el alto tribunal sería escuchado con fuerza por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y sería un rechazo a la censura, a las regulaciones y a los ataques clandestinos que ha sufrido Julian en los últimos 10 años.

Bitcoin y WikiLeaks son las utilidades de una Internet libre. Son necesarias para que se desarrolle y prospere de forma significativa. Ambos nacidos del movimiento cypherpunk, Bitcoin y WikiLeaks se han mantenido fieles a sus visiones de descentralización y transparencia. El poder de la comunidad de criptomonedas ha crecido exponencialmente. Con ese poder viene la responsabilidad de defender las creencias fundamentales de Bitcoin frente a la institucionalización que se avecina.

Mi esperanza es que los tecnólogos racionales que hicieron grandes apuestas contra el establishment se unan para ver el beneficio de defender a uno de sus hermanos y sus propias raíces cypherpunk. Como lo hizo en 2011 cuando fue adoptado por WikiLeaks, Bitcoin tiene otra oportunidad de mostrar su metal al mundo. Una victoria para Julian Assange demostrará a las oleadas de intereses corporativos y reguladores que la comunidad de criptomonedas está dispuesta a usar su poder para defender lo que cree.

La persecución de Julian Assange puede ser detenida, pero necesitamos tu ayuda. Una manera fácil de hacer algo es donando la cantidad de bitcoin que puedas permitirte a través de nuestro portal en el siguiente enlace. Nuestro objetivo es recaudar 40 bitcoin para pagar la apelación y la campaña asociada. Las donaciones son totalmente legales/deducibles de impuestos y se realizan a través de la Fundación Wau Holland, con sede en Alemania y sin ánimo de lucro.

Done aquí: supportassange.wauland.de